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La crisis económica de México PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Alejandro Castillo Morales   
Thursday, 20 de December de 2007

 La crisis económica de México: herencia del gobierno de Vicente Fox 

Alejandro Castillo Morales
Analista Económico
Asesor de la Fracción Parlamentaria del PRD
en la Cámarade Diputados durante el trienio 2003-2006

 El gobierno de Fox, su Secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz; el Gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz y los panistas, han insistido una y otra vez en señalar que gracias a ellos, a su administración, la inflación se redujo, bajaron las tasas de interés, se mantuvo la paridad y aumentó el crédito. Y además, a pesar de la grave crisis productiva, de empleo y social que ha reportado México en este período, dicen que gracias a ellos hemos vivido seis años sin crisis financiera. Incluso tuvieron la desfachatez de generar una campaña sucia en torno a quienes supuestamente representábamos un “peligro” para esa “estabilidad”, ofreciendo la continuidad de ésta como uno de los compromisos de campaña del PAN. Es más, personeros de ese partido han sugerido que esa es la única “herencia” de Fox que van a respetar.

Con ello quieren hacer creer que esa es una “herencia” cultivada responsablemente, sin reconocer que esa “estabilidad” no habría sido posible sin los altos precios del petróleo y las remesas. Tampoco aceptan que su política ha provocado un cambio estructural hacia una combinación de desequilibrios insostenibles y un conjunto de distorsiones que ponen en riesgo la viabilidad de México como Nación independiente.

Esas distorsiones se reflejan en la diferente participación de los sectores en la disminución de la inflación, en las actividades beneficiadas por el aumento del crédito, entre las que captan inversión extranjera, en la calidad del empleo, la oferta nacional y, por supuesto, en el comportamiento de la balanza de pagos y en general entre las actividades beneficiadas y las perdedoras de la actividad económica, en un marco inducido por una política monetaria-cambiaria, que es semejante en el diseño y los objetivos a la aplicada en los tres últimos sexenios, aunque ahora es más “sana”, porque depende del petróleo y las remesas; pero si eso fallara, no dudarían en imponer nuevas restricciones a la actividad económica, a la sociedad.

La siguiente es una descripción crítica de los “logros” del foxismo, señalando las condiciones en las que se obtuvieron, lo insostenible de esos “logros” y el costo que representaron para la sociedad y el país. Es importante destacar las expectativas, por cierto nada favorables, muy restrictivas, que deja esta estrategia económica a la sociedad mexicana, en donde el presidente espurio pretende insistir en “reformas estructurales”, “reformas de segunda generación” o “reformas necesarias”, que no resolverían la problemática del país, sólo prolongarían el agotamiento del esquema económico y todo con un grave costo para la sociedad y la soberanía. Para algunos segmentos este ejercicio podría ser un esfuerzo de Perogrullo; sin embargo, dada la propaganda oficial, para amplios sectores de la sociedad puede ser algo novedoso e interesante.

Evaluando un esquema. En el diseño de políticas económicas es muy importante la forma en la que se define la relación entre las diferentes variables, la armonía que se establezca entre ellas será determinante en el cumplimiento de los objetivos. Por consiguiente, la evaluación de una política económica debe considerar los avances del conjunto, las medidas adoptadas para alcanzar los resultados y la concreción de las relaciones establecidas entre las diferentes variables.

Si recordamos, en el Programa Nacional de Financiamiento para el Desarrollo, el gobierno que está por terminar definió dos escenarios. El primero, inercial, bajo el supuesto de que no se aprobaran sus “reformas estructurales”, estableció como meta reducir la inflación a niveles de 3.3%, acelerar el crecimiento de la economía a tasas de 3.5% en 2003, 3.7% en 2004, 3.8% en 2005 y 4.1% en 2006, para terminar con un crecimiento promedio anual superior a 3%, con un déficit en cuenta corriente de 2.8% a 3% del PIB, y un crecimiento de la formación bruta de capital de 3% a 4% anual. En el otro escenario, con reformas estructurales, los resultados deberían ser mejores, con crecimientos del PIB superiores a 5% cada año y una tasa de incremento de la inversión mayor a 6% anual hasta llegar a 10%.

Para cualquiera de los dos escenarios, en el contexto se estimaron precios del petróleo de no más de $18 dólares el barril, tasas Libor de 4.5% en los últimos tres años y un crecimiento del PIB de Estados Unidos mayor a 3% con inflaciones de 2.5%.

Hoy sabemos que si bien contó con un amplio margen de acción, el gobierno de Fox los desperdició y no generó consensos auténticos, por lo mismo no superó el debate legislativo y las reformas, como las propuso, no transitaron en el Congreso y menos en la sociedad. En contraste con lo anterior, el contexto fue mucho mejor del estimado. Los precios del petróleo fueron de $21 dólares por barril en 2002, $24.7 en 2003, $31 en 2004, $43 en 2005 y $55 en enero-agosto de 2006. A su vez, las tasas de interés internacionales fueron inferiores a las estimadas, además de que el crecimiento en Estados Unidos fue positivo y con inflación baja.

 
En esas condiciones, la única meta a la que se acercó el gobierno de Fox fue la reducción de la inflación, quedando muy lejos de las otras propuestas, que deberían ir en paralelo con ese avance, desmintiendo la proyección gubernamental en torno a la forma en la que se combinarían las variables que definieron al modelo. En otras palabras, la propuesta de política económica de Fox no se cumplió, su propuesta fue un fracaso y dejó en claro que a contrapelo de la teoría predominante, la “estabilidad” medida por la evolución de unos cuantos indicadores está muy lejos de brindar los beneficios que puede aportar una estabilidad lograda a partir del desarrollo de la economía y de los agentes económicos. Al contrario, la “estabilidad” basada en factores ajenos, insostenible por sí misma, puede pervertir y alejar la posibilidad de alcanzar la estabilidad viable basada en el desarrollo.

En contraste con lo que se describe que ha sido la política económica de los últimos años, hay que señalar que en buena medida, la política económica contemplada en el “Proyecto Alternativo de Nación”, se orienta a la corrección de algunos desequilibrios y distorsiones, lo que cobra gran importancia en estos momentos.

 
Hay que advertir que ante la imposibilidad de aislar los fenómenos para analizarlos por partes, porque están interrelacionados unos con otros, en ocasiones pareciera que se repiten argumentos, es probable, pero les pedimos los consideren en el contexto particular en el que se presentan.

 
Los logros: El gobierno foxista y la tecnocracia, nacional e internacional, apuntan que en el sexenio que está por terminar nuestro país obtuvo importantes avances en la “estabilidad”.

•  La inflación general se redujo de niveles de 9.5% en 2000, a 3.3% en 2005 y un esperado 3.5% para 2006.

•  La paridad evolucionó de $9.60 pesos por dólar en diciembre de 2000, a $10.98 pesos en junio de este año.

•  Por la “estabilidad”, las tasas de interés interbancarias de equilibrio (TIIE) a 28 días, pasaron de 18.39% en diciembre de 2000, a 7.3% en agosto de este año, en promedio mensual. Eso y la “certidumbre”, dicen, propició una disminución del riesgo país y un aumento del crédito, de modo que el saldo de la cartera vigente en la banca comercial reportó un crecimiento real de 22% entre diciembre de 2000 y diciembre de 2005.

•  Por supuesto, con más recursos petroleros, también aumentó el gasto.
La inflación. En buena medida, el menor crecimiento de los precios en el plano nacional fue posible por la baja inflación a escala mundial, que se observó a pesar del crecimiento en las cotizaciones internacionales de los energéticos y de algunas materias primas. Este es un fenómeno que incluso ha llamado la atención en los organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial, Banco de Pagos Internacionales, OMC) y requiere un análisis más detallado. Por supuesto, hay que aclararles a los panistas que esa baja inflación mundial no se debe a la política económica que se aplica en México y tampoco es sólo una consecuencia virtuosa de la apertura comercial, como lo pregonan los tecnócratas.

Como se sabe, la inflación, que se define como un desequilibrio en el mercado, resulta de una oferta insuficiente por falta de capacidad o por dificultades para aumentarla de acuerdo con las necesidades de la población. También se deriva de una demanda superior a la oferta, que puede ser resultado de un mayor gasto público o una oferta monetaria superior a la requerida por el nivel de transacciones de la economía. Eso puede tener una gran complejidad de combinaciones, considerando, por ejemplo, los instrumentos financieros que pueden potenciar la demanda, la información disponible en los mercados y hoy, en la economía global, sin barreras arancelarias, cobran gran importancia los efectos de las paridades y las combinaciones de localización y operación de los diferentes eslabones de los procesos de producción.

Para frenar la inflación en México se ha seguido una política de contención de la demanda que no ha estado exenta de contrasentidos. Se aumenta el gasto, pero se recorta en el ejercicio; son “responsables” pero gastan más electoralmente; reducen subsidios, pero no los dirigidos a contener los precios, como en las gasolinas; baja la deuda pública formal pero crece la que no se registra presupuestalmente; crece el saldo de los agregados monetarios, pero se coloca más deuda interna, para regular y por necesidad.

Pero, en particular y de manera fundamental, el menor crecimiento de los precios en nuestro país se debió a la estrategia aplicada por el Banco de México, en concordancia con Hacienda, de asumir como natural y sostenible la gran disponibilidad de divisas con que cuenta nuestro país -gracias a la liquidez internacional, a los altos precios del petróleo y a las remesas-, sin hacer nada para aprovecharlas productivamente, lo cual habría requerido intervenir en el mercado cambiario para retirar divisas y darles un destino diferente, y no como lo hace ahora, que interviene para vender dólares, reduciendo la liquidez y la demanda en pesos, aceptando/induciendo un tipo de cambio muy fuerte y provocando implícitamente un subsidio a la demanda en dólares y a las importaciones para bajar la inflación.

No considera que esa forma de aumentar la oferta de bienes, mediante la importación, tiene un impacto muy negativo en la planta productiva del país, impide la integración de cadenas, aumenta la dependencia en bienes básicos, propicia la informalidad y el contrabando y de paso reduce las fuentes de ingresos públicos tributarios. Como una consecuencia de esa estrategia se observa que el menor crecimiento de precios no ha sido homogéneo. Como sucedió en el sexenio de Salinas, la variación de precios es más baja en los sectores que producen bienes comerciables, los que se pueden importar con más facilidad, en tanto que en los productos no comerciables y en los servicios, donde es más difícil subsidiar a la competencia externa, se observa una gran resistencia, con inflaciones muy superiores a la media del conjunto.

Además de propiciar una sangría de divisas mediante la importación desmedida de bienes de consumo, la estrategia del Banco de México contribuye al proceso de concentración del ingreso generando sectores muy beneficiados en la relación de precios, en particular los de servicios. Por ejemplo, entre diciembre de 2000 y junio de 2006 el sector Servicios financieros, seguros y bienes inmuebles acumuló una alza de precios de 26.4% . Lo mismo en el sector Comercio, restaurantes y hoteles , que tuvo una variación de precios de 37.8%.

En contraste, hasta junio el ramo Textil, prendas de vestir y calzado registró una inflación acumulada de 7.2%, menos de una tercera parte de la inflación general, lo cual explica el cierre de fábricas y el desempleo en el ramo. En el ramo de Productos metálicos, maquinaria y equipo , donde se ubican la industria automotriz y la de equipo de cómputo, la inflación acumulada fue de 0.3%, resultado influido por la paridad y la importación desmedida de autos “chocolate” impulsada por Fox, y también por el desarrollo tecnológico mundial, lo que incluso compensó con creces los incrementos en algunas de las materias primas que utiliza ese ramo.

Desafortunadamente, este comportamiento no se limita a los precios, sino que repercute negativamente en el desempeño de los sectores que reciben más presión de la competencia foránea, propiciando sectores muy ganadores y otros, la mayoría del país, muy perdedores.

Eso incluso aplicaría al interior de una de las divisiones que generan más empleo, como Servicios comunales, sociales y personales , que hipotéticamente debió ser muy beneficiada, porque registró una alza de precios de 43.4%. Desafortunadamente, todo indica que una de las causas de la alta inflación en esta división se encuentra en el compromiso privatizador del gobierno foxista, que erosionó dos de las obligaciones básicas del Estado mexicano, de ofrecer educación y salud públicas de calidad, lo que ha propiciado un fuerte crecimiento de la demanda para “colegios” y “clínicas” que se han beneficiado de esa estrategia. Eso también se ha reflejado en una alza acumulada de 25.9% en el índice de precio del renglón de Salud y cuidados personales y de 41.5% en el renglón de Educación y esparcimiento , medidos por objeto del gasto. No hubo un beneficio generalizado por el alza de precios.

Es importante señalar que la inflación de 29% en el sector de Alimentos, bebidas y tabaco , el más alto en el sector manufacturero, corresponde al renglón de gasto al que dedican más recursos las familias de menos ingresos, de acuerdo con la Encuesta Ingreso Gasto. Si a eso se suman los aumentos en gastos a los que ha obligado el gobierno de Fox a las familias para procurar educación y salud, se puede afirmar que su estrategia no benefició a los sectores de menores ingresos, como lo pregonan los personeros gubernamentales. De hecho, diversos estudios y las cifras de la Encuesta Ingreso Gasto han confirmado el aumento de la pobreza en el país. Por cierto, a pesar de esa situación, persiste la intención de aplicar una tasa de IVA a alimentos y medicinas.

Es tan “exitoso” el esquema, que incluso, dicen, la inflación en México ya es menor que la de Estados Unidos. El problema está en que para la política aplicada en México, basada en la importación de inflaciones foráneas, si la inflación en Estados Unidos es mayor, eso sólo anticipa las presiones que se podrán presentar para la estrategia de Banxico. En esa perspectiva, incluso si sigue alto el precio del petróleo y el flujo de remesas, la continuidad del esquema que ha permitido el “éxito antiinflacionario” en el país dependerá de una mayor contención de la demanda, lo que sería muy grave, considerando que el país ya acumula casi seis años de nulo crecimiento.

Pero, a pesar de todo eso, indicadores clave de la inflación, como la subyacente, han mostrado una gran resistencia a bajar de una tasa de crecimiento anual de 3%. Además, el Índice de Precios Productor, sin servicios y sin petróleo, hasta septiembre registró un crecimiento anual de 8%, en tanto que el INPP sin petróleo tuvo un aumento anual de 6%, lo que refleja el aumento de costos que podría estar presionando a los diferentes sectores de la economía.

Hay que aclarar que en el sexenio las variaciones anuales de estos índices han llegado a ser de sólo 2%, es decir, reducen su crecimiento pero no disminuyen. Por cierto, ¿cómo planear la producción en períodos en los que la inflación es de 4%, pero los costos llegan a crecer hasta 8%? Incluso, la falta de control en la inflación propició un repunte de 1% en septiembre, en buena medida por el alza en los precios de los jitomates, según Banxico.

La “estabilidad” de la paridad . Ésta ha sido posible porque además de la liquidez internacional y otras, en los últimos cinco años y medio sólo de exportaciones petroleras en México se recibieron más de 120,000 millones de dólares y por remesas más de 80,000 millones de dólares, sin considerar por su impacto en el patrimonio a la Inversión extranjera Directa (IED), que también creció.

 

 Así fue posible financiar todos los compromisos del país y además un desmedido crecimiento en las importaciones de bienes de consumo, que en el sexenio sumaron casi 140,000 millones de dólares, casi un billón 500,000 millones de pesos. Además, conviene recordar dos aspectos relacionados con la estabilidad en la paridad del peso.

Primero. En realidad en el sexenio no se ha tenido una paridad estable, al grado de que en marzo de 2002, ante la posibilidad de que se desbocara la especulación que la llevó a $11.6 pesos por dólar, se puso en marcha el esquema de venta de divisas, pretextando que las reservas internacionales estaban creciendo muy rápido y no sabían que hacer con ellas. Así, además de las otras fuentes de dólares que ingresaron a la economía, en cuatro años se usaron más de 17,000 millones de dólares generados por Pemex para restar liquidez en pesos y aumentar la liquidez en dólares. Actualmente se están ofertando 45 millones de dólares por día y la paridad fluctúa entre $10.5 y $11.5 pesos por dólar.

En segundo lugar, la “fortaleza” del peso ignora la política que siguieron a principios de la década la Reserva Federal y el Tesoro, con bajas tasas y mayor déficit, para propiciar implícitamente una devaluación del dólar. Ese objetivo lo alcanzaron en el caso del euro y del yen, más no han logrado reducir la persistente sobrevaluación del dólar con relación al yuan chino. De cualquier modo, queda claro que Estados Unidos sí busca ajustar sus parámetros, en tanto que Banxico y Hacienda se vanaglorian de los efectos que eso tiene, sin considerar que puede ser algo muy negativo.

Las tasas de interés y el financiamiento. Banxico atribuye a su estrategia las bajas tasas de interés registradas en estos años en México. En realidad son varios los factores que explican el favorable comportamiento de las tasas de interés. Uno de ellos es la liquidez que aún persiste a escala mundial, que facilitó el manejo de los compromisos con el exterior y contribuyó a bajar el riesgo país en todo el mundo. Incluso países que son considerados irresponsables por los organismos multinacionales, como Venezuela, vieron reducir su riesgo país en una gran proporción.

Se debe aclarar que esa liquidez mundial es resultado de una combinación de sucesos y se puede afirmar que tuvo varios orígenes y momentos: comenzó con la liberalización financiera a lo largo de los noventa, siguió en 2001 con la decisión de la Reserva Federal de hacer frente a la recesión con una pronunciada baja de tasas; aumentó con la entrada en circulación del euro en 2002 y sus posibilidades de convertirse en moneda de referencia; y hoy, a pesar del aumento de tasas por parte de la Reserva Federal , se observa que la liquidez persiste por la presencia de los petrodólares y petroeuros que abundan después de la dramática alza de precios del petróleo que siguió a la invasión de Estados Unidos contra Irak y las reservas de los países con superávit en cuenta corriente. De hecho, eso es lo que explica por qué las tasas de los bonos a largo plazo en Estados Unidos no responden a los incrementos de tasas de corto plazo. Es un reflejo de que el dinero sigue barato y por eso, a pesar del alza de tasas de la Reserva Federal , las tasas internas en muchos países, como México, no crecen en la misma línea. No es porque la política de Banxico haya logrado aislar a las tasas internas de las externas.

A lo anterior hay que agregar el proceso de extranjerización que se impulsó en el país, que puso en manos de una cuantas trasnacionales la mayor parte de la intermediación entre el ahorro y la inversión y el sistema de pagos nacional. Pero de muy poco ha servido pagar ese costo a la economía mexicana. De acuerdo con el reporte trimestral sobre financiamiento del Banco de México, hasta junio la mayor fuente de financiamiento total de las empresas, casi el 60%, lo otorgaron proveedores, en tanto que la banca comercial aportó sólo 19% y la mayor parte para gasto corriente. Evidentemente ese financiamiento no es para inversión, no es para crecer.

Así, a pesar de la “estabilidad”, al cierre de 2005 el financiamiento para la agricultura fue menor en 85% al registrado en 1994. En el caso de la industria manufacturera, a la caída de 67% que registró la cartera de crédito vigente entre 1994 y el año 2000, agregó otra caída de 14.7% en los primeros cinco años de Fox. Sin embargo, si vemos en más detalle, encontramos situaciones más graves. Por ejemplo, en la industria textil, a una caída de 69% en el saldo de la cartera vigente entre 1994 y 2000, añadieron otra baja más de 55.8% en los cinco años de “estabilidad”.

Hubo algunas actividades que sí se beneficiaron de la política foxista. Por ejemplo, en el gobierno de Fox el saldo de la cartera de crédito vigente para la industria cervecera creció “sólo” 4,651% y para la industria de refrescos y bebidas embotelladas aumentó 70%. En los servicios el financiamiento a tiendas de autoservicio creció 193%.

Es más, las cifras oficiales desmienten a los anuncios que hace este gobierno, en el sentido de que gracias a la “estabilidad” la banca comercial apoyó a la vivienda. Lo cierto es que en el sexenio de Fox la cartera vigente del financiamiento de la banca comercial para la vivienda de interés social cayó 19.6% y para la vivienda media se contrajo 9.6%, porque en realidad lo que financió la construcción de vivienda de mala calidad pero de grandes utilidades para desarrolladores e intermediarios, fue el ahorro de los trabajadores en el Infonavit y las Afores, que ya suma más de $800 mil millones de pesos. 

Así, al tiempo que para mantener la “estabilidad” se utilizan miles de millones de dólares que proporcionan el petróleo y los emigrantes, para importar bienes de otros países que sólo desplazan a los productores nacionales, el crédito para la producción permanece estancado y sólo crece aquél que se destina, precisamente al consumo, a la adquisición de esos bienes importados y así se cierra el círculo “virtuoso”...... para unos cuantos.

Y crece ese crédito porque ahí es donde cobran elevadas tasas de interés y obtienen jugosas ganancias, que junto con los “apoyos” de los funcionarios de Hacienda, han permitido que las sucursales en México sean las más rentables, las que dejan más utilidades a las trasnacionales financieras.

Según las cifras de Banxico, a pesar de la baja inflación, y de la hipotética competencia entre bancos, es muy amplio el diferencial entre las tasas pasivas que pagan los bancos y las que cobran. En abril de 2006, el costo de la captación a plazo en moneda nacional fue de 6.2% anual, pero la tasa de interés en tarjetas de crédito tradicionales fue de 32.9%, en los créditos hipotecarios fue de 13.8% y en los créditos a empresas 13.6%.

Para medir los cambios en la orientación del crédito de la banca comercial, es interesante destacar que entre 2000 y 2005 la cartera vigente del crédito otorgado al consumo creció 439% por lo que aumentó su participación de 5.3% en el saldo total en 2000, a 23% en diciembre de 2005; en cambio, el crédito a la manufactura cayó 14% y su participación se redujo de 15% a 11% entre 2000 y 2005. En el caso de la vivienda el saldo de la cartera vigente se redujo 11% y su participación en el crédito total se contrajo de 21% a 16%.

Desafortunadamente, en una economía que es incapaz de generar empleos estables, el riesgo de caer en cartera vencida por el uso de tarjetas de crédito es muy alto, razón por la cual están aumentando los deudores que no tienen capacidad de pagar. De acuerdo con Banxico, el índice de morosidad de tarjetas de crédito pasó de un nivel de 3.18 en diciembre de 2004 a 4.64 en mayo de 2006. Por otra parte, aunque señala que en el crédito bancario a la vivienda han bajado los índices de morosidad, se estima que eso se debe más a la venta de cartera a los administradores, verdaderos mercenarios del capital, que a una mayor capacidad de pago social.

El financiamiento es una función clave de las economías, demasiado importante para estar en manos de especuladores y regulado por incompetentes.
El manejo “responsable” de la economía. Otra de las virtudes que divulgan los panistas y los tecnócratas es la “habilidad” de Hacienda para mantener finanzas sanas. Hay que aclarar que los ingresos petroleros significaron una gran oxigenación a las finanzas públicas. Eso, junto con la disminución del costo financiero derivado de las menores tasas de interés, brindó el margen suficiente para compensar la incapacidad que han demostrado las últimas administraciones gubernamentales para aumentar la recaudación. En el sexenio de Fox, salvo los dos primeros años en los que la captación de ingresos públicos se quedó muy debajo de lo estimado, en los siguientes tres años ese comportamiento se invirtió y la captación total superó sustancialmente a la aprobada por la Cámara de Diputados.  
 
 Los ingresos por petróleo aportaron casi 70% de la captación adicional, confirmando su importancia como fuente de recursos públicos. Por otra parte, para la reflexión, hay que señalar que los ingresos excedentes en cada uno de los tres últimos años fueron muy superiores al beneficio que supuestamente produciría la eliminación de la tasa cero de IVA en alimentos y medicinas.

El 30% de los ingresos excedentes resultó de aumentos en los ingresos por otras fuentes, incluyendo los tributarios. Eso pone en entredicho las postura de la SHCP en el sentido de que con el esquema actual no es posible aumentar la recaudación. Incluso ese comportamiento confirma que la recaudación mejora en una economía que no está estancada, aunque hay que aclarar, como veremos más adelante, que en el caso de México los aumentos en la demanda no se deben a la política económica de Fox, Gil Díaz y Ortiz, sino al petróleo, a las remesas y al contexto.
 
 
¿Cómo los usaron? Eso también muestra otra fase de su incapacidad y falta de compromiso. Por ejemplo, mientras el secretario de Hacienda es tajante para no aumentar recursos a educación, generando problemas como los de Oaxaca y el Colegio de Bachilleres, o amenaza un año y otro también con más restricciones a la educación universitaria, en el 2005 asumió la deuda no justificada por casi 100,000 millones de pesos contenida en los pagarés del Programa de Compra de Cartera, todo en beneficio de la banca.

También hubo un fuerte aumento en los recursos presupuestales, pero eso no significó una mejora real, sustentable, en las condiciones de vida de la población.

En el contexto económico que vivió México, fue posible manejar la deuda pública, ampliando plazos y mejorando tasas; habría sido absurdo no hacerlo. Pero ese manejo no impidió que los requerimientos financieros del sector público, que incluyen la deuda contratada de manera extrapresupuestal, crecieran en más de un billón de pesos 
 

En los últimos meses han colocado deuda en pesos para prepagar deuda externa, que es algo necesario. Pero hacerlo de esa forma sólo “seca” el mercado de pesos. ¿Por qué no retirar dólares del mercado, evitando que subsidien a los competidores foráneos y crear un fideicomiso en Banxico para el pago de esa deuda en un esquema como lo hacen con los Pidiregas, abriendo espacios para el crecimiento?

La estabilidad . Por todo lo anterior, hay que señalar que la “estabilidad” tienen muchos señalamientos:

•  No se debió a una mayor inversión y productividad interna.

•  Tampoco se debió a un mejor uso de los recursos disponibles.

•  No hubo una mayor eficiencia en la distribución local de mercancías, salvo en las grandes cadenas comerciales. El problema reside en que éstas actúan como oligopsomio en la compra y oligopolio en la venta, y las mejoras en su eficiencia son para aumentar utilidades, de modo que aún cuando propician bajas de precios, lo hacen depredando las actividades productivas.

 
 
  Menos se observó una mayor armonía entre sectores de la economía nacional.

•  Tampoco correspondió a una mayor inversión productiva, nacional o extranjera, que en realidad sólo se ha recuperado en los últimos meses.

Se basó en la disponibilidad de dólares, para importar bienes de consumo y reducir la inflación. Como se ve en la gráfica, en el gobierno de Fox eso se llevó al extremo, gracias a la gran disponibilidad de dólares. Aunque esto se observa también en el caso de los bienes intermedios que no se reexportan, resulta muy significativo el comportamiento de las importaciones de bienes de consumo, donde la disponibilidad de dólares se ha orientado a satisfacer el mercado interno mucho más allá de lo sustentable por la capacidad productiva propia del país.

Como nada es eterno, si en algún momento, por alguna razón disminuye el flujo de divisas, entonces toda la “estabilidad” lograda estaría en grave riesgo. Y eso podría suceder si se debilita la demanda en Estados Unidos, si se acelera el uso de energías alternas, si aumentan las dificultades para emigrar o si se legaliza a los emigrantes y eso les permite usar sus ingresos para aumentar su bienestar en el país en el que viven. El problema para México está en que ese riesgo se podría presentar después de que durante su gobierno Fox hundió al país en una grave crisis productiva y de empleo.

Por cierto, continuar el esquema, como Calderón supone que lo podrá hacer, no resolverá el problema del desempleo y terminaría por destruir las fuentes de trabajo y de ahorro disponible. El problema es el esquema, no el estilo personal de gobernar, como nos pretende convencer la derecha. Calderón no es mejor que Fox. Incluso si se aplican las “reformas estructurales” el esquema que se aplica actualmente sólo podrá sostenerse un tiempo, no consolidarse, y eso siempre y cuando continúe la inestabilidad en Medio Oriente y la no legalización de emigrantes, porque sólo así podrán seguir recibiendo miles de millones de dólares para subsidiar su ineficacia.

¿Por qué ha sido posible desarrollar este esquema? ¿Por qué no se ha registrado alguna crisis financiera? Porque la social es muy grave. Insistimos: por la disponibilidad de recursos por causas ajenas al gobierno foxista. De otra manera, el déficit externo sería gravísimo, insostenible.
 
 
La riqueza extraordinaria que ha recibido el país ha permitido mantener bajo control el déficit en cuenta corriente, que es uno de los más bajos de los últimos años; incluso en la primera parte del año hubo superávit. ¡Y los diputados panistas se subieron a tribuna a presumirlo como un logro de ellos! Con un poco de vergüenza los panistas deberían reconocer que eso sólo es posible por el trabajo de los emigrantes, ¡Fox y su equipo sólo contribuyeron destruyendo la planta productiva del país!

 

Las consecuencias . Además del debate que se ha abierto alrededor de la política económica, se ha establecido una polémica sobre los efectos. Por ejemplo, dicen, ha mejorado la demanda, se ha fortalecido la economía, ha mejorado el empleo y aunque no se han aprobado las “reformas”, hay inversión extranjera, .............Desafortunadamente eso no es del todo cierto.

 

Sí hay consumo, pero de importaciones . Contra quienes suponen que el problema del país es que el mercado interno es muy débil, hay que insistir en que el mercado interno es fuerte, pero no debido a Fox. De acuerdo con cifras de la Oferta y Demanda Agregada, del INEGI, entre 2000 y 2005 el consumo privado creció a una tasa promedio anual de 3.14%, suficiente para compensar la contracción promedio anual de 0.3% que registró el consumo de gobierno. Desafortunadamente, por las políticas monetaria y cambiaria esa fortaleza no beneficia a los productores mexicanos, sino que tiende a abastecerse de bienes importados desplazando a la producción nacional.

¿Pero por qué es tan fuerte el consumo privado en México? ¿por la política “responsable” de Fox y del PAN? Nada de eso. Esa fuerte demanda interna se debe en buena medida al esfuerzo de millones de mexicanos, que envían parte de su salario a México. De acuerdo con el Banco de México, las remesas representan más de 30% de la masa salarial pagada en la economía formal del país.

¿Y el impacto en la producción y el empleo? debilidad y desequilibrios. El problema está en que la estrategia de Banxico no sólo tiene un alto costo para el país en lo que se refiere al sufrimiento de los emigrantes y a la salida de divisas que se podrían usar para inversión, sino que su objetivo de bajar la inflación mediante el subsidio a las importaciones impacta negativamente en la planta productiva del país.

 
De hecho, aunque no hubo crisis financiera y no obstante la gran disponibilidad de divisas, que dio lugar a una aparente fortaleza de la economía nacional, en los primeros cinco años del gobierno de Fox la actividad económica mostró una gran debilidad. Entre 2000 y 2005 el PIB nacional reportó un crecimiento promedio anual de sólo 1.8%, apenas la mitad del crecimiento registrado durante el gobierno de Zedillo, cuando sí hubo crisis y el precio del petróleo no estaba tan fuerte y las remesas no eran tan altas. 
 

Esto tiene el agravante de que sectores fundamentales, como la Manufactura , hasta el año 2005 habían registrado una caída promedio anual de 0.14%, mientras que con Zedillo creció a una tasa de 5.6% promedio anual. En cambio, el sector consentido por Fox, el de Servicios Financieros, Seguros, Actividades Inmobiliarias y de Alquiler entre 2000 y 2005 registró un crecimiento promedio anual de 4.5%, mientras que en el sexenio anterior avanzó a un ritmo de 2.9%.

 

Esos resultados demuestran que en realidad la política económica de Fox sí produjo un gran cambio estructural, sólo que muy negativo para una economía en desarrollo, ya que la participación del PIB manufacturero en el total se contrajo de 19.8%, a 17.9%, lo cual es una pérdida muy grave, pero es peor si se toma en cuenta que ocurrió en momentos de cuasiestancamiento económico. Y es más grave si se toma en cuenta que la manufactura es clave en la generación de empleo y en la aportación de ingresos fiscales Eso, y no la administración del Distrito Federal, como absurdamente afirman los panistas, es lo que explica la pérdida de la planta laboral y de generación de valor agregado, modificando la composición del empleo hacia actividades como los servicios.

Por eso la pobre generación de empleos en el sector formal en el país. De acuerdo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), entre noviembre de 2000 y el 15 de julio de 2006, el número de asegurados en el IMSS sólo aumentó en 880,086 personas, de los cuales 760,431 son eventuales y sólo 119,655 son asegurados permanentes.

La situación es más grave si comparamos el promedio total de los trabajadores asegurados permanentes en el IMSS. De acuerdo con cifras proporcionadas por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) (se usan las cifras del promedio, que son las disponibles como una referencia de la estabilidad en el año). En el año 2000 el promedio fue de 10,913,044 ; cinco años después, el promedio de asegurados permanentes en el período enero-mayo de 2006 fue de 11,126,531 , lo que significó un aumento de apenas 213,487 asegurados.

Pero si eso es grave, la situación es peor en el caso de la industria manufacturera en la que el promedio de asegurados permanentes pasó de 4,001,945 en 2000, a 3,237,058 en enero-mayo de 2006 , lo que implica una pérdida de 764,887 puestos de trabajo que no se han recuperado en los mismos cinco años. En esas condiciones, la participación de los trabajadores de la transformación en el total de asegurados se redujo de 36.7% en el 2000, a 29.1% en 2006, una pérdida de más de siete puntos porcentuales.

Otro signo de debilidad tiene que ver con la inversión. Las cifras de la Oferta y Demanda Agregada del INEGI, apuntan que la Formación Bruta de Capital Fijo entre 2000 y 2005 tuvo un crecimiento promedio anual de sólo 1.72%. Muy lejos de las necesidades del país.

Y llegan los grandes beneficiados. A pesar de que los personeros gubernamentales han estado amenazando en el sentido de que la Inversión Extranjera Directa (IED) podría caer si no se aprueban las “reformas estructurales”, el comportamiento de la IED en el sexenio muestra más bien un gran dinamismo, sobre todo de aquella que se dirige a la adquisición de una participación en el mercado cautivo de servicios públicos y financieros, no a aumentar la inversión física.

Eso les permite captar el crecimiento que se observa en la demanda interna. Además, la política económica aumenta la posibilidad de remitir utilidades en dólares con una paridad que les proporciona importantes beneficios cambiarios.
De hecho, a pesar de la dramática caída que registró la IED en 2001 en todo el mundo, hasta junio de 2006 el gobierno de Fox captó recursos 38% arriba de los registrados en el anterior sexenio, considerando la IED notificada. Sólo que como señalamos, el mayor porcentaje del crecimiento se registró en el renglón de Fusiones y Adquisiciones, en la compra de activos, y en las Cuentas entre compañías. Es tal el dinamismo que, sin duda, en IED per cápita México tiene una posición muy superior respecto a los competidores. La diferencia es que aquí no hay una política para aprovecharla productivamente, para asimilar tecnologías, para desarrollar cadenas.

Sobresale el crecimiento de 143% en la IED dirigida a los servicios, por lo que su participación aumentó de 23.7% de la inversión total, a 38% en el sexenio de Fox. Ahí es donde se encuentran los sectores en los que hay importantes mercados cautivos, dispuestos a pagar soluciones ante la decisión del gobierno foxista de abandonar sus obligaciones con la sociedad.

En particular, destaca la captación acumulada de 28,000 millones de dólares destinada al sector de Servicios financieros, de seguros y fianzas , superior en 233% al registro alcanzado en el gobierno de Zedillo. Este comportamiento se debió al intenso proceso de extranjerización del sector financiero que irresponsablemente promovió el gobierno foxista.

No está de más aclarar que la IED tiene una contrapartida en la remisión de utilidades. Sólo que a diferencia de la que se destina a la manufactura, que produce su propio valor agregado y deja una parte de éste en el país, la IED que se destina a los servicios básicamente llega a recoger la riqueza generada en otras actividades. El problema está en que, además, el funcionamiento de muchas de esas empresas es ajeno a las necesidades del país, como se observa en el caso de la banca y algunos concesionarios de puertos y carreteras. Esas son características de la IED que no se pueden ignorar, pero que han sido alegremente desdeñadas por el gobierno de Fox.
Por otra parte, hay que destacar que la inversión en la Manufactura no creció tan rápido como la dirigida al sector servicios, pero sí mantuvo un buen ritmo de 6.4%. Nuevamente, eso no se debió a las “bondades” de la “estabilidad”. A pesar del desinterés del gobierno de Fox por impulsarla, Méxio mantiene una innegable posición competitiva, incluso a pesar de Gil, de Ortiz y de Fox. Por eso sigue llegando la inversión extranjera a la manufactura.

Pero hay otro factor que no podemos dejar de lado y es la decisión del gobierno de Bush y de fuertes sectores económicos de Estados Unidos, de promover el Acuerdo para la Prosperidad y la Seguridad , que establece como prioridad impulsar a la siderurgia y a la industria automotriz, entre otras, como parte de un esfuerzo para mejorar la posición de la región en la economía mundial.

Sin duda eso ha influido en la decisión de importantes empresas automotrices y de autopartes, y de electrónica, de instalarse en el país. Pero hay que aclarar que ese crecimiento aún está lejos del alcanzado en la segunda mitad de los noventa. También hay que señalar que esa no fue iniciativa de Fox ni de su equipo, que ni lo imaginó y menos procuró promoverlo en beneficio de la economía mexicana; más bien ha adoptado una actitud sometida, sin ningún deseo por proteger los intereses de los mexicanos.

 
Los resultados. De manera inevitable, las graves distorsiones que ha provocado la política económica en la estructura y operación de la economía nacional han tenido consecuencias en la calificación de México en los diferentes ranking que se realizan en el mundo. Y eso, a pesar de que el gobierno de Fox se caracterizó por impulsar acríticamente y ahistóricamente todas las propuestas de los organismos multinacionales.

Sin embargo, lejos de reposicionarnos en la economía global, eso ha tenido como consecuencia una caída frente a países que estaban muy lejos del desarrollo mexicano.

Eso queda claro con la encuesta que cada año hace el Foro Económico Mundial. A contrapelo del balance autocomplaciente que hace el gobierno de Fox, los índices del Foro Económico Mundial muestran un continuo y progresivo deterioro en este período. Además, ese deterioro es consistente, ya que en todos los indicadores se observa una pérdida de posiciones o de plano incapacidad de abandonar los últimos lugares

A esa evaluación habría que agregar la que se hace en torno a la educación, a la salud y a la seguridad, renglones todos en los que el gobierno de Fox lejos de mejorar han provocado graves retrocesos, a pesar de la mayor disponibilidad de recursos presupuestales. Como se perfila que sucederá con Calderón, en el caso de Fox fue evidente que antes de buscar consensos, de manera genuina, auténtica, honesta, tenía más bien la obsesión por responder a los grupos de interés que respaldaron su elección, lo que los llevó a aliarse con lo más retrasado de la sociedad, los “charros” de todo tipo, con la “maestra” y a usar al Estado para perseguir a sus adversarios, antes que a la delincuencia. Todo eso llevó a los resultados que todos conocemos.

La coyuntura y perspectivas. En el primer semestre, después de cinco años de crisis productiva, hubo algo de crecimiento. Desafortunadamente, parte de ese crecimiento se apoyó en la demanda externa, que tiende a debilitarse. Otra parte de ese crecimiento se debió a la demanda interna, que en el primer trimestre creció a un ritmo extraordinario de 8.5%, gracias al repunte de 6.4% en el consumo privado y de 7.5% en el consumo de gobierno, estimulado por las campañas electorales y la recalendarización electorera que hizo el gobierno federal de algunos programas del gasto público, como el Programa de Apoyo para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas, que en la primera mitad del año gastaron más de 100% del presupuesto aprobado. Con ello el gobierno de Fox demostró una vez más que fue, como los peores del pasado, irresponsable y tramposo.

Si bien en los últimos meses se ha observado una recuperación en la inversión y producción en algunas actividades, eso todavía no se puede considerar un proceso sostenido de fortalecimiento económico. De hecho, no es consecuencia de una estrategia de largo plazo para fortalecer a México, sino sólo parte de los altibajos que inducen los ciclos económicos y las firmas.

Esa debilidad interna empata con un aumento de la incertidumbre en la economía mundial. Aunque hay quienes restan importancia a los cambios observados en los últimos meses, éstos no pueden considerarse un movimiento permanentemente inocuo. Es el caso, por ejemplo, de que hoy las tasas de interés de la Reserva Federal (Fed) son más de cinco veces las que había hasta julio de 2004 –de 1% entre junio de 2003 y junio de 2004 a 5.25% actualmente-. Hay que recordar que la recuperación de la economía estadounidense se basó en la baja de las tasas de interés que dio lugar a un boom inmobiliario y de crédito. Hay que aclarar que eso sucedió en un ambiente inédito, en el que a pesar de una disminución de las tasas, se mantuvo el flujo de inversión sobre todo asiática, por lo que si bien el dólar se devaluó con relación al euro, no lo hizo con respecto al yuan chino, por lo que persistió el déficit en bienes y servicios de esa nación. Esto es, la baja de tasas sólo propició un ajuste parcial en los desequilibrios existentes.

Ahora que las tasas aumentaron, para frenar la inflación, también se podrían tener efectos no deseados. Con mayores rendimientos en tasas, podría mantenerse el flujo de recursos foráneos a la economía estadounidense, fortaleciendo nuevamente al dólar. Si bien las altas tasas restringen la demanda estadounidense, el tipo de cambio propiciará que la demanda remanente se oriente a las importaciones y que el déficit siga en aumento. De hecho, aunque el saldo negativo en la balanza de bienes y servicios de Estados Unidos redujo su ritmo de crecimiento anual de 17.2% en 2005, a sólo 12.8% en enero-mayo de 2006, éste es todavía un crecimiento muy acelerado.

El cambio del entorno aumenta las “angustias” por la reformas. En esas condiciones, para encubrir su ineficiencia e ineficacia, sus omisiones de los últimos años, el coro de tecnócratas se apresura a argumentar que para que el modelo muestre sus bondades hay que mantenerlo más tiempo y hacer las “reformas de segunda generación”. Incluso, c omo parte de la campaña, el gobernador del Banco de México afirmó que para dar sustentabilidad a esos logros, para ganar competitividad, son necesarias las “reformas estructurales”, como son la flexibilización laboral, la apertura energética y la reforma fiscal. Guillermo Ortiz promueve esas ideas sin especificar cuáles serían sus beneficios.

Desafortunadamente, ni siquiera las “reformas” que promueven el gobierno de Fox, Banxico y el sector financiero permitirían un sustento sano a su esquema, al contrario, introducirían nuevas distorsiones y mayores riesgos, ya que no garantizan la reducción de costos y en cambio si podrían dar lugar a una mayor apreciación del peso y más emigración y, no lo deben olvidar, más encono social.

Por ejemplo, promueven la flexibilización laboral sin considerar que en otros países eso ha estado acompañado de un seguro de desempleo ¿están dispuestos a pagarlo? En realidad ellos sólo buscan precarizar aún más el mundo laboral y abaratar la fuerza de trabajo en el país. Lo que no han reflexionado es que lejos de permitirles alcanzar ese objetivo, en la práctica esa reforma podría estimular una mayor informalidad y más emigración, que son las opciones que la sociedad se ha dado para superar la crisis y subsistir. Evidentemente con esa propuesta realmente no buscan resolver el problema del desempleo, como lo argumentan. Además, para el gobierno de Fox, para Hacienda, para el presidente espurio y para los funcionarios de Banxico, la mejor reforma migratoria de Estados Unidos es la que mantiene en mayor inseguridad a los emigrantes, porque eso sí les ayuda a abaratar el costo salarial en Estados Unidos, además que garantizaría los flujos de remesas que son tan indispensables para el esquema de “estabilidad” de la tecnocracia.
 

Por lo que se refiere a la reforma energética, Hacienda y Banxico usan los argumentos de la OCDE , que pregonan que para bajar los precios de los energéticos es necesario privatizar. Por supuesto, eso sólo refleja sus intereses; con la banca hemos comprobado que en la ausencia de un Estado fuerte, es imposible regular y por tanto ni la privatización ni la extranjerización beneficiaron a los mexicanos. Más bien, todo indica que con la apertura en petróleo y electricidad esperan generar más divisas, para seguir manteniendo su insostenible esquema mediante la sobrevaluación cambiaria y el subsidio a las importaciones.

Sería importante conocer sus estimaciones de lo que podrían y lo que deberían bajar los energéticos y otros elementos de costos, incluyendo la mano de obra, para poder ser competitivos, sobre todo si se toma en cuenta que no hemos bajado la inflación internamente, sino que hemos logrado reducirla sólo gracias al petróleo y a las remesas. Desafortunadamente eso sólo ha permitido ocultar nuestras deficiencias, ya que con la sobrevaluación importamos mercancías que presionan a la inflación a la baja y con ello, aparentemente, bajamos la sobrevaluación y entonces suponemos que tenemos menos riesgo en la relación con el exterior. Sólo nos engañamos y afectamos el desempeño de la economía.


En el caso de la reforma fiscal, la tecnocracia debería definir su postura con toda claridad, porque las cifras de Hacienda dejan entrever que su propuesta de bajar el ISR no obliga sólo a homologar el IVA, sino a incrementar su tasa. Eso, además de afectar a la población de menores recursos, tendrá un grave efecto sobre la inflación, a la que tratarán de contener con políticas restrictivas, que en estos momentos de bajo crecimiento pueden muy graves sobre el empleo. Si a eso se agrega la persistente alta liquidez en dólares y la relativa estabilidad cambiaria –y habrá quien diga, y la menor sobrevaluación-, entonces esa variación en la inflación será un factor más para restar competitividad.

Lo cierto es que no aceptan reconocer que la política monetaria impide aprovechar la abundancia de divisas que hay en el país. La tecnocracia no ha ni siquiera intentado establecer qué proporción de las divisas que existen en el mercado pueden ser captadas sin afectar la inflación. Al contrario persiste en su estrategia de venta de divisas generadas por PEMEX.
 
Por supuesto, ni siquiera analizan cómo retirar divisas del mercado, porque la “estabilidad” de la que se ufanan es tan inestable que cualquier variación en la liquidez en pesos, que permitiera dinamizar a la economía, podría afectar su “éxito” antiinflacionario. Pero además, no lo hace porque no sabría que hacer con un aumento de las reservas. La autonomía de la que goza Banxico le impide asumir la responsabilidad de buscar los mejores mecanismos para aprovechar la enorme riqueza disponible en el país. No se le ocurre que podría haber algún mecanismo como los que ellos instrumentan para contratar deuda extrapresupuestal, tipo Pidiregas, para pagar deuda o para financiar inversiones e incluso exportaciones. Por eso sólo recitan a favor de las “reformas estructurales”. 

En contraste, al tiempo que se hace referencia a la reducción del costo financiero gracias a la responsabilidad monetaria y fiscal, en realidad se oculta la adopción de medidas de alto riesgo y costo. No se debe ignorar que los “ingeniosos” Pidiregas y los Proyectos de Prestación de Servicios (PPS), en los que se basa la “inversión”, se contratan en su mayor parte en divisas, tienen un costo financiero explosivo y todo a pesar de que en el caso de los PPS, se dirigen en gran medida gasto corriente.
 

Como en tiempos de Salinas, ahora también ha quedado demostrado que la “estabilidad”importada es sólo una estrategia temporal para apropiarse de la riqueza nacional vía las relaciones de intercambio. También, como entonces, se comprobó que la inversión foránea en servicios no permite impulsar el crecimiento sostenido, al contrario, con su remisión de utilidades tienden a reducir la disponibilidad de recursos para invertir en el país.
 
Y lo más grave es que la debilidad de la economía tiende a complicarse por un entorno cada vez más volátil. Hay evidencias de que la estrategia económica es un grave error, en el que no debemos persistir. El costo de mantenerla cada vez será más alto y por desgracia, ellos buscarán que sea la sociedad y la soberanía nacional las que carguen el peso del ajuste.
 
Eso ya se reflejó en los Criterios Generales de Política Económica, que presentó la Secretaría de Hacienda en abril. Ahí prevé que la economía estadounidense crecerá sólo 3%, con menores precios de petróleo, inflación controlada y tasas de interés estables. Como en los mejores momentos de Fox, ese documento combina buenos deseos, un crecimiento del PIB de 3.6%, y dos obsesiones: una inflación de 3% y una contracción de 4% en el gasto pagado, acompañado de fuertes recortes a programas sociales.

Por eso, es de suponer que vendrán tiempos difíciles, de crisis sobre crisis y la sociedad debe estar preparada.
   
   


 
 
 
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