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Conflicto PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Guadalupe Irene Juárez Ortiz   
Wednesday, 09 de April de 2008
La ineludible presencia del conflicto


La idea de la centralidad del estudio del conflicto social no es nueva,  numerosos son los autores que desde diversas ciencias, han abordado el tema contribuyendo al análisis y comprensión de los factores que originan y sostienen al conflicto dentro del entramado social en distintos niveles. Francisco Laca,[1] retomando a Schmitd y Tannenbaum, señala que el conflicto ha ocupado un lugar estelar en la preocupación del ser humano, de manera que desde las primeras mitologías es posible observar cómo el conflicto y el ser humano siempre han estado unidos. De este modo tenemos que los estudios que abordan el conflicto son cuantiosos y desde enfoques muy diversos.


Respecto a los trabajos donde se han estudiado el conflicto, Laca hace una  recopilación de los principales trabajos, de manera que podemos mencionar a Coser (1956, 1972), Rappaport (1960), Gultung (1969, 1980), Blake y Mouton (1964), Thomas y Kilmann Thomas (1974, 1978), Deutsch (1973), Rahim (1983), Fisher y Ury (1963), Burton (1990),  Liwichi, Litterer, Minton y Saunders (1994), Moore (186, 1994), Amason (1996), Amason y Schweiger (1997) y Mayer (2000) entre muchos otros.[2]

 

Como Jesús Giner[3] señala, a pesar de que no existe una teoría general del conflicto social totalmente satisfactoria, el modelo teórico explicativo que Ralf Dahrendorf ha formulado sobre la formación de grupos de conflicto y la influencia de éstos en la trasformación de la estructura social ha permitido un acercamiento al tema desde la sociología en el que retoma la obra de C. Marx, la Escuela de Frankfrurt, Weber, entre otros, de manera que realiza una crítica a Marx en tanto que, desde su opinión, las principales críticas a éste autor es que reduce todos los conflictos sociales a cuestiones de clase, así como el determinismo de sus planteamientos acerca de que dichos conflictos desembocan en revoluciones, de manera que limita el análisis de los factores y los desenlaces de los conflictos sociales. Como Giner señala, una de las contribuciones de Dahrendorf es que señala -en el contexto de la teoría marxista-, que los conflictos sociales no se originan por la propiedad de los medios de producción, sino por el control de éstos. De manera que Giner coincide con Dahrendorf en tanto que el conflicto surge en la lucha por el poder de controlar bienes y servicios, y que este enfrentamiento puede tener distintos matices llegando a presentarse (podríamos decir que casi siempre) de forma sutil o muy elaborada como en cuestiones de manipulación ideológica o en los casos de discriminación, donde la exclusión religiosa tiene gran importancia en el escenario de la historia de la humanidad. De manera que Dahrendorf propone, como uno de los puntos de partida para la comprensión del conflicto social, el estudio del poder que se expresa en la autoridad de una persona sobre otra y entre grupos, autoridad que estará siempre presente en una relación dicotómica entre los sujetos y los pueblos, y que, sin duda, coincide con los planteamientos de Michel Foucault  en tanto que el poder está presente en toda las relaciones humanas, atravesando el cuerpo social.

 

Michel Foucault señala que el análisis del poder no debe basarse única y exclusivamente en la soberanía del Estado o en las formas dominantes, sino adentrarse en la compleja red de relaciones en la que se inserta y reproduce:

 

Me parece que por poder hay que comprender, primero, la multiplicidad de las relaciones de fuerza inmanentes y propias del dominio en que se ejercen, y que son constitutivas de su organización; el juego que por medio de luchas y enfrentamientos incesantes las trasforma, las refuerza, las invierte; los apoyos que dichas relaciones de fuerza encuentran las unas en las otras, de modo que formen cadena o sistema, o, al contrario, los corrimientos, las contradicciones que aíslan a unas de otras; las estrategias, por último, que las tornan efectivas, y cuyo dibujo general o cristalización institucional toma forma en los aparatos estatales, en la formulación de la ley, en las hegemonías sociales.[4]

 

 

Dividiendo la cita anterior y parafraseando su contenido, podemos señalar que el autor plantea que el poder se compone de tres elementos fundamentales:

 

1.      De diversas relaciones asimétricas de fuerza con base a las cuales se ejerce un dominio de unas sobre las otras.

2.      Del constante enfrentamiento de dichas relaciones que se trasforman, apoyan e influyen mutuamente de manera que forman parte de un mismo sistema, siendo necesarias las unas a las otras.

3.      Del conjunto de estrategias que hacen efectivo el dominio de unas fuerzas sobre las otras y que se cristalizan en las instituciones del Estado y en el resto de las hegemonías presentes en cada sociedad estudiada.

 

Estos tres elementos, como señala Foucault, están en todas partes donde existen relaciones humanas, de tal manera que el poder no es una institución o estructura sino el conjunto de esos tres dispositivos operantes en todas las dimensiones sociales; mecanismos que, como los demuestran los estudios sobre el tema, también están presentes en los conflictos religiosos.

  Por su parte, Marc Howard  propone lo que él llama una teoría intercultural del conflicto que se basa en el análisis de los factores psicoculturales e interpretativos que originan y reproducen los enfrentamientos entre individuos y grupos. Éste autor realiza un estudio comparativo entre dos sociedades para explicar porqué algunas sociedades son más conflictivas que otras.

 

Howard  plantea que la cultura de cada sociedad en torno al conflicto influye en la determinación de los elementos importantes para plantear un enfrentamiento entre sus integrantes o con otros grupos, así como las formas culturalmente aprobadas, en las cuales intervienen las instituciones aceptadas, para conseguir aquello por lo que se considera válido y viable sostener un enfrentamiento. De tal modo que al interior de los grupos se define, en gran medida, aquellos elementos que influirán en establecer un conflicto, es decir, la interpretación de aquello que la gente considera valioso, las instancias y estrategias que son aceptadas para conseguirlo y las posibles líneas de acción cuando otros buscan lo mismo, de manera que en este contexto, cada grupo dota del suficiente valor simbólico y social a determinado elemento para que éste sea objeto de contienda, estableciendo, además, la forma y los mecanismos para solucionar dichas diferencias.

 

Éste autor define al conflicto de la siguiente manera:

 

El conflicto puede definirse como las acciones de dos o más partes que contienden por el control de materiales escasos o recursos simbólicos. Es probable que las acciones y las respuestas dependan de un número de factores que incluyen la relación previa de las partes y los significados culturales de las acciones.[5]

 

Marc Howard señala dos cuestiones trascendentales, por una parte, la importancia de considerar el factor interpretativo de los disputantes para lograr la negociación entre ellos, y por otra parte, que las personas que establecen un conflicto luchan por la defensa de intereses genuinos (en tanto a que dichos intereses les son propios y válidos dentro de su contexto), y que esto se vincula directamente con sus sentimientos y acciones. La especificidad cultural de lo anterior radica, entonces, en plantear las cuestiones psicoculturales –entendidas como aquellas pautas de conducta socialmente establecidas como aceptables- que las originan, de manera que es posible señalar que cada disputante actúa en un marco de referencia que le brinda una serie de herramientas de las cuales valerse para defender sus intereses materiales o simbólicos, mismos que el autor denomina como “recursos” y que se relacionan a una extensa gama de variantes.

 

Para comprender el conflicto, Marc Howard señala que debe ponerse especial atención a las interpretaciones que los sujetos hacen de su conflicto, ya que el conflicto tiene un componente interpretativo y otro psicocultural los cuales actúan como filtros para lograr la comprensión de las acciones de los otros. Incluso, señala que a mayor nivel de duración del conflicto, la influencia de las interpretaciones personales seguramente será mayor:

 

Para mi cuanto más intenso y más dure el conflicto, mayor probabilidad hay de que el componente interpretativo sea importante y de que se piense que apreciar su papel es algo necesario para llegar a un acuerdo viable. La gente lucha por intereses reales, ya sean materiales o simbólicos; pero la forma en que lo haga, la intensidad de los sentimientos y hasta donde lleguen los contendientes para defender o hacerse  con los que ellos creen que es de su legítima propiedad, son pruebas de que la consecución de los intereses tiene un importante componente psicocultural que todavía no se ha llegado a entender bien.[6]

 

Interpretación que es orientada por el contexto cultural específico de los sujetos que viven el conflicto, de tal modo que dichas interpretaciones también aportan al conocimiento de la sociedad de los disputantes, ya que si, como se estableció anteriormente, el carácter interpretativo de los sujetos se reviste de gran importancia, en este contexto, recuperar la interpretación del conflicto y de los recursos en juego que los disputantes exponen en sus narrativas, nos permitirá acercarnos a la comprensión del conflicto y del conjunto de estrategias de negociación de los recursos simbólicos por parte de los actores del conflicto.

 

 

En este sentido, Dahrendorf, Focucault y Howard hacen grandes aportaciones para ayudarnos a comprender qué elementos están presentes como ejes rectores de los conflictos sociales e individuales, y que considero que podríamos agrupar en dos: el poder -expresado en autoridad o control de recursos materiales o simbólicos)-, así como las interpretaciones de los sujetos que protagonizan los enfrentamientos.

 

Podemos ubicar estos elementos en diversos estudios de conflictos religiosos a lo largo de la historia, donde pareciera que el único motivo de confrontación entre individuos o grupos es el religiosos siempre aparecen otros factores de trasfondo que motivan acciones de enfrentamiento al interior de la sociedad. Ejemplo de lo anterior lo podemos observar en casos como el de conflicto religiosos en el municipio de Las Margaritas en el ejido Justo Sierra en Chiapas, que ha sido estudiado por Miguel Lisboa Guillén[7] donde analiza los factores que originaron confrontaciones entre católicos y evangélicos y que desembocaron en desplazamientos de familias enteras y donde el trasfondo es de índole político, después de analizar el caso Lisboa señala :

 

Que conclusión podemos obtener […]. En primer lugar la similitud con otros casos producidos en la misma región política Fronteriza, atravesados todos por una variedad de siglas políticas y organizaciones sociales o campesinas. Es decir, todos los llamados conflictos religiosos desatados en el municipio de Las Margaritas han mostrado que los involucrados, ya sean evangélicos expulsados o católicos expulsados están ligados a algún tipo de organización política, social o de producción y que, en buena mediada, estas filiaciones influyen, por no afirmar que determinan, la dirección que el conflicto adquiera.[8]

 

Por su parte, José Luis Escalona Victoria en un estudio en la comunidad Tojolabal[9] del mismo municipio de Las Margaritas, plantea que existen diversas dimensiones del conflicto y que las connotaciones religiosos son sólo una expresión de la pugna por recursos económicos, fuentes de trabajo, así como de relaciones que pueden ser utilizadas para reivindicar liderazgos en la región. Incluso, señala que se manifiesta en ámbitos que nada tendrían que ver  con la religión:

 

Por ejemplo, no es raro ver que parte del conflicto religioso se desarrolle en torno a otros asuntos que no tienen que ver con la religión, como los casos en que se prohíbe a niños no católicos la asistencia a la escuela o en lo que se excluye de programas no gubernamentales a familias conversas. El conflicto religioso se presenta como una dimensión del conflicto solamente, o mejor dicho, el conflicto tiene múltiples dimensiones, una de las cuales tiene que ver con el cambio de adscripción religiosa.[10]

 

En este contexto, igual de revelador es el trabajo de René de la Torre[11] en el que aborda la problemática que ha desatado la incursión de la Iglesia Católica en asuntos de Derechos Humanos en la ciudad de Guadalajara desde hace ya varios años, y en el que señala, citando a Loeza, que el trasfondo de que ésta religión se abandere de la defensa de los llamados Derechos Humanos forma parte estratégica “por recuperar y fortalecer la presencia del poder vaticano en el espacio político”.[12]  En este trabajo, René de la Torre recopila información de la confluencia de organizaciones sociales y religiosas en la lucha por la defensa de derechos sociales, así como de los diversos conflictos que se han protagonizado en este escenario, las conclusiones a las que llega al final de su investigación señalan:

Mientras el discurso de los derechos humanos estuvo en manos de ciudadanos que no tenían acceso al poder, se podía vislumbrar un horizonte donde las diferencias cupieran en la convergencia, sin decir con ello que no existieran posiciones desiguales y contrastantes. Ahora, son los grupos de poder y los representantes copulares quienes, autodesignándose “la ciudadanía”, prefieren alcanzar fines, anulando todo aquello que no coincide con sus intereses.[13]

 

Por su parte, María del Carmen García Aguilar[14] llega a conclusiones similares al realizar un estudio sobre el impacto de las reformas a la Constitución del país en la relación Iglesia Católica-Estado específicamente en el territorio de Chiapas cuando plantea que:

 

No se trata sólo de la participación legítima de las asociaciones religiosas en los procesos políticos y sociales del país, de la entidad o de la localidad, sino del impulso de estrategias que posibilitan la participación política de las asociaciones religiosas, asumiéndose como un poder en sí mismas o como espacios corporativos que orientan y modulan el comportamiento político de su feligresía para obtener beneficios directos del poder político. No es repetir la historia de la Iglesia católica, pues la sociedad ha cambiado de manera extraordinaria, de tal manera que es prácticamente difícil que el control y la regulación de las tendencias del cambio social sean atributo exclusivo de una religión u otra dimensión identitaria. Sin embargo, frente a un convulsionado escenario de fragmentaciones sociales y de una reversión dramática en el impacto redistributivo, no está ausente la tentación de encauzar a las masas hacia movimientos facciosos o hacia batallas políticas sustentadas en textos bíblicos que permiten justificar que Dios está con sus causas.[15]

 

Si todos éstos autores -por citar algunos- coinciden en que los conflictos religiosos tienen otros fines de trasfondo y que, de acuerdo a sus observaciones, se vinculan con cuestiones políticas, se reafirma lo dicho anteriormente acerca de a que la lucha por el poder, ya sea como autoridad –en cuestiones de política o de representación social- o como control de recursos –económicos, de territorio o feligresía- ha estado vigente en los diversos conflictos religiosos. Poder que, como diría Foucault, se compone de la asimetría de fuerza en las relaciones sociales donde unas dominan a las otras, así como de las estrategias para dominar y para resistir que forman un mismo sistema que se retroalimenta, como una especie de circulo de dependencia en constante movimiento y fricción.

 

González Pedrero tiene una frase plantea de forma breve lo que se sabe acerca del conflicto y que, en mi opinión, nos expone el aspecto central en éste tema:

Donde hay hombre hay conflicto. La razón es paradójica: el zoom politikon es un animal social y la vida en sociedad es conflictiva en la medida en que son muchos los intereses diversos que se entretejen y se entrecruzan. Las causas varían, el conflicto permanece. [16]

 

 

En cualquier ámbito donde se origine el conflicto, cualquiera que sea el discurso –religioso, político, etc..- con el que intente justificarse, en mi opinión, lo único cierto es que el conflicto tiene una ineludible presencia y una inalterable permanencia en la vida social.

 

 

Fuentes consultadas

 

CÓRDOVA, Arnaldo. “Conflicto, consenso y gobernabilidad”. En Libertad y justicia en las sociedades modernas. Miguel Angel Porrúa. México, 1994.

 

DE LA TORRE, René. “La iglesia católica y los Derechos Humanos en Guadalajara: de la confluencia al conflicto social”. En Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad. Vol IX.No. 26 Enero/ Abril de 2003.

 

ESCALONA Victoria, José Luis. “Cambio político-religioso en una localidad Tojolabal del municipio de Las Margaritas, Chiapas”. En Liminar. Estudios sociales y humanísticos. Actos de Fe, religión y conflicto. Año 2, Vol. II, Núm. 2 Diciembre de 2004.

 

FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. Siglo XXI. España, 1998.

 

GARCÍA Aguilar, María del Carmen. “La reforma constitucional y sus efectos en las relaciones Iglesia-Estado”. En Liminar. Estudios sociales y humanísticos. Actos de Fe, religión y conflicto. Año 2, Vol. II, Núm. 2 Diciembre de 2004..

 

GONZÁLEZ Pedrero, Enrique. “Variaciones sobre el tema gobernabilidad y democracia”.  En Libertad y justicia en las sociedades modernas. Miguel Angel Porrúa. México, 1994.

 

HOWARD Ross, Marc. La cultura del conflicto. Las diferencias interculturales en la práctica de la violencia. Paidós. España, 1993.

 

LACA Arocena, Francisco Augusto. “Cultura de paz y psicología del conflicto”.  Estudios sobre culturas contemporáneas. Época II Vol. XII. Núm. 24, Colima, diciembre 2006.

 

LISBOA Guillén, Miguel. “La emergencia del conflicto religioso en el municipio de Las Margaritas, Chiapas: El caso del Ejido Sierra” En Liminar. Estudios sociales y humanísticos. Actos de Fe, religión y conflicto. Año 2, Vol. II, Núm. 2 Diciembre de 2004.

 

GINER, Jesús. “Conflicto Social (teorías del) http://147.96.1.15/info/eurotheo/diccionario/C/conficto_social_teorias.pdf

 



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[1] LACA Arocena, Francisco Augusto. “Cultura de paz y psicología del conflicto”.  Estudios sobre culturas contemporáneas. Época II Vol. XII. Núm. 24, Colima, diciembre 2006.

[2] La bibliografía puede ser consultada al final

[3] GINER, Jesús. “Conflicto Social (teorías del)”. http://147.96.1.15/info/eurotheo/diccionario/C/conficto_social_teorias.pdf

[4] FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. Siglo XXI. España, 1998.Pág. 112

[5] HOWARD Ross, Marc. La cultura del conflicto. Las diferencias interculturales en la práctica de la violencia. Paidós. España, 1993. Pág. 58

[6] HOWARD Ross, Marc. La cultura del conflicto…Ibidem. Pág.244

[7] LISBOA Guillén, Miguel. “La emergencia del conflicto religioso en el municipio de Las Margaritas, Chiapas: El caso del Ejido Sierra” En Liminar. Estudios sociales y humanísticos. Actos de Fe, religión y conflicto. Año 2, Vol. II, Núm. 2 Diciembre de 2004. Pág.48-60

[8] Op. Cit. Pág. 57

[9] ESCALONA Victoria, José Luis. “Cambio político-religioso en una localidad Tojolabal del municipio de Las Margaritas, Chiapas”. En Liminar. Estudios sociales y humanísticos. Actos de Fe, religión y conflicto. Año 2, Vol. II, Núm. 2 Diciembre de 2004. Pág.61-74

[10] Op. Cit. Pág. 66

[11] DE LA TORRE, René. “La iglesia católica y los Derechos Humanos en Guadalajara: de la confluencia al conflicto social”. En Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad. Vol IX.No. 26 Enero/ Abril de 2003

[12] Op. Cit. Pág. 136

[13] Ibidem. Pág.156

[14] GARCÍA Aguilar, María del Carmen. “La reforma constitucional y sus efectos en las relaciones Iglesia-Estado”. En Liminar. Estudios sociales y humanísticos. Actos de Fe, religión y conflicto. Año 2, Vol. II, Núm. 2 Diciembre de 2004. Pág. 18-34

[15] Op. Cit. Pág. 30-31

[16] GONZÁLEZ Pedrero, Enrique. “Variaciones sobre el tema gobernabilidad y democracia”.  En Libertad y justicia en las sociedades modernas. Miguel Angel Porrúa. México, 1994. Pág. 381
 
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