Experiencias de participación ciudadana desde las agrupaciones religiosas: tres escenarios mexicanos
Erick Alfonso Galán Castro
En el presente artículo mencionaré algunos casos de participación ciudadana desde agrupaciones religiosas en México para, desde estos escenarios, analizar lo que implica defender al mismo tiempo un proyecto religioso y otro político: los matices entre la fe y la práctica ciudadana, los proyectos políticos y religiosos defendidos dentro de la lucha ciudadana y las alianzas-choques entre agrupaciones religiosas-ciudadanas y Estado. La conclusión implicará realizar una discusión acerca del concepto de participación ciudadana y su aplicación en los contextos que serán tratados.
El campo religioso mexicano es relativamente diverso. Si bien el número de adeptos a la Iglesia Católica sigue siendo mayoritario -según estadísticas del INEGI al año 2000, se adscriben al catolicismo 74,612,373 mexicanos, es decir, el 88% de la población de más de 5 años en nuestro país (INEGI, 2005: 11)-, la presencia de grupos religiosos cristianos como pentecostales, neopentecostales, adventistas del séptimo día, mormones y testigos de Jehová ha aumentado cada vez más, restando al catolicismo un gran número de adeptos. Para 1940, por ejemplo, el 96.6% de la población era católica (18,977,585 habitantes) frente a 1.2% que manifestaba su membresía a asociaciones religiosas diferentes al catolicismo. Actualmente, el panorama es distinto, lo cual ha movido a elaborar diversos acercamientos a la problemática religiosa de nuestro país. De manera paralela, el panorama político entre 1940 y 2000 ha sido fluctuante. Para la cuarta década del siglo pasado, el Partido Revolucionario Institucional consolidaba su hegemonía como eje rector del gobierno de México. Tanto organizaciones sindicales, populares, como civiles y militares se encontraban supeditados al partido oficial. Cualquier movimiento opositor al PRI podía enfrentarse a dos posibles escenarios: la cooptación al aparato estatal o la desaparición. Paulatinamente, diversos acontecimientos históricos hicieron que el PRI, en un principio defensor de un proyecto nacionalista y defensor de un desarrollo social y económico interno, pasara a dar apoyo a un proyecto neoliberal que otorgaba a los empresarios nacionales y extranjeros la puesta en marcha de medidas de manejo social. Así mismo, la transición política del año 2000, donde el Partido Acción Nacional obtiene la posibilidad de tomar las riendas del Ejecutivo –con un proyecto neoliberal de corte conservador, como apunta Alonso (2005: 375-393)-, nos muestra que, por lo menos a nivel partidista, las cosas no son iguales. En estos años, también el papel de la sociedad civil cambia. Las organizaciones ciudadanas poco a poco van logrando ser un contrapeso notable a diversas decisiones del gobierno mexicano. Dos eventos importantes dentro de la vida ciudadana en México, el movimiento estudiantil de 1968 y las movilizaciones ciudadanas derivadas de los sismos de 1985, dan pie a formas de participación por parte de la sociedad civil que, como lo apunta Isunza, van concediendo a este sector los espacios suficientes para lograr la co-gestión de interfaces socioestatales que permiten la comunicación entre gobernantes y gobernados (Isunza, 2006: 271)[1]. Con estos cambios, sin embargo, existen continuidades dentro de las prácticas y concepciones de la política en México. La tranza, la mordida, los acarreos, las mapachadas dentro de los procesos electorales, las relaciones clientelares entre grupos civiles y Estado mediante programas sociales como Solidaridad, Progresa y Oportunidades, e incluso prácticas como el nepotismo, permean en las relaciones sociales. Frente a este escenario, donde podemos ver cambios y continuidades en los campos religioso y político, mi pregunta es ¿Qué experiencias de participación ciudadana se han dado en México y cómo se entrecruzan la vivencia religiosa con el proyecto político de los actores?, Así mismo ¿En qué medida el análisis de estos escenarios puede dar pie a un debate sobre el concepto de participación ciudadana? En este artículo pretendo dar respuesta a estas interrogantes basándome en tres escenarios sonde grupos religiosos han mezclado religión y política: agrupaciones civiles católicas en Guadalajara, Evangélicas en Xalapa y testigos de Jehová en una colonia popular dentro de la capital veracruzana. 1.- EL GRUPO CÍVICO DE APOYO AL CAMBIO EN GUADALAJARA: CATOLICISMO CIUDADANO Siendo un área donde históricamente la Iglesia Católica es hegemónica e ideológicamente conservadora[2], los grupos civiles católicos han defendido proyectos que van de acuerdo a los preceptos morales en torno a la vida y a la sexualidad. Uno de estos es el Grupo Cívico de Apoyo al Cambio, surgido en 1995 y conformado por antiguos simpatizantes del candidato panista a la presidencia de la república de 1988, Manuel J. Clouthier. El tipo de participación de esta organización ciudadana se ha caracterizado por dar apoyo electoral a los candidatos panistas a gobernadores, alcaldes y representantes del congreso (federal y estatal) (Ramírez Sáiz/de la Torre, 2005: 344). No obstante, algunos miembros de dicho grupo también han realizado manifestaciones públicas para regular los contenidos dentro de los programas televisivos o de otros medios de comunicación por considerarlos “inmorales” y “mensajes que atentan contra los valores familiares, morales y católicos” (Ramírez Sáiz/de la Torre, 2005: 345). Quizás uno de los elementos donde podemos ver cómo se entrecruzan la fe y la participación ciudadana dentro de las acciones de este grupo cívico es a partir del mensaje de apoyo que, en el año de 1995, repetían en mítines de apoyo a Alberto Cárdenas Jiménez (entonces candidato del PAN al gobierno del estado de Jalisco): Beto, amigo, Dios está contigo (Ramírez Sáiz/de la Torre, 2005: 345). Otorgan al Partido de la Revolución Democrática una imagen negativa en tanto es visualizado como un peligro para el proyecto político y moral que defienden. Aunque es evidente que la Iglesia Católica, más que ningún otro grupo religioso en el país, es multifacética en cuestiones políticas (coexisten al mismo tiempo grupos conservadores como Legionarios de Cristo o los llamados Teólogos de la Prosperidad, con partidarios de la Teología de la Liberación y miembros de las Comunidades Eclesiales de Base, que se manifiestan adeptos a un discurso progresista bastante característico), es notable hacer ver que la moral religiosa va dando pauta a las estrategias de movilización y negociación con los actores políticos. Apoyo irrestricto a candidatos panistas, manifestaciones públicas contra los medios de comunicación por difundir mensajes peligrosos para la conservación de un cierto statu quo. El ejemplo de la participación del Grupo Cívico de Apoyo al Cambio da una idea de cómo se entrelaza lo religioso con lo político. 2.- LA AMEV: LOS EVANGÉLICOS SIEMPRE FIELES En el estado de Veracruz[3], una de las entidades federativas con mayor diversidad religiosa del país (después de Chiapas, Tabasco, Campeche y Quintana Roo), las agrupaciones religiosas evangélicas se han caracterizado por agruparse en organizaciones ministeriales desde las cuales los líderes religiosos de dicha denominación han utilizado como escenario de expresión acerca de problemáticas políticas, sean electorales o no, así como también para lograr alianzas –o generar disputas- con los gobernantes municipales y/o estatales. Un ejemplo de dichas organizaciones ministeriales es el de AMEV, dirigida por el Pastor Ricardo Aquino Alfaro. La Asociación Ministerial Evangélica Veracruzana comienza a tomar fuerza como grupo ciudadano evangélico hacia mediados de los años noventa del siglo pasado, cuando comienzan a llamar a los medios de comunicación a ruedas de prensa para dar su opinión sobre temas políticos locales, estatales y nacionales. Según Vázquez (2007: 57), una de las manifestaciones ciudadanas más recurrentes de los miembros de la AMEV ha sido la ejecución de actos cívicos los días 21 de marzo (natalicio de Benito Juárez, presidente con quien comenzó el reconocimiento de las agrupaciones evangélicas como grupos religiosos legales). Durante el acto celebrado en el año 2002, Aquino hizo énfasis en la necesidad que los evangélicos tienen de ser respetados y tratados dignamente por todos los sectores de la sociedad (Vázquez, ibíd.). Si bien, en algunas ocasiones, la AMEV ha manifestado su apoyo a la democratización de los procedimientos electorales y políticos del país y del estado, un cierto entrecruce entre la práctica religiosa y la ciudadanía puede observarse en los manifiestos que esta organización ha realizado en contra del aborto y la pena de muerte aludiendo un compromiso moral con las enseñanzas bíblicas[4]. En este sentido, el tipo de proyecto defendido por esta organización ciudadana evangélica es mucho más complejo de lo que parece: por un lado, está a favor de cambios en el papel del Estado como garante de la democracia y del respeto a la diversidad religiosa, pero por otro comparte la visión conservadora de asociaciones como Grupo Cívico de Apoyo al Cambio, defensores de una visión conservadora de la sociedad sobre problemas como el aborto. De sí misma, la AMEV no se manifiesta explícitamente por ningún partido político, pero desde 2004 la mantenido una relación cooperativa con el gobierno priista de Fidel Herrera Beltrán, a tal grado de no realizar declaraciones críticas sobre el apoyo abierto del mandatario veracruzano hacia actos religiosos católicos como lo fue la canonización del hoy Santo Rafael Guízar y Valencia[5]. ¿Qué sucedió? ¿Hubo algún tipo de arreglo entre Fidel Herrera y los evangélicos? ¿A qué podemos atribuir este mutis del protestantismo veracruzano? Una posible hipótesis al respecto puede ser que la AMEV entabló negociaciones con Fidel Herrera cuando este era candidato a gobernador, pidiéndole una serie de reformas que dieran la posibilidad de crear una “Coordinación Estatal de Interreligiones”[6] –cosa que hasta ahora no se ha logrado. Es posible pensar que este haya sido el motivo fundamental del silencio: la negociación política. En cuanto a esta experiencia de participación ciudadana desde agrupaciones religiosas, es posible identificar un compromiso al mismo tiempo con un proyecto de diversidad y otro de conservadurismo en cuanto a temas como el aborto y la pena de muerte. Las formas de movilización van desde la convocatoria a medios de comunicación para dar opiniones sobre diversas problemáticas sociopolíticas desde su perspectiva religiosa hasta la manifestación de actos cívicos en espacios públicos. La relación con el Estado es directa y abierta, incluso podemos apreciar una cierta actitud sacerdotal[7] de los evangélicos frente al gobierno priista, en un contexto donde el gobernador Herrera ha minimizado la oposición a su gobierno reduciendo los espacios mediáticos para su expresión. 3.- LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ EN UNA COLONIA XALAPEÑA: ¿CIUDADANÍA O INCIVILIDAD? El caso en el que me he abocado a estudiar los últimos meses ha sido el de los testigos de Jehová dentro de la Colonia Veracruz[8], situada al Noroeste de la Ciudad de Xalapa. Mi investigación ha girado en torno a las formas mediante las cuales los testigos de Jehová, conocidos generalizadamente por su renuencia a participar en política partidista o en actos cívicos –incluso su resistencia a relacionarse con el Estado los motiva a no realizar el servicio militar-, necesariamente recurren a la participación ciudadana como medio para lograr satisfacer ciertas necesidades cotidianas. Como he mencionado, los testigos de Jehová consideran a cualquier tipo de gobierno humano como necesariamente imperfecto. De hecho, al considerar que Satanás es el gobernante de este mundo (WTBTS, 2005: 32), el Estado es visto como una manifestación de Satanás en tanto que las autoridades fomentan actos de idolatría a los símbolos patrios. A diferencia de las experiencias anteriores de católicos y evangélicos, los testigos de Jehová no han generado agrupaciones ciudadanas mediante las cuales se movilicen para materializar sus propios proyectos políticos. Dadas estas circunstancias, ¿Por qué, entonces, pensar que los testigos de Jehová participan como ciudadanos, si ellos mismos niegan su participación política? Bien, hasta ahora he encontrado un escenario mediante el cual los testigos de Jehová van participando como ciudadanos para lograr sus fines: la introducción de servicios públicos en la colonia[9]. Mientras los habitantes de la colonia que no pertenecen a la asociación religiosa se han constituido en organizaciones vecinales o patronatos pro-pavimentación –incluso otros se han vinculado con organizaciones populares asentadas dentro de esta zona como Antorcha Campesina para lograr su cometido-, los testigos de Jehová participan dentro de las faenas para realizar la obra de introducción de servicios públicos, cooperan económicamente para realizar dichas actividades o, incluso, algunos adeptos a la iglesia de los testigos de Jehová acuden a las reuniones entre vecinos para dar a conocer su punto de vista sobre las cuotas para realizar estas acciones. Muchos de ellos, como Enrique, testigo de Jehová de 19 años residente en la calle Maderas -a una cuadra del Salón del Reino al cual asiste-, asegura haber participado en la instalación del drenaje hace 3 años mediante faena, es decir, a partir de trabajo comunitario entre los vecinos de la calle[10]. Sixto, quien atiende la verdulería ubicada en la esquina de las calles Ébano y Maderas, confirmó la presencia de testigos de Jehová en dichas obras: “aquí a dos casas viven unos testigos, y si, estuvieron en la obra de lo del drenaje, pero no fueron con nosotros a hablar en ayuntamiento para pedir obras”.[11] Como vemos, para lograr que las viviendas de los testigos de Jehová cuenten con servicios públicos, no recurren ni a la participación como profesionales de la política (lo cual los situaría como miembros de la sociedad política, con miras hacia la obtención del poder del Estado) ni a actividades fuera de la ley que lesionen la integridad de otros individuos (lo que daría pie a interpretar sus acciones como parte de la sociedad incivil). La relación con el Estado –que si la hay- es indirecta, mediada por las organizaciones vecinales y/o patronatos pro-pavimentación. En este sentido, existe una movilización de recursos y un juego muy singular de la política –donde lo político no solo es entrar a la dinámica electoral, sino buscar medios que aseguren obtener beneficios de diversa índole- por parte de los miembros de la iglesia de los testigos de Jehová. 4.- CONCLUSIONES: ¿HACIA DONDE VA LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA? Las experiencias analizadas en los apartados anteriores nos brindan referentes empíricos desde los cuales es posible realizar un cierto debate que permita generar un concepto de participación ciudadana acorde con las necesidades que este artículo amerita. Hemos visto cuestiones que se repiten dentro de estos casos: una cierta relación con el Estado, una defensa de proyecto político, la movilización de recursos y de esfuerzos para lograr fines específicos (defender la diversidad religiosa, los valores religiosos y morales, buscar la introducción de servicios públicos en una zona donde estos no están presentes), e incluso un entrecruzamiento entre lo religioso y lo político. Para definir conceptualmente la participación ciudadana, comenzaré analizando la propuesta del investigador Ernesto Isunza sobre ésta: […] una relación entre ciudadanos y el Estado en múltiples formas y con diversas intensidades e intencionalidades. Ya sea en colectivos organizados (lo que llamamos sociedad civil organizada) o a través de partidos políticos (la sociedad política), bien para exigir cuentas a los funcionarios públicos o demandar un servicio, o con la finalidad de elegir representantes o quejarse por un bien mal distribuido, en cualquier caso los ciudadanos movilizan energías y recursos en un flujo continuo de intercambio con las instituciones del Estado. (Isunza, 2006: 266) ¿En qué sentido se aplica la participación ciudadana según Isunza? Los ciudadanos –que son los actores específicos que están en juego dentro de esta propuesta-, al partir de necesidades específicas como la falta de un servicio público, la inconformidad de los dichos actores ante la actuación de un funcionario público o político, la petición de esclarecer los procesos desde los cuales se generan –o se han generado- diversas políticas estatales, mantienen relaciones directamente con el gobierno –o con representantes del mismo- para su satisfacción. Este proceso es característico de una forma de gobierno democrática-participativa donde la sociedad civil –el colectivo de ciudadanos organizados- tiene un papel esencial dentro de las decisiones del Estado. Lo cual puede aplicar bien con las organizaciones católicas y evangélicas. El problema existe cuando analizamos el caso de los testigos de Jehová, en el que no existe una interacción directa entre ciudadano y Estado. Por ello, es necesario que se realice un replanteamiento del concepto de Isunza para poder lograr que este concepto sea realmente operativo. Entonces, si esta es la participación ciudadana, ¿Qué no es participación ciudadana? Pienso básicamente en dos formas de acción que salen de este esquema: la sociedad política y la sociedad incivil. La sociedad política la entiendo como la organización profesional de actores en partidos políticos, los cuales tienen una lógica doble: por un lado, la de canalizar los intereses de diversos sectores de la sociedad civil en una institución con posibilidades de acceso al poder del Estado; por el otro, el de buscar ejercer influencia en las decisiones de Estado o hacerse del gobierno (Larrosa, 2007: 203). La sociedad incivil, como lo muestran Dagnino, Olvera y Panfichi, se hace presente cuando […] asociaciones nacidas en el campo civil pasen a lo no civil, al convertirse algunas prácticas asociativas en forma de control represivo, militar o delincuencial, como los paramilitares en Colombia, los grupos campesinos de autodefensa en Perú, así como pandillas, maras, gangs, y otros grupos juveniles violentos en distintas partes de América Latina (Dagnino, Olvera y Panfichi, 2006: 34). Pero, cuando señalamos a algunas personas que, si bien no entablan relaciones directas con el Estado para buscar la solución a problemas sociales dados –como lo que me ocupa en el proyecto: la introducción de servicios públicos a una zona urbana específica- pero negocian con los actores que si dialogan con las autoridades aportando esfuerzos o recursos, no están recurriendo ni a una participación directa con partidos políticos, ni desarrollan actividades que caigan en prácticas represivas, militares o delincuenciales. ¿Esto implica considerar su manera de actual como no ciudadana o in-ciudadana? En este sentido, mi propuesta es ampliar el concepto a discusión de la siguiente manera: entenderé la participación ciudadana como una relación, directa o indirecta, entre ciudadanos y Estado, que tiene diversas expresiones: los ciudadanos pueden agruparse en colectivos organizados, en asociaciones de apoyo no profesional a partidos políticos o, incluso, pueden colaborar (mediante recursos o esfuerzos) con organizaciones ciudadanas para fines diversos; sea la solicitud de servicios, la elección de representantes o la exigencia de rendición de cuentas a servidores públicos, elegidos popularmente o no. Como podemos ver, esto diversifica aún más el ámbito de acción de la participación ciudadana, entendiendo las acciones colectivas como las faenas, las cooperaciones económicas e incluso el apoyo moral a la causa de las organizaciones civiles dentro de este esquema, así como otras prácticas que podrán ser encontradas posteriormente en el periodo de campo; excluyendo del mismo, a su vez, a la adscripción directa en la dinámica de partidos políticos y a los actos inciviles. Así pues, podemos ver cómo lo religioso y lo político ciudadano se entrecruzan y, mediante estas relaciones, es posible generar debates sobre la utilización de conceptos teóricos. Vemos que el campo religioso y el político se pueden tocar y generar problemáticas de estudio que interesan a antropólogos y sociólogos, dando la posibilidad de generar conocimiento y, de paso, evidenciar cómo los grupos religiosos pueden ser, potencialmente, actores dentro del proceso de democratización del país. BIBLIOGRAFÍA ALONSO, Jorge (2005): “¿El gobierno foxista y el conservadurismo?”, en DE LA TORRE, Reneé, Maria Eugenia García Ugarte y Juan Manuel Ramírez Saiz (Comps.): Los rostros del conservadurismo mexicano, México, CIESAS ALARCÓN OLGUÍN, Víctor (2007): “Política y Derecho” en EMMERICH, Gustavo Ernesto y Víctor Alarcón Olguín (Coords.): Tratado de Ciencia Política, Anthropos/UAM, México DAGNINO, Evelina, Alberto Olvera y Panfichi, Aldo (Coords.) (2006): La disputa por la construcción democrática de América Latina, FCE/CIESAS/UV, México INEGI (2003) SCINCE por colonias, Estado de Veracruz, México, INEGI (Disco Compacto) INEGI (2005): La diversidad religiosa en México, Aguascalientes, Talleres Gráficos del INEGI ISUNZA, Ernesto (2006): “Para analizar los procesos de democratización: interfaces socioestatales, proyectos políticos y rendición de cuentas” en ISUNZA, Ernesto y Alberto Olvera (Coords.): Democratización, rendición de cuentas y sociedad civil, CIESAS/UV/Miguel Ángel Porrúa, México JELEN, Ted G. y Clyde Wilcox (2002): Religion and politics in comparative perspective. The one, the few and the many, New York, Cambridge University Press LARROSA, Manuel (2007): “Partidos políticos, sistemas electorales y sistemas de partidos”, en EMMERICH, Gustavo Ernesto y Víctor Alarcón Olguín (Coords.): Tratado de Ciencia Política, Anthropos/UAM, México RAMÍREZ SAIZ, Juan Manuel y Reneé de la Torre (2005): “Conservadurismo y grupos cívicos en Guadalajara”, en DE LA TORRE, Reneé, Maria Eugenia García Ugarte y Juan Manuel Ramírez Saiz (Comps.): Los rostros del conservadurismo mexicano, México, CIESAS VAZQUEZ PALACIOS, Felipe R. (2007): La fe y la ciudadanía en la práctica evangélica veracruzana, México, CIESAS WTBTS (2005): ¿Qué enseña realmente la biblia?, México, La Torre del Vigía A.R. PÁGINAS DE INTERNET www.enfoqueveracruz.com/sistema http://www.notiver.com.mx/index/8dic08evangelicosycatolicos [1] Ejemplo de estos espacios de co-gestión los encontramos en instituciones como el IFE (donde los consejeros ciudadanos tienen un gran peso en la toma de decisiones). [2] De acuerdo a estadísticas del Censo de Población del año 2000, la presencia de católicos en Jalisco es una de las más altas del país (junto con Guanajuato y Aguascalientes), con un total de 5,285,970 habitantes adeptos a dicha agrupación religiosa, lo que representa el 95.4% de la población estatal (INEGI, 2003: 147). [3] La presencia católica, en comparación al caso jalisciense, es ligeramente menor. Según el censo de 2000, en el territorio veracruzano hay 82.8% de adeptos católicos (5,070,065 habitantes). Los evangélicos representan el 6.5% (422,973 Hab., incluyendo grupos protestantes históricos, pentecostales y otros evangélicos) (INEGI, 2003: 164) [4] De acuerdo a la nota publicada en el periódico Notiver, con fecha lunes 8 de diciembre de 2008, se lee: Ricardo Aquino Alfaro, coordinador de la Asociación Ministerial Evangélica de Veracruz, expresó que en la desesperación se toman medidas que no siempre son las adecuadas. Expresó que la AMEV no está a favor de la pena de muerte, “pues a pesar de que en la Biblia está siempre la pena de muerte con la Ley del Talión, que en muchos países está vigente, Jesucristo vino al mundo para, entre otras cosas, erradicar ese tipo de acciones que atentan contra la vida”, explicó. http://www.notiver.com.mx/index/8dic08evangelicosycatolicos [5] Durante las misas celebradas los días 7 y 14 de octubre del 2006 se pudo ver sentado al mandatario veracruzano en el balcón de su oficina del Palacio de Gobierno, escuchando, junto con algunos de sus colaboradores, los sermones dados por el entonces Arzobispo de Xalapa, Sergio Obeso. Ningún grupo o líder evangélico –ni siquiera el pastor Aquino, crítico de la jerarquía católica veracruzana- pronunció comentario alguno sobre el mandatario por lo anterior. [6] Extraído de www.enfoqueveracruz.com/sistema en noticia del día 13 de agosto de 2004. [7] El término sacerdotal, según Jelen y Wilcox, implica que los grupos religiosos toman una postura de apoyo y legitimación al Estado y sus representantes, en oposición a los grupos proféticos, quienes se mantienen en pugna contra el Estado y toman distancia de éste (Jelen y Wilcox, 2002: 4). [8] La zona de la ciudad conocida como Colonia Veracruz se situa en la región noroeste de la ciudad de Xalapa, capital del Estado de Veracruz. Su conformación comienza desde los años 80 del siglo pasado a partir de la llegada de colonos que se asentaron de manera irregular –paracaidistas, compra de terrenos a ejidatarios, miembros de organizaciones populares como UCIS-Ver o Antorcha Campesina- (Información recabada en campo mediante entrevistas a habitantes de la colonia, febrero de 2009). Su población total para el año 2000, según INEGI, es de 4760 habitantes que se distribuyen en 1083 viviendas habitadas (basado en indicadores de SCINCE por colonias, INEGI, 2003). [9] Para darnos una idea de la magnitud del problema dentro de la colonia, vale mencionar algunas estadísticas: de las 1083 viviendas habitadas, 680 cuentan con servicio de drenaje conectado a la red pública, 268 cuentan con drenaje conectado a fosa séptica o río, 115 no cuentan con drenaje, 1038 disponen de energía eléctrica, 405 cuentan con agua entubada en la vivienda y 140 se abastecen de agua mediante acarreo (SCINCE por colonias, INEGI, 2003). [10] Comunicación personal con Enrique, día 1º de marzo de 2009. [11] Comunicación personal con Sixto, día 7 de marzo de 2009. |