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Olor de la gardenia
Poema de Luis Miguel Cruz Martínez
Poeta dedicado al amor y al desamor, explorador de lo efímero en la eternidad. Y leal viajero de amplias calles empedradas.
Porque es cierto que el olor de la gardenia aquella tarde en que tu cuerpo se incendiaba, junto con la tarde, debió bastar para confiar en el camino hacia las moradas dulces a las que nos conducía el crepúsculo. En mí llevaba al emperador de los amores. Besos/ de pies hermosos/ saben a duraznos que duermen, a un estómago enamorado, a una boca que no se ha de olvidar. Extráñame así aunque pasen los años con fieles bisturís cortando adentro, aunque las playas sean inmensas explosiones de humedad y azoro y en los caminos de regreso invada la sensación de que la trama continúa inacabada, reencarnada, siempre viva, como cuando era lo mismo aún no conocerte, ya te esperaba entonces, ya eras la misma, ya eres la misma. Pero tal vez la historia no es así yo te traía del brazo, es cierto, te traía danzando en medio de la promesa tus ojos me miraban engrandecidos y yo era férreo y mi sangre era salvaje más lo ocultaba, mis potros venían desde Gengis Khan para correr llanuras, y hoy, que traía a la princesa, lucían sus mejores trucos su pelaje más radiante. Pero el tiempo nos iba dividiendo y tú ibas afirmándote un poco más arriba con tu amor que ya era un río descendiendo suavemente hacia mí, y yo me oscurecía por estos caballos indomables que en mis párpados fermentaban la sentencia de un regreso. Cuántos amantes/ más tarde de mí mismo/ no odiaron dejarte en aquel aire, por unas noches de revivir un trote que tal vez nunca existió |