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Xalapa, Equez., Ver., lunes 6 de febrero de 2012.
Alta productividad, un riesgo para la literatura y el escritor: Maarten van Delden
*En la literatura siempre hay jerarquías, afirmó el doctor en Literatura Comparada
Maarten van Delden
Alma Espinosa
La constante aparición de escritores con obras que rápidamente escalan los primeros lugares de venta crean una duda en los estudiosos de la literatura, incluso llegan a crear sorpresa por la forma en que logran publicar uno y otro texto en poco tiempo.
Para Maarten van Delden, doctor en Literatura Comparada por la
Universidad de Columbia, Nueva York, Estados Unidos, es una sorpresa
encontrar a escritores que tienen tan alta productividad, “no entiendo
cómo le hacen”.
Van Delden, quien ofreció el curso “Los procesos de innovación en
la narrativa mexicana de los años cincuenta” en el Instituto de
Investigaciones Lingüístico-Literarias (IIL-L) de la Universidad
Veracruzana, comentó que con tantos textos se podría demeritar la
credibilidad literaria.
El académico de la Universidad de California, Los Ángeles, opinó
que la proliferación de textos también es un riesgo para la literatura y
para el escritor. Para abundar en este tema y otros de la literatura
mexicana vista desde el extranjero, entrevistamos al doctor.
¿Por qué considera que es un riesgo que los escritores publiquen con frecuencia?
Sospecho que los escritores sienten la necesidad de estar siempre
presentes porque hoy en día todo está relacionado con la publicidad.
Estar presente quiere decir estar en la imagen pública, atraer la
publicidad para que no se olviden de ti. Y en la medida en que las obras
literarias se escriben simplemente para generar la publicidad, hay una
merma en la calidad.
Admiro muchísimo al que escribió dos libros y que lo escrito
después no le gustó o no pudo terminarlo. Pero con esas dos obras
concibió un lugar importantísimo no sólo en la literatura mexicana sino
en la mundial.
A propósito de su referencia a Juan Rulfo, ¿considera que en México
todavía hay escritores de peso como él o como Carlos Fuentes, Octavio
Paz?
En la literatura siempre hay jerarquías, escritores que tienen
más éxito, que reciben más reconocimiento. Yo creo que quizás exista más
pluralidad en la literatura actual, pues hay muchas voces compitiendo
para conseguir la atención de los lectores, además de que ya no hay un
pequeño grupo de escritores que dominan el panorama.
Uno lo puede ver cuando compara los años sesenta y setenta de la
literatura hispanoamericana con la época actual. En esos años, cuando
estaba la época del boom había un grupo pequeño de cuatro o cinco
escritores que sí acaparaban la atención y que estaban un poco por
encima de los demás, se trataba de Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa,
Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y después venía José Donoso.
A pesar de que Fuentes sigue escribiendo, que tiene un mayor
prestigio y resonancia en el extranjero y que se traducen sus libros, su
papel en la literatura no es como el de antes, ha disminuido un poco, y
ahora existen muchos escritores.
En relación con el curso que ofreció a los alumnos del IIL-L donde habló
de la modernidad y posmodernidad, ¿en qué época de la literatura nos
encontramos ahora?
Es una pregunta muy difícil. Si pensamos en el asunto de los
periodos históricos, creo que todos los periodos son múltiples y
heterogéneos. Yo creo que esa idea es especialmente aplicable a la época
actual, porque me parece que muchos de los temas de la modernidad
siguen siendo vigentes.
Estoy pensando no en la modernidad literaria, sino en el tema de
la modernidad en sentido más amplio. Cuando hablamos de sociedades
modernas estoy de acuerdo con el sociólogo brasileño Jõan Mauricio
Domínguez, quien dice que el proyecto de modernidad en cuanto a expandir
la igualdad y la libertad es un proyecto que todavía está vigente.
En el plano de la literatura también es difícil porque ésta es
heterogénea. Que yo sepa obras como Pedro Páramo ya no se escriben. En
México hay escritores muy jóvenes, tenemos de la generación del crack,
la obra de Jorge Volpi que es muy distinta a lo que hemos estado
estudiando, ya que narra novelas en una forma muy entretenida. Pero uno
siente que son libros hechos para vender, para el mercado. Ésa ya es
otra idea de la función de la literatura. Para Rulfo no era importante y
mucho menos lo principal era vender novelas.
Hoy en día los escritores quizás estén más orientados hacia el
mercado. Sin embargo, al mismo tiempo vemos que Volpi también es un
escritor en cierto sentido experimentado, que juega con la forma. Él
cuenta que mucha gente piensa que el crack es un rechazo del boom y dice
que no es cierto; de hecho los escritores de su época se sienten
herederos del boom. Toda esa cuestión de la experimentación literaria,
del vanguardismo, ellos lo apropian y producen su propia versión de esas
tendencias vanguardistas.
Me parece que el panorama es complicado y múltiple. Por un lado,
yo diría que no hay ninguna etiqueta que se le pueda poner, veo que el
mercado literario se ha vuelto más importante; entonces, los escritores
escriben más para el mercado, para vender, eso parece que es mucho más
esencial en comparación con años anteriores. Por otro lado, veo un
compromiso con las cuestiones de forma, con el deseo de retar al lector,
de no hacerle al lector que todo sea fácilmente digerible.
En el curso también habló de la función de la literatura, ¿cuál es?
Yo no creo que la literatura tenga una sola función, creo que
tiene múltiples funciones, pero también depende del lugar, del momento
en el tiempo, de la persona. Para una persona puede tener cierta
función, para otra tiene otra función.
Admiro mucho a los escritores de la época del modernism (que no
es lo mismo que el modernismo), esos escritores vanguardistas. Aunque
creo que tenían, pensando en James Joyce, una visión demasiado
exclusivista de la literatura, que la literatura tenía que ser lo más
importante; el arte era lo más importante y se dedicaban de una forma
heroica.
A mí me interesa, me apasiona la literatura, pero no me parece
que es lo único. En ese sentido mi postura es más general. No es que sea
una devaluación de la literatura, es otra visión, que la literatura
tiene múltiples funciones. Puede servir para informar a la gente. La
literatura es una forma de comunicación, de conocer otros países.
La literatura también es entretenimiento. Estoy de acuerdo con
Volpi cuando dice que es bueno escribir buenas novelas y que sean
entretenidas, que capten la atención del lector, pero la literatura
también puede ser una forma de retar, desafiar al lector, de ver las
cosas de un modo distinto, romper tabúes.
Tiene muchas funciones, como dar placer. Recuerdo que Marcel Proust
decía que su novela en la que cuenta su autobiografía le sirviera al
lector para leerse a sí mismo también. De algún modo la literatura es
una forma de entender el mundo, pero también conocerse a sí mismo.
¿Cómo se ve desde el extranjero la contradicción: México es un país de
no lectores y al mismo tiempo de una amplia producción de libros?
Me he hecho muchas veces esa pregunta. Yo creo que es una
paradoja, que en un país con pocos lectores y pocas librerías exista un
sector literario tan fuerte, de tan alta calidad, porque hay escritores
jóvenes de muy alta calidad.
Desde fuera uno sí tiene la impresión de que a la literatura, a
la cultura y al trabajo intelectual se le da mucha importancia. Eso se
refleja en que el Estado otorga un apoyo a los escritores y a las
iniciativas culturales, lo que se ve en pocos países, incluso en Estados
Unidos.
El Estado mantiene un sector cultural muy importante con las
becas que da el Sistema Nacional de Creadores, también para académicos.
Además de que se promueven las ferias de libro, cuando México es
homenajeado en otros países el comité de escritores representantes es
amplio.
Yo creo que es como una herencia; algunos historiadores dicen que
es una herencia cultural que viene de la época colonial. El crítico
uruguayo Ángel Rama opina que la cultura letrada en América Latina
siempre tuvo una inmensa importancia. Él tiene una idea muy crítica de
esto porque considera que la cultura letrada se juntó con el poder y
básicamente impidió el progreso de las sociedades.
Yo veo como una cosa positiva que se impulse y se promueva la
cultura, pero claro que debería hacerse más. Si en las escuelas se lee
poca literatura me parece que el gobierno mexicano debería hacer algo al
respecto.
El gobierno no sólo debería dar becas a los escritores para que
escriban más, quizás eso también explica por qué escriben dos novelas
por año, pues no tienen que trabajar en otras cosas. El Estado también
debería promover entre los niños la lectura y el estudio de la
literatura.
¿Cómo ve la crítica de Estados Unidos a la literatura mexicana?
Yo diría que es variada por ser un país muy grande, es casi como
un continente. En los noventa había mucho interés y ahora pienso que hay
gente que trabajaba no sólo en literatura mexicana, sino en
hispanoamericana y en géneros menores como testimonio y crónica.
En este momento no creo que haya una línea dominante. Creo que
hay gran diversidad. Hay gente trabajando con autores canónicos como
Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes. También hay muchísimo
interés en temas de los que uno podría decir que están de moda.
Hay mucho interés en la literatura de la violencia, del
narcotráfico, como respuesta a la situación actual del país. A veces me
quedo sorprendido por críticos o estudiantes que escriben tesis de
doctorado sobre las últimas tendencias como las obras de Elmer Mendoza,
Eduardo Antonio Parra y todos estos escritores.
También lo que interesa son los estudios de la frontera, que es
algo un poco nuevo, de la literatura de la frontera; hay interés en
escritores que viven en el norte, como Luis Humberto Crosthwaite que es
de Tijuana o Heriberto Yépez que también es de allá. Ésa es posiblemente
otra tendencia. Quizá lo triste es que poca gente está trabajando
poesía, lo más común es trabajar en narrativa.
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