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¿El voto nulo es la opción?
Erick Alfonso Galán Castro
Hace algunos días he visto en las redes sociales sendos debates en torno a la pertinencia del voto nulo en las próximas elecciones. Como siempre, hay opiniones a favor, opiniones en contra, tal vez lo más rico de todos estos ejercicios es leer un debate elaborado por ciudadanos preocupados por la situación del país, en el cual todos promovemos soluciones y generamos participación.
En torno a esta pregunta, ¿Es viable el voto nulo
hacia la posibilidad de un cambio en México? Yo propongo humildemente
algunas reflexiones, sin afán de vender ideas ni de “hacerle el juego a
nuestro decadente sistema político”. Comencemos:
1)El voto nulo, frente a la posibilidad de votar,
no nos representa mayor poder de transformación. Hacia 2009, cuando
fueron las elecciones para la diputación federal, hubo una de las
campañas más intensas de promoción del voto nulo. La idea, para muchos
de los que participamos, era hacer ver a los partidos políticos nuestro
descontento ante su desempeño. Subimos imágenes invitando al voto nulo,
invitamos a las personas a “rebelarnos contra la partidocracia”, entre
otras actividades. ¿Cuál fue el resultado? Hubo un gran número de votos
nulos, el más alto de la historia del país (1.3 millones de ciudadanos
inconformes, según el IFE), pero aún así, hubo diputados electos. Entre
ellos el famosísimo “hermano incómodo” de Leonel Godoy, Julio Cesar
Godoy, acusado de operar políticamente para la familia michoacana. Así,
el voto nulo, frente a la decisión de votar, no había logrado más que
repetir lo que se buscaba impedir: hacer la concha de los políticos más
grande.
2)El voto nulo promueve una parcelización de la
ciudadanía frente a la necesidad de su participación en todos los
ámbitos de la vida pública. Existen tres sectores importantes de la
sociedad, en términos de la vida pública: la sociedad política (clase
política pugnando por el poder del Estado), sociedad civil (ciudadanos
buscando la regulación de las actividades de la clase política, así como
el mejoramiento de la calidad de vida) y la sociedad económica
(empresarios y trabajadores, buscando mejores condiciones de ganancia en
el mercado). Una de las alternativas que se han discutido para la
construcción de una democracia integral ha sido la de fomentar la
participación de la ciudadanía en todo acto dentro de la esfera pública;
no solo a nivel electoral, sino también en el control de las acciones
de los agentes estatales, en la movilización social, en la promoción de
una ciudadanía informada, etc. Al generar el voto nulo, evitamos que la
ciudadanía busque por su parte las propuestas (“para qué conocer a los
candidatos, si son lo mismo… mejor voto nulo), banalizamos la
importancia del derecho a votar cuando en otros momentos históricos era
algo inimaginable y nos encarrilamos a lo que podría llamarse, un
“conformismo electoral inactivo”. En general, truncamos la posibilidad
de una ciudadanía plenamente activa. Tal vez votar tampoco sea la
panacea final de nuestros problemas, pero sigo sin creerme que el voto
nulo sea la gran opción.
3)La frase de Marta Lamas. Ante los debates sobre
el votar o no votar (propuestos casi siempre desde la izquierda, con
eso de que es de lo más variopinta), la antropóloga feminista ha
rematado con esa reflexión: si los izquierdistas anulan, y los
derechistas votan, ¿Qué futuro nos espera? A decir verdad, ese ha sido
uno de los fuertes dilemas de la izquierda en el país. Aún cuando
algunos sectores pudieron lograr conjuntarse para formar un partido
político (el PRD), otros tantos, como el Neozapatismo, la izquierda “en
la calle”, algunas ONG’s y otros, se han reusado a la conformación de un
frente común (sus razones tienen, por supuesto). En cambio, la derecha y
los poderes fácticos de la sustentan, han logrado consolidar una base
importante de electores que les han hecho ganar elecciones en los tres
niveles de gobierno (y ahora hasta en las elecciones de agentes
municipales, por lo menos en el caso del estado de Veracruz). Si voto,
de todas maneras no ganará la izquierda, podrían decir los pro-voto
nulo, pero lo malo es que en los partidos de derecha (declarada: PAN, de
facto: PRI) no se preocupan por esas cosas y generan estructuras
electorales tan sólidas que podrían perpetuarse aún más tiempo.
4)¿Sustentar la “decadencia del sistema? Hace
algunos años, votar no era una opción frente a las eventuales
imposiciones de gobernantes autoritarios. No vayamos solo a México, sino
a otros países latinoamericanos: el Brasil de los gorilas, Argentina la
de los militares represores, el Chile de la época de Pinochet, etc.
Mediante la acción integral de movilizaciones sociales, modelos
innovadores de participación ciudadana y la participación electoral
pudieron sofocar el autoritarismo e implantar gobiernos progresistas
(con todo y sus limitaciones, pero que son ejemplos del subcontinente).
Al invitar a votar nulo, tampoco reventamos por completo al sistema
(palabra que remite a esa entidad metafísica que a los globalifóbicos
les da temor, como el coco), sino que lo dejamos correr igual, con la
salvedad de que nos lavamos las manos y nos mantenemos ajenos al
cochinero del sistema. Dado que ese argumento sustenta posiciones
puristas, y en la realidad no existen los extremos, sigo sin comprarla.
Así entonces, creo que en esos términos, votar
nulo no se puede alzar como “la gran panacea” del cambio político y
social en nuestro país. De hecho, como formas de participación, tienen
igualmente pros y contras. Como personas interesadas en el estudio de lo
político, algunos coincidimos en que estas posiciones son solo parte de
todo un proceso de construcción democrática, por lo tanto este volado
no se resuelve en el terreno de la teoría política. Al final, queda la
respuesta en la ciudadanía informada, en aquellos que, desde sus
trincheras, participan y dialogan para construir un mejor futuro.
¿Usted, qué opina?
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