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La Búsqueda. 1 PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Consuelo Ocampo   
Monday, 17 de December de 2007
La izquierda Mexicana en los albores del Siglo XXI
La lectura de este libro de Enrique Semo, que tiene como título sugestivo la búsqueda, significó para mí un reencuentro muy placentero con el autor y con su obra. Durante los setentas y ochentas, el estudio de su obra fue para mí un recurso constante e invaluable para mi formación académica y de militante. Ahora mismo vienen a mi memoria sus ensayos sobre el concepto marxiano de Modo de Producción, o sus brillantes y bien documentadas discusiones sobre el Capitalismo Monopolista de Estado en México y sobre la crisis económica de los setentas y ochentas. Escribir un libro, sobre todo si se trata de un texto propositito constituye un esfuerzo intelectual y de generosidad, por ello quiero agradecer a Semo por este regalo que nos hace a todos los que estamos preocupados por el presente y el futuro de la izquierda en México. Disfruté mucho su lectura y por ello quiero invitar a los lectores de esta revista, sobre todo a los jóvenes, a que también lo hagan.
1. El libro

Este es un libro polémico cuya lectura me parece indispensable para entender muchos de los problemas y contradicciones que hoy por hoy vive la izquierda en nuestro país y para la reconstrucción no sólo del pensamiento de izquierda, sino lo que es más importante, para la construcción de su futuro. Aporta elementos importantes para empezar redefinir un proyecto de futuro plenamente enraizado en el presente y en el balance crítico del pasado. Traza líneas importantes en torno a las cuales puede irse tejiendo el análisis y el debate sobre las tareas y el devenir de la izquierda en México en los albores del nuevo siglo. Congruente con su título, la búsqueda no pretende ofrecer un mapa detallado de ese devenir; se enfoca más bien a  trazar algunas rutas para iniciar justamente eso, la búsqueda de un reencuentro crítico con el pasado de la izquierda y sus valores y de un nuevo norte que le permita superar el pragmatismo y el inmediatismo en el cual se encuentra atrapada en nuestros días. Desde mi punto de vista, este libro constituye un indudable aporte a la dimensión intelectual de la tarea que el autor denomina de “la reconstrucción de una izquierda democrática y moderna a la altura del XXI”.

Congruente con dos cualidades de su autor, la de ser un intelectual agudo con sólida formación académica y un intelectual orgánico, esa especie en peligro de extinción, el libro se ocupa, no sólo de la narrativa histórica o del análisis y la reflexión de importantes temas del debate actual, sino además, de trazar rutas para la construcción de una propuesta programática desde la visión de la izquierda y para la construcción de estrategias que le permitan recuperar el rumbo. Podemos no estar de acuerdo con muchas de sus apreciaciones, pero reconocer que constituyen ejes importantes para la discusión en ese sentido.

Así, solo por citar algunos ejemplos, su lectura me permitió identificar una tesis en la que propone la centralidad del parlamentarismo de izquierda en la lucha del México de hoy (27), una más en la que sostiene que “para el socialismo democrático, la estrategia que mejor une al presente con el futuro socialista es actualmente la radicalización de la democracia... La articulación de la democracia social y económica con los principio del gobierno representativo, los derechos humanos y la democracia participativa es la mejor esperanza de la reconstrucción del proyecto de la izquierda.” (24) o aquella otra en la que propone que la nueva izquierda “...debe presentar proyectos para la nación”, que tracen una estrategia para reanudar el crecimiento económico, combatir la desigualdad, ampliar la democracia y forjar un lugar más favorable para México en el proceso de globalización.” (27). Dicha estrategia reformista, sostiene, necesita de “... un partido capaz de mantener un rumbo estratégico y pensar a mediano y largo plazo; movimientos sociales celosos de su autonomía, de las alianzas y candidatos prestigiados en la sociedad (31).

 

2. El partido de izquierda

Esta propuesta nos obliga a preguntarnos ¿es el PRD ese partido que necesita la izquierda reformista o izquierda democrática de la que habla el autor? O bien ¿ese partido de la izquierda democrática, como expresión partidaria y plural de todas las izquierdas que hoy por hoy existen en el país, constituye una tarea por realizar? Si coincidimos con algunas de las caracterizaciones que de ese partido hace del autor, concluiremos que ese partido constituye más bien una tarea por realizar.

Sin embargo, es en este aspecto donde particularmente llamó mi atención sus diversas y a veces contradictorias tesis en torno a la caracterización del PRD. Así, a lo largo de sus primeras cien páginas, nunca se refiere a él como un partido de izquierda sino como “un partido parlamentario abierto a las ideas de izquierda”, “ o como “primer partido electoral de masas influido por ideas de izquierda y del populismo”(20) o bien como un resultado de la fusión de la izquierda y el nacionalismo revolucionario. Más adelante incluso lo caracteriza como “una federación que designamos con el nombre de partido” (130).

Cuando reflexiono e incluso comparto estas caracterizaciones que hace del PRD, me siento apoyada en mi convicción personal de este momento de que el PRD no es ese partido que requiere la renovación de la izquierda en México. Creo por otro lado, que una buena parte de la izquierda parece compartir esta convicción desde el momento en que muchos de sus representantes han abandonado sus filas en medio del hostigamiento y la exclusión, o han empeñado sus esfuerzos en la formación otras agrupaciones partidarias como el Partido Democracia Social y el de México Posible.

Sin embargo, a partir de la página 109 donde aborda el análisis del “Centauro llamado PRD” ya no lo caracteriza sólo como partido parlamentario, sino que, luego de identificarlo con la figura mitológica por ser “...una organización en la cual conviven los impulsos de una izquierda moderna con las lacras del viejo PRI y de la vieja izquierda”, lo define como “el primer gran partido parlamentario y de gobierno de la izquierda mexicana” y el apartado en el que se ocupa de narrar los indiscutibles méritos de su trabajo parlamentario aparece bajo el título de “la izquierda en el parlamento”, así mismo, cuando finalmente aborda los problemas de la estructura y la vida interna de ese instituto político, nos dice que “uno de los grandes problemas del partido de la izquierda mexicana es la proliferación y el poder de las facciones...” etc. (130). Así pues creo que en el libro la pregunta ¿es o no el PRD un partido de izquierda? queda sin resolverse, más bien sus múltiples respuestas dejan abierto el debate de la cuestión. Esto no tiene que ser visto necesariamente como defecto, sino como expresión del estado que guarda el desarrollo de estas ideas en el autor e incluso, del estado de indefinición en que se encuentra este partido. En este sentido, le viene bien la metáfora del Centauro.

Más aún, los bochornosos escándalos de corrupción en que se ha visto envuelto este partido a nivel nacional, los cuales nos llenan de vergüenza y coraje, lo mismo que el comportamiento político que por años ha observado este partido en el Estado de Veracruz, donde no conocemos una sólo iniciativa parlamentaria o de gobierno que se pueda caracterizar como de izquierda y donde, la coalición para encarar las elecciones puso en el centro del debate la distribución de los ayuntamientos entre los partidos sin importar el programa político, el desprestigio y la dudosa honestidad de sus más importantes candidatos, nos hace dudar de cualquier esperanza de renovación del PRD para que pueda corregir el rumbo y convertirse en una expresión partidaria con identidad y vocación democrática y de izquierda, desde donde se pueda impulsar lo que el autor propone como “la reconstrucción de una izquierda democrática y moderna para México a la altura del XXI”(22)

Como no hay espacio para comentar otras muchas cuestiones importantes que aporta este libro de Semo para el debate del futuro de la izquierda, en adelante sólo ocuparé de lo que el autor propone en el primer capítulo del libro que estamos comentando y cuyo contenido me parece particularmente generoso.

 

3. La Reconstrucción de la esperanza y su articulación con la utopía

a) La esperanza

Después de la caída del Muro de Berlín una inmensa niebla pobló la conciencia de muchos de los que por años habíamos militado en las filas de la izquierda socialista inspirados en sus ideales. Esa inmensa niebla estaba compuesta por una mezcla de decepción, desencanto, desconfianza, desesperanza y de la duda sobre la capacidad del ser humano para darse a si mismo sociedades más justas y en las posibilidades de un mundo libre de la explotación y la opresión. Muchas esperanzas se vieron sepultadas, particularmente para la izquierda socialista que junto con la caída del Muro de Berlín, la desintegración de la Unión Soviética y de la quiebra de los países del llamado “socialismo real”, constató el derrumbe de sus utopías y el advenimiento de la hegemonía del neoliberalismo, los cambios de la globalización y sus consecuencias devastadoras para la mayoría de los seres humanos, así como la imposición dominante del liderazgo mundial de Estados Unidos . “¿Cómo ver más allá de esa densa niebla?” nos pregunta el autor, y la respuesta que ofrece nos convoca a la reflexión pero sobre todo despierta nuestra simpatía y plena coincidencia. “Lo primero que necesitamos (nos dice) es reconstruir la esperanza, el anhelo y la confianza en la posibilidad de un futuro personal digno, un México mejor y un mundo más humano” (36). Esta reconstrucción de la esperanza, agrega, “exige un triple esfuerzo: reavivar los valores cuestionados, renovar las formas de pensar e inventar el futuro” (36).

Yo agregaría, como de hecho también lo sugiere el autor en más de una ocasión a lo largo de su libro, que la reconstrucción de la esperanza, requiere también de la revisión crítica del pasado y sus ideales, para identificar las enseñanzas que nos deja y rescatar lo rescatable y necesario para iniciar de nuevo el viaje de la búsqueda de un mejor provenir. No hay esperanza ni futuro sin memoria y en ello la experiencia y el espíritu crítico que ha caracterizado a la izquierda está llamado a jugar un papel relevante.

 

b) La utopía.

Tampoco hay esperanza ni visión de futuro, sin utopía. Esta es definida por el autor “Como crítica  del presente y propuesta que va más allá de lo actualmente posible.... Para el pensador político (nos dice) es la expresión de los anhelos y los sueños no realizados que alberga la conciencia colectiva” (61).

De los dos tipos de utopías a las cuales hace referencia, coincidimos con Semo en preferir aquella que “...sostiene la posibilidad de un mundo mejor, un futuro diferente en el que las contradicciones fundamentales del presente han sido resueltas... que no aspira a desaparecer todas las desgracias humanas, pero si aquellas que se deben a defectos de las instituciones sociales, políticas y económicas.” (61-62).

Ignoro las razones por las cuales Semo no define a esta su propuesta de utopía como socialismo aun cuando se declara como socialista por “tradición cultural, historia personal y visión del futuro” (23) Pero desde mi punto de vista, el contenido fundamental de esa utopía no puede ser otro que el socialismo. Esta utopía, tal y como fue pensada por sus creadores originarios, no se sustentó en “principios inventados” (aun cuando todo utopía requiere de una buena dosis de invención creativa que se nutre de los sueños y anhelos) ni se planteó ignorando “las condiciones reales y el movimiento histórico” sino que devino de la crítica tenaz y aguda del capitalismo y sus contradicciones.

Es cierto que hoy no se puede ser socialista como se era antes de la caída del Muro de Berlín(23). Pero también es cierto que los interesados en la reconstrucción no sólo de la izquierda, sino de su corriente socialista, debemos preguntarnos: ¿qué de los valores que definieron al socialismo, como corriente ideológica desde mediados del siglo XIX pueden ser vigentes para la reconstrucción de la utopía socialista para el siglo XXI? Aun cuando sea difícil prever como será esa sociedad en todos sus detalles, es igualmente cierta y convincente para mi su idea en el sentido de que “sólo la fusión de los ideales del pasado y las promesas de futuro pueden proporcionar una base para la reconstrucción de la esperanza” (48).

Hoy se requiere poner a debate la refundación de la utopía socialista, ¿cómo podemos trazar los rasgos fundamentales de esa utopía socialista para el S. XXI? no como proyecto acabado, ni “futuro luminoso” o paraíso terrenal inamovible. El mundo perfecto, la sociedad perfecta, constituyen falacias que niegan la dialéctica de la realidad y del pensamiento en la que se funda la acción transformadora de los seres humanos en la historia. Pero que tampoco puede ser pensada con la ambigüedad que sugiere Semo, como una “utopía abierta y pluralista”. Si con ello se quiere destacar la idea de la apertura y el respeto a la pluralidad étnica, nacional, cultural, lingüística, religiosa o ideológica, personalmente no creo tener problemas para coincidir. Sin embargo, la utopía para poder jugar su papel de crítica del presente y visión de futuro, así como su papel movilizador de la conciencia y la acción, requiere que los trazos principales de sus rasgos estén al menos bosquejados; un proyecto que pueda ser creíble y apoyado por la acción y la lucha de hombres y mujeres para que pueda realizarse.

Esta tarea de reconstrucción de la utopía es posible si compartimos con Semo la certeza de que “... el fracaso de los grandes ensayos socialistas del S. XX no impide su posible éxito en el S XXI” (24).
 
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