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Carlos Fuentes, Veracruz y la UV
Raúl Arias Lovillo
Rector de la Universidad Veracruzana
Estos han sido días amargos y tristes. Ha muerto Carlos Fuentes y México pierde a uno de sus hijos más conspicuos; la literatura y el pensamiento universal, a uno de sus grandes creadores y ensayistas. Veracruz, al más célebre de sus hijos adoptivos por su propio albedrío, y la Universidad Veracruzana al más ilustre miembro de su claustro.
En su obra literaria que marco la segunda parte del siglo mexicano, Los días enmascarados, La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Cambio de piel, entre muchas otras, Fuentes plantó una narrativa sembradora de modernidad; irrumpió con la fuerza rupturista del lenguaje y la vieja narrativa nacionalista. Fuentes añadía a esa literatura, sus visiones culturales cosmopolitas y la actitud de un intelectual comprometido.
Tenía, por lo tanto, posturas y definiciones sobre la realidad del país y hacía especiales comentarios sobre América Latina.
Permítanme recordarlo primero a través de su
pensamiento. Fuentes tenía la férrea convicción de que la estabilidad
política, los logros democráticos y el bienestar económico sólo se
sostendrían si hay un acceso creciente de la población a la educación.
Para Latinoamérica, Fuentes vislumbraba en la educación la base de un
futuro promisorio. Escribió: “No hay progreso sin conocimiento y no hay
conocimiento sin educación” (ibídem, p. 67).
Con la fuerza y el ingenio característicos de su
pluma en esa magnífica obra titulada En esto creo, dedicada a la
memoria de su querido hijo Carlos Fuentes Lemus, escribió reflexiones
premonitorias:
El futuro de América Latina se ilumina cada vez que un maestro recibe
mejor entrenamiento, mejora su estatus y aumenta su presencia social.
Además, en el acelerado pero aún difícil proceso de democratización de
nuestros países, el maestro tiene el derecho de todo ciudadano de
participar en política, pero también tiene una obligación más exigente
de ampliar en la clase el concepto de politización, más allá de la
militancia partidista, pero no por la vía de una abdicación o un
disimulo, sino mediante la inteligencia de que es en la escuela donde se
implanta el concepto de politización, trasladándolo del concepto de
poder sobre la gente al de poder con la gente. Hoy, la ampliación de la
democracia en la escuela consiste en saber qué es el poder; cómo se
distribuye entre individuos, grupos y comunidades; cómo se reparten los
recursos de países ricos poblados por millones de pobres; y entender que
la militancia ciudadana no se limita a los partidos, sino que se puede
ejercer, efectivamente y en profundidad, desde la pertenencia a clase
social, sexo, barrio, etnia o asociación.
Además de que era hombre de ideas avanzadas, tenía una enorme fe en la
fuerza de las ideas. Estimuló a las nuevas generaciones de escritores.
Tenía una afinidad natural con los universitarios y con las casas de
estudio superior. Él decía que “para que la cultura viva, son
indispensables espacios universitarios en los que prive la reflexión, la
investigación y la crítica, pues éstos son los valladares que debemos
oponer a la intolerancia, al engaño y a la violencia.”
Leer, estudiar y analizar su pensamiento,
reflexionar sobre sus ideas, es una experiencia aleccionadora.
Particularmente para los jóvenes, estaban dirigidas sus palabras.
La universidad está llamada, por su nombre mismo, a
mediar entre las culturas, desafiando prejuicios, extendiendo nuestros
límites, aumentando nuestra capacidad para dar y recibir y nuestra
inteligencia para entender lo que nos es ajeno.
En la universidad podemos abrazar la cultura del Otro a fin de que los Otros puedan abrazar nuestra cultura.
Esa era uno de sus mensajes que quiero recuperar ahora, un mensaje que
no tiene fronteras en el tiempo ni en el espacio. En él reflejaba el
aprecio por el bien, por la inteligencia, por la tolerancia, valores que
nos transmitió Carlos Fuentes.
Fuentes veracruzano
En los últimos años de su vida Carlos Fuentes volvió a sus raíces.
Consideraba a Veracruz su tierra de adopción y a la Universidad
Veracruzana como el claustro donde volcaba memoria, emoción y talento
intelectual.
Como se han de imaginar, con profunda tristeza los
veracruzanos y los universitarios recibimos la noticia de su inesperado
y sorpresivo fallecimiento. En el año 2000, cuando la Universidad
Veracruzana, durante el rectorado de Víctor Arredondo le entregó el
grado de doctor Honoris Causa, en aquella ceremonia de investidura,
Fuentes dio a conocer una decisión que reflejaba su gran afecto hacia
nuestra institución. Entonces dijo: “Mi esposa Silvia heredará mi
biblioteca personal, pero cuando ni ella ni yo estemos aquí, mi
biblioteca íntegramente pasará a formar parte del acervo bibliográfico
de esta casa de estudios”.
Aquí empezó una relación entrañable y fructífera
con nuestra casa de estudios. Surgió primero la iniciativa de nuestra
Editorial de crear la Colección Carlos Fuentes, dedicada a difundir
–principalmente entre los lectores universitarios– los gustos, las
preferencias y las influencias literarias de nuestro gran escritor.
De los lazos fraternales que se fueron consolidando, fue posible que
naciera en nuestro claustro académico la Cátedra que lleva su nombre, y
que se ha proyectado al ámbito continental con el apoyo de numerosas
universidades mexicanas y de diversos países.
Hace apenas unas semanas, con motivo de la
celebración de la segunda versión de la Cátedra, inauguramos en la USBI
de Xalapa la Sala que lleva el nombre de su hijo, Carlos Fuentes Lemus.
Entonces dijo sobre su hijo fallecido: “era un chico muy despierto y
querido por nosotros y por todos los que lo conocieron de manera que
tanto mi tío mayor como mi hijo sentimos que estamos todos aquí
representados por mí en este recinto en el que nos celebra a todos como
hermanos, como padres, como hijos, como parte de la gran familia
veracruzana”.
Con la Universidad Veracruzana, Carlos Fuentes fue
siempre generoso. Estuvo con nosotros para dialogar con los autores
que comentaban su obra y sus conferencias fueron grandes lecciones de
literatura universal. Compartió con nuestra comunidad experiencias,
tramos, anécdotas de su vida que forman parte de la biografía de un
escritor universal. Nos entregó, sin pedir nada a cambio, sus palabras
sabias, su cultura avasallante y, por que no decirlo, su amistad.
Y bien sabemos lo que Fuentes decía y sentía por el valor de la amistad.
Por ello me atrevo a decir de forma muy personal
que muchos, como yo, los que tuvimos el privilegio de contar con su
amistad, nos está dado vivir a través de su majestuosa obra y hacer
todo lo que esté de nuestra parte para que el legado intelectual y
literario de Carlos Fuentes, perdure en la memoria de las futuras
generaciones.
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