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Carlos Fuentes, Veracruz y la UV PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Raúl Arias Lovillo   
Sunday, 20 de May de 2012
Carlos Fuentes, Veracruz y la UV

Raúl Arias Lovillo
Rector de la Universidad Veracruzana

Estos han sido días amargos y tristes. Ha muerto Carlos Fuentes y México pierde a uno de sus hijos más conspicuos; la literatura y el pensamiento universal, a uno de sus grandes creadores y ensayistas. Veracruz, al más célebre de sus hijos adoptivos por su propio albedrío, y la Universidad Veracruzana al más ilustre miembro de su claustro.
 
En su obra literaria que marco la segunda parte del siglo mexicano, Los días enmascarados, La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Cambio de piel, entre muchas otras, Fuentes plantó  una narrativa sembradora de modernidad; irrumpió  con la fuerza rupturista del lenguaje y la vieja narrativa nacionalista. Fuentes añadía a esa literatura, sus visiones culturales cosmopolitas y la actitud de un intelectual comprometido.
 
Tenía, por lo tanto, posturas y definiciones sobre la realidad del país y hacía especiales comentarios sobre América Latina.
 
Permítanme recordarlo primero a través de su pensamiento. Fuentes tenía la férrea convicción de que la estabilidad política, los logros democráticos y el bienestar económico sólo se sostendrían si hay un acceso creciente de la población a la educación. Para Latinoamérica, Fuentes vislumbraba en la educación la base de un futuro promisorio. Escribió: “No hay progreso sin conocimiento y no hay conocimiento sin educación” (ibídem, p. 67).
 
Con la fuerza y el ingenio característicos de su pluma en esa magnífica obra titulada  En esto creo, dedicada a la memoria de su querido hijo Carlos Fuentes Lemus, escribió reflexiones premonitorias:

El futuro de América Latina se ilumina cada vez que un maestro recibe mejor entrenamiento, mejora su estatus y aumenta su presencia social. Además, en el acelerado pero aún difícil proceso de democratización de nuestros países, el maestro tiene el derecho de todo ciudadano de participar en política, pero también tiene una obligación más exigente de ampliar en la clase el concepto de politización, más allá de la militancia partidista, pero no por la vía de una abdicación o un disimulo, sino mediante la inteligencia de que es en la escuela donde se implanta el concepto de politización, trasladándolo del concepto de poder sobre la gente al de poder con la gente. Hoy, la ampliación de la democracia en la escuela consiste en saber qué es el poder; cómo se distribuye entre individuos, grupos y comunidades; cómo se reparten los recursos de países ricos poblados por millones de pobres; y entender que la militancia ciudadana no se limita a los partidos, sino que se puede ejercer, efectivamente y en profundidad, desde la pertenencia a clase social, sexo, barrio, etnia o asociación.

Además de que era hombre de ideas avanzadas, tenía una enorme fe en la fuerza de las ideas. Estimuló a las nuevas generaciones de escritores. Tenía una afinidad natural con los universitarios y con las casas de estudio superior. Él decía que “para que la cultura viva, son indispensables espacios universitarios en los que prive la reflexión, la investigación y la crítica, pues éstos son los valladares que debemos oponer a la intolerancia, al engaño y a la violencia.”
 
Leer, estudiar y analizar su pensamiento, reflexionar sobre sus ideas, es una experiencia aleccionadora. Particularmente para los jóvenes, estaban dirigidas sus palabras.
 
La universidad está llamada, por su nombre mismo, a mediar entre las culturas, desafiando prejuicios, extendiendo nuestros límites, aumentando nuestra capacidad para dar y recibir y nuestra inteligencia para entender lo que nos es ajeno.
En la universidad podemos abrazar la cultura del Otro a fin de que los Otros puedan abrazar nuestra cultura.

Esa era uno de sus mensajes que quiero recuperar ahora, un mensaje que no tiene fronteras en el tiempo ni en el espacio. En él reflejaba el aprecio por el bien, por la inteligencia, por la tolerancia, valores que nos transmitió Carlos Fuentes.

Fuentes veracruzano

En los últimos años de su vida Carlos Fuentes volvió a sus raíces. Consideraba a Veracruz su tierra de adopción y a la Universidad Veracruzana como el claustro donde volcaba memoria,  emoción y talento intelectual.
 
Como  se han de imaginar, con profunda tristeza los veracruzanos y los universitarios recibimos la noticia de su inesperado y sorpresivo fallecimiento. En el año 2000, cuando la Universidad Veracruzana, durante el rectorado de Víctor Arredondo le entregó el grado de doctor Honoris Causa, en aquella ceremonia de investidura, Fuentes dio a conocer una decisión que reflejaba su gran afecto hacia nuestra institución. Entonces dijo: “Mi esposa Silvia heredará mi biblioteca personal, pero cuando ni ella ni yo estemos aquí, mi biblioteca íntegramente pasará a formar parte del acervo bibliográfico de esta casa de estudios”.
 
Aquí  empezó una relación entrañable y fructífera con nuestra casa de estudios. Surgió primero la iniciativa de nuestra Editorial de crear la Colección Carlos Fuentes, dedicada a difundir –principalmente entre los lectores universitarios– los gustos, las preferencias y las influencias literarias de nuestro gran escritor.
De los lazos fraternales que se fueron consolidando, fue posible que naciera en nuestro claustro académico la Cátedra que lleva su nombre, y que se ha proyectado al ámbito continental con el apoyo de numerosas universidades mexicanas y de diversos países.
 
Hace apenas unas semanas, con motivo de la celebración de la segunda versión de la Cátedra, inauguramos en la USBI de Xalapa la Sala que lleva el nombre de su hijo, Carlos Fuentes Lemus. Entonces dijo sobre su hijo fallecido: “era un chico muy despierto y querido por nosotros y por todos los que lo conocieron de manera que tanto mi tío mayor como mi hijo sentimos que estamos todos aquí representados por mí en este recinto en el que nos celebra a todos como hermanos, como padres, como hijos, como parte de la gran familia veracruzana”.
 
Con la Universidad Veracruzana, Carlos Fuentes  fue siempre generoso.  Estuvo con nosotros para dialogar con los autores que comentaban su obra y sus conferencias fueron grandes lecciones de literatura universal. Compartió con nuestra comunidad experiencias, tramos, anécdotas de su vida que forman parte de la biografía de un escritor universal. Nos entregó, sin pedir nada a cambio, sus palabras sabias, su cultura avasallante y, por que no decirlo, su amistad.
 
Y bien sabemos lo que Fuentes  decía y sentía por el valor de la amistad.
 
Por ello me atrevo a decir de forma muy personal que muchos, como yo, los que tuvimos el privilegio de contar con su amistad, nos está dado vivir a través de  su majestuosa obra y hacer todo lo que esté de nuestra parte para que el legado intelectual y literario de Carlos Fuentes, perdure en la memoria de las futuras generaciones.
 
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