RokSlideshow - http://www.rocketwerx.com


Inicio
Antropología Jurídica PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Irene Guadalupe Juárez Ortiz   
Monday, 08 de February de 2010

De los “corazones enojados” a los tribunales urbanos

Antropología Jurídica en la ciudad

Irene Guadalupe Juárez Ortiz

El verdadero problema no es estudiar la manera cómo la vida humana se somete a las reglas –simplemente, no se somete-; el verdadero problema es cómo las reglas se adaptan a la vida (MALINOWSKI, 1956)
 
Desde mis primeros acercamientos a la antropología las cuestiones jurídicas fueron de mi interés por la complejidad que encierra su estudio; debido principalmente a que miles de personas acuden diariamente a las instancias estatales buscando una solución a una controversia, misma que la mayoría de las veces marcará el resto de su vida.

La fascinación por el tema se reforzó al realizar mi tesis de licenciatura en el Tribunal Superior de Justicia de Querétaro, en el área del Centro de Mediación, en donde tuve la oportunidad de oír diversas historias desgarradoras y otras netamente esperanzadoras, de personas cuyos conflictos lograban estremecerme por los argumentos que cada disputante vertía y que se enmarcaban en un contexto de relaciones fracturadas por las condiciones socioeconómicas.
Fue entonces cuando decidí que esta era el área de la antropología en donde quería profundizar a lo largo de mi vida académica, consideré entonces entrar al posgrado de CIESAS-Golfo donde se ofrecía la línea de antropología jurídica y política; al paso del tiempo, dicha maestría me ha ayudado a comprender que la riqueza de esta subdisciplina no radica tan sólo en estudiar el vínculo entre el derecho y la cultura en un entorno social, sino que más allá de esto, busca recuperar el aspecto humano entorno a las cuestiones jurídicas, precisamente ese aspecto del derecho que los abogados dejan de lado en su tumultuosa marcha por la búsqueda de un veredicto a su favor, y que las instituciones del estado frecuentemente olvidan entre cifras y estadísticas.

La pregunta que rondaba mi cabeza en este sentido era cómo estudiar las cuestiones jurídicas urbanas desde la antropología, cuando los ojos de los antropólogos jurídicos casi exclusivamente han concentrado sus esfuerzos en estudiar los entornos indígenas y campesinos en nuestro país. Ante esta pregunta, mi actitud había sido un poco de desconsuelo al no encontrar textos que abordaran ámbitos urbanos; sin embargo, con el paso del tiempo los cursos recibidos y la orientación de mi asesora de tesis, he ido comprendiendo que mi visión no sólo era pesimista, sino increíblemente absurda, ya que todo el conocimiento acumulado en las lejanas regiones del país podía ser aplicado a esta problemática con las salvedades en cada caso.

En este contexto el presente texto tiene como finalidad exponer brevemente algunas nociones respecto a la forma de aplicar los conocimientos recopilados por los antropólogos jurídicos para el estudio de los fenómenos jurídicos en zonas urbanas.

Los antecedentes de la antropología jurídica

La primera pregunta que es preciso responder es ¿cómo se vincula la antropología y el derecho? de acuerdo con Esteban Krotz (2002), la antropología desde sus orígenes estuvo estrechamente relacionada con el derecho, debido principalmente a su contexto de surgimiento en el periodo colonial, dicho autor coincide con Collier (1995) al señalar que, en sus inicios, dicho vínculo estuvo marcado por el interés de los oficiales coloniales por conocer y discernir qué costumbres nativas eran o no normas jurídicas que debían cuidarse para mantener el control social; situación que cambió radicalmente cuando se desarrolló el proceso de descolonización, en el cual los nuevos Estados buscaron su propia regulación.

Ahora bien, en lo que se refiere al acercamiento antropológico a los fenómenos jurídicos, Krotz señala que este es elaborado “desde fuera”, comprendiendo el derecho como un aspecto de la realidad social y cultural, razón por la cual el objetivo no es construir modelos de aplicación general, sino mostrar cómo los sistemas jurídicos está insertos en las redes de la cultura y el poder; lo importante por tanto no es  evidenciar el hecho de que la ley existe en toda sociedad, sino mostrar que en cada caso la justicia significa cosas distintas.

En este contexto, los antecedentes de la antropología jurídica, de acuerdo con De la Peña (2002), pueden plantearse en la búsqueda de los fundamentos históricos y epistemológicos del dominio de la ley, de manera que los teóricos que han abanderado los principales debates en esta subdisciplina han sido los binomios de Maine-Durkheim en el surgimiento de las ciencias sociales europeas; Malinowski-Radcliffe-Brown desde la antropología empírica, y Bohannan-Gluckman cuyas obras estuvieron enfocadas en la comprensión de la resolución de conflictos.

Si bien es cierto que todos y cada uno de ellos han contribuido con grandes aportes a la discusión, en esta ocasión quiero retomar brevemente la obra de Malinowski, ya que  su lectura me ayudó a comprender algunos de los elementos más importantes entorno a estos temas, y cuya obra Crimen y costumbre en la sociedad salvaje (1956) se ha convertido en un clásico, considerado así por la sensibilidad personal mostrada por el autor para comprender la vida, así como su capacidad idiosincrática para experimentar, comprender y conocer la realidad social (Alexander, 1992) contribuyendo de esta manera singular y permanente al conocimiento de lo jurídico.

Entrando en materia, seleccioné la obra de Malinowski porque en ella el autor realiza una importante crítica a las nociones hegemónicas sobre el derecho en sociedades no occidentales que operaban en su época. Esta obra analiza el derecho “salvaje” de los habitantes de las Islas Trobriand llegando a interesantes conclusiones a través de su análisis y debate con  los autores de ese momento.

Una de estas nociones confrontada por Malinowski es la que señalaba que los sujetos “primitivos” cumplían la ley por una cuestión “natural”, a modo de impulso, de manera que lo hacían era exclusivamente seguir la norma “como un esclavo” o “por inercia mental” o por un “mero sentimiento” (Ibidem: 28), él en cambio, se cuestionaba si un sentimiento podía hacer cumplir los deberes y obligaciones irritantes y difíciles, y consideró que era preciso tener en cuenta que la amenaza de coerción y el miedo al castigo no eran lo único que movía al cumplimiento de las normas a los sujetos “salvajes”, ni a los “civilizados”, sino que también su cumplimiento pude deberse a razones morales, sentimentales o prácticas, pero en ningún caso por cuestiones “espontáneas”.

Este punto me parece fundamental ya que nos exige trascender el machacón argumento de los abogados de que las normas legales son seguidas por los sujetos por el temor del uso de la violencia del Estado (Weber, 1987), para darnos otras posibilidades al respecto, en donde los intereses particulares de los actores están en juego constantemente.

Otra cuestión interesante de este autor fue su noción sobre la ley, a la que concebía como una categoría bien definida del conjunto de costumbres, de manera que no es sólo un sistema especial de decretos que prevén y definen el cumplimiento de normas, sino que es el producto de la configuración de obligaciones que hacen obedecer sus responsabilidades para no sufrir las consecuencias por su incumplimiento.

Para el caso de la antropología jurídica urbana este planteamiento también se torna fundamental, en cuanto nos permite comprender que lo que se negocia en un proceso judicial no es en sí la ley, sino el conjunto de normas sociales que de desprenden de ella, permitiéndonos ubicar y estudiar la dinámica de las relaciones de género y poder que pueden o no estarse negociando en los procesos de judiciales.

Por otra parte, me resulta importante resaltar los postulados de este autor respecto a la importancia del “estado legal” en la estructura  de la sociedad Trobriand (en una sociedad considerada “salvaje”), entendiendo por ello que el conjunto de derechos de los individuos particulares no se ejercen arbitrariamente ni unilateralmente, sino con base a reglas bien definidas por cadenas de reciprocidad, mismas que son “obedecidas porque su utilidad práctica ha sido reconocida por la razón y atestiguada por la experiencia” (Malinowski, 1957:61); dicho planteamiento en nuestro contexto, nos permite comprender que el derecho no es exclusivamente dominación, sino que implica reciprocidad en el sentido del binomio obligación-derecho, es decir, que toda obligación implica el goce de derechos por las personas que lo viven.

Así mismo, respecto a sus planteamientos entorno a que el individuo, sea “salvaje” o “civilizado” sabe como cuidar de sus intereses y comprende sus obligaciones, permiten exponer que dichos intereses permiten al sujeto intentar “estirar la ley” y a quebrantarla en ocasiones (Ibidem: 79), lo que nos lleva a pensar que las normas legales pueden ser y son manipuladas por los hombres. Esta noción es fundamental, ya que nos lleva a pensar que los usuarios del derecho son sujetos reflexivos, con capacidad de agencia, y no simples receptores pasivos de la ley, sino todo lo contrario, activos y reflexivos actores.

Enfoques y límites en los principales paradigmas.

Por otra parte, en cuanto a la pregunta ¿qué cuestiones podemos estudiar dentro de la antropología jurídica? La respuesta dependerá de la perspectiva teórica y metodológica que empleemos. En este sentido, Sierra y Chenaut (2002) nos hablan de que existen tres paradigmas dentro de la antropología jurídica: 1) el normativo, 2) el procesual y 3) el que las autoras denominan paradigma de la historia y el poder; cada uno de los cuales privilegia algunos elementos de la realidad a estudiar.

De acuerdo con Sierra y Chenaut, los autores del paradigma normativo enfatizan el estudio de las instituciones y consideran los conflictos sociales como desviaciones al privilegiar el orden social; así mismo preponderan el universo normativo y los códigos de derecho, proponiéndonos estudiar cómo dichos códigos gobiernan los comportamientos de los actores y la vida social. Dicho paradigma se encuentra asociado a la concepción del positivismo jurídico considerado como formalista, teniendo como sus principales representantes dentro de la antropología jurídica a Leopold Pospísil, Adamson Hoebel y Evans Pritchard.

El paradigma procesualista, por otra parte, centra su interés en el análisis de las disputas como procesos sociales, tratando de comprender los motivos, argumentos y estrategias de los litigantes despliegan dentro de un procedimiento judicial. Sierra y Chenaut señalan que los autores de este enfoque estudian la “manipulación normativa” que ponen en jugo los actores sociales situados en contextos sociales y culturales específicos. Dicho paradigma plantea además que tanto el derecho como las disputas judiciales deben ser comprendidos como fenómenos situados en relaciones sociales, razón por la cual proponen conocer el contexto sociocultural que lo produjo considerando tres elementos: 1) el estado de las relaciones sociales que fundamentan el litigio entre las partes y las causas que originaron la disputa, 2) la disputa misma y sus modos de resolución y 3) las consecuencias sociales del acuerdo logrado. Es de resaltar que este paradigma considera las disputas como la punta del iceberg de procesos sociales extensos.

Por último, el tercer paradigma analiza el poder y el cambio legal en donde se considera el derecho como producto de la agencia humana, por tanto no lo consideran imparcial ni estático; en este sentido, consideran que se encuentran insertos las dinámicas históricas, vinculando además los cambios jurídicos con las relaciones sociales y de poder.

Este paradigma inscribe historicidad a los sistemas jurídicos en ciertos marcos temporales, pensándolos como micro y macro procesos; además de  asumir que los diferentes órdenes jurídicos se construyen y determinan mutuamente, razón por la cual se enfatiza el hecho de que actualmente el análisis del derecho no puede ser aislado de su relación con la economía, y la política dentro de un contexto sociohistórico.

Considero que los tres paradigmas pueden llegar a complementarse aunque cada uno privilegia ciertos elementos sobre otros; sin embargo, me parece que los dos últimos en especial tienen mucho qué aportar a la antropología jurídica urbana, ya que permiten un acercamiento más nítido a las prácticas cotidianas en las instancias judiciales en dos niveles: tanto en el nivel cara a cara como lo han estudiado la mayoría de los antropólogos jurídicos resaltando las obras de Nader (1998) y Collier (1995) por la riqueza de sus descripciones de las relaciones sociales en los juzgados indígenas estudiados, y el nivel de interrelación de los foros judiciales en el contexto global, como la obra de Santos (1999 y 2001).

En el caso de Nader, su obra más importante se titula Ideología armónica. Justicia y control en un pueblo de la montaña zapoteca, investigación con la que dicha autora es reconocida en el círculo de los antropólogos jurídicos como una clásica contemporánea al iniciar los estudios de lo jurídico en nuestro país; además de lograr dar un giro a la tendencia de su época en el sentido de desarrollar un nuevo paradigma teórico y metodológico.

Nader señaló  que los estudios de sociedades con juzgados necesitan pensar el derecho como un sistema íntimamente ligado a la vida social, de manera que el estudio debe trascender la descripción del sistema ideal y autónomo para manejar lo considerado bueno y lo malo, de manera que se logre alcanzar el análisis de la dinámica con que opera, para lo cual es preciso en ocasiones partir de las trasformaciones en las instituciones sociales y en otras ocasiones de los individuos activos.

Este punto es importante para los estudios jurídicos en la ciudad porque implica que no debemos quedarnos en las nomas jurídicas en cuanto “deber ser”, sino que es preciso confrontarlos con la realidad social y las prácticas jurídicas puestas en juego, así como tener en cuenta que  esta interacción de elementos se contextualiza en estructuras formales, instituciones e individuos concretos en situaciones históricas específicas.

Por otra parte, Nader propuso que la cultura otorga a los sujetos una gama de posibles foros para la resolución de conflictos, y que estos, después de la reflexión de las reglas de operación y las posibilidades que le conceden de salir victoriosos, eligen entre estas posibilidades la que consideran más práctica; con ello nos invita a  reflexionar respecto a cuáles son los elementos que hacen que las personas elijan exponer su controversia en las instancias judiciales del Estado.

Una cuestión íntimamente relacionada con la anterior, es la importancia de analizar la relación entre los elementos del proceso de disputa y el estilo de la disputa (Nader, 1998: 17), es decir, cómo en cada foro de resolución de conflictos judiciales se generan reglas, lógicas y dinámicas específicas que configuran un estilo característico.

Por otra parte, en esta obra la autora enfatiza la necesidad de considerar las disputas como procesos sociales vinculados a relaciones sociales más profundas, es decir, propone que la comprensión de que los conflictos judiciales son la expresión de conflictos más amplios, mismos que están basados en relaciones sociales específicas. Este es tal vez uno de los puntos medulares para el estudio de los procesos judiciales urbanos, ya que nos ayuda a entender que los conflictos que se presentan en las instancias judiciales son mucho más complejos de lo que pueden parecer a simple vista, además, de que cada caso se torna diferente aunque se hable del mismo tema, es decir, que aunque en los procedimientos se hablen de divorcios, pensiones, custodias o herencias (para el caso del conflicto familiar), estas disputas se diferencian entre sí dependiendo de los actores que participen de ellas y las distintas configuraciones de relaciones sociales que entretejen entre si.

Por otra parte, Nader tuvo especial cuidado en recolección de datos en los casos de disputa como fuentes primarias de información, lo cual, para el caso urbano implica la importancia de la observación directa de casos en el juzgado, la recopilación de registros en los archivos de los expedientes, así como la entrevista a las personas involucradas en los procesos.

Por último, es importante recordar que esta autora nos propone un enfoque etnográfico, comparativo e histórico, que nos permita revelar como la organización social en general y la del derecho en particular, se encuentran relacionados con el poder y la cultura, presentándonos una guía en el uso de las fuentes de información al momento de desarrollar la investigación.

Ahora bien, respecto a la obra de Jane Collier (1995) que lleva por título El derecho zinacanteco. Procesos de disputar en un pueblo indígena de Chiapas, considero que es otra de las obras básica para la comprensión del quehacer de la antropología jurídica, ya que a pesar de haberse realizado en un contexto indígena nos permite trazar líneas de análisis en el medio urbano, lo anterior debido a que Collier consideró que era más relevante analizar el conjunto de relaciones sociales en lugar de autoridad política, lo cual nos lleva a examinar la manera en que los individuos interactúan y manejan sus conflictos.

Esta autora propone que a pesar de que cualquier zinacanteco involucrado en un pleito puede elegir la forma de arreglo su elección se encuentra limitada por el conjunto de procedimientos legales a su alcance, y dentro de éste, considerando además que la decisión está restringida además por el contenido del litigio y la naturaleza de la relación entre él y su oponente.

En la misma obra, Collier define los procedimientos legales como un conjunto de actos distintivos y periódicos que realizan las partes en conflicto con el propósito de discutir los diferentes aspectos del mismo y llegar a una solución por medio de un arreglo que les sirva para el futuro. De acuerdo con esto, los puntos más relevantes dentro de esta definición son: 1) el procedimiento, el cual debe ser un método distintivo y recurrente de dirimir disputas; 2) que ambas partes tengan algún tipo de confrontación, aunque sea a través de un intermediario; 3) que la discusión adopte la forma de un litigio, incluso si el asunto planteado es periférico a los intereses reales de las partes; y 4) que se hagan por lo menos, ciertas sugerencias para resolver el conflicto, independientemente si una u otra parte tienen o no la intención de cumplirlas.

La autora consideró  que definiendo de esta manera los procedimientos legales era posible analizar los mecanismos para resolver las disputas como algo estructurado, reconociendo así mismo el uso de los procedimientos, los cuales frecuentemente tenían fines ajenos a la solución del litigio. Por otra parte, la autora planteó que diferentes procedimientos implican diferentes maneras de expresión de un conflicto, por lo cual, el hecho de que un solo pleito sea enviado de una instancia de apelación a otra más elevada puede sufrir muchas distorsiones.

En esta misma obra, Collier se propuso investigar qué idea tienen la gente sobre sus conflictos, y de los procedimientos para su solución, ya que, como la autora señala, éstos no tienen sesiones de negociación simplemente, ni evalúan “racionalmente” las pruebas para resolver el caso, sino que los compromisos a los que llegan son en parte fruto de las dos, lo que origina tres tipos de arreglos:

Una parte pide perdón-automáticamente
Las dos partes admiten una culpa similar
Las dos parte se niegan al acuerdo
Otra cuestión interesante de esta obra es el señalamiento de que al momento de la disputa cada litigante llega con su propia versión de los hechos y trata de plantearlos de modo que le beneficien, sin embargo, dicha versión debe guardar cierta relación con la ofrecida por el contrincante, y en este momento también sacan a relucir problemas anteriores a modo de justificación para el agravio actual.

A modo de contraste con la realidad judicial urbana, Collier nos muestra que los zinacantecos no tienen procesos elaborados de verificación de los hechos, ya que para ellos éstos no tienen importancia, sino que por el contrario, lo fundamental para ellos es el procedimiento con el cual llegan al acuerdo. Lo anterior implica que muchas veces se construyen versiones muy distorsionadas de la realidad y a

En este sentido el intermediario juega un papel fundamental para instar a las partes a negociar, ofreciendo en ocasiones una solución basada en una versión del conflicto que ninguno cree cierta, pero que aceptan si ya fueron convencidos de que lo mejor es llegar a un acuerdo; de manera que durante todo el procedimiento funge un papel activo, para lo cual debe implementar varias estrategias como no enojarse, ni ser impositivo, pero también pueden recurrir a la burla o las amenazas para obligarlos a que acepten la decisión; así mismo, su papel lo obliga a buscar en el pasado de los disputantes las raíces del problema.

Por último, cabe destacar que Collier plantea que el telón de fondo sobre el que se basa la justicia zinacanteca es la de saldar o conciliar “los corazones enojados”, partiendo de la idea de que de no hacerlo, el enojo atraerá el castigo de los dioses sobre el pueblo generando enfermedades. En este sentido, podría pensarse que lo que prevalece es el sentido de comunidad, ya que se piensa en el futuro de la comunidad en caso de que los conflictos no se resuelvan, es por ello que las autoridades están orientadas a esta tarea y operan bajo esta lógica, ya que si bien, los disputante siguen jugando por sus intereses particulares todos los integrantes de la comunidad saben y aceptan estas normas sociales, como orientadoras de sentido en estos procesos donde forman un complejo entramado de elementos en juego, entretejiendo los intereses particulares y locales con la cosmovisión de la cultura indígena.

Para el caso de la antropología jurídica urbana, esta obra es fundamental por el profundo análisis que hace de los elementos que intervienen dentro de las disputas que llegan a la esfera judicial, el conjunto de valores imbricados, la actuación de los intermediarios en la solución de las controversias y las percepciones que los usuarios del derecho trasportan a los foros judiciales.

Ahora bien, respecto al trabajo de Santos, cabe destacar que se refiere a un análisis más contemporáneo, en donde aborda muchos temas, siendo uno de los más interesantes el reciente y creciente protagonismo social y político del derecho, así como del conjunto de elementos históricos que impactan en las funciones, limitaciones y repercusiones de los sistemas judiciales ante el escenario de la globalización de la economía y el derecho.

En el libro titulado El caleidoscopio de las justicias en Colombia. Análisis socio jurídico el autor destaca la importancia de considerar los principales protagonistas del derecho en el entorno global actual, es decir, a los jueces, y la gama de elementos que conforman su actuación en las sociedades actuales. En esta obra el autor propone que respecto a los patrones de litigio y cultura jurídica es preciso contextualizarlos dentro del nivel de desarrollo económico y social, ya que este condiciona la naturaleza del conflicto social e inter-individual, la propensión a litigar, tipo de litigio y por lo tanto, el desempeño de los jueces como  expresión de consumo de justicia (oferta y demanda efectivas), evidenciando que el patrón de consumo de la justicia esta condicionado por el nivel de desarrollo y que la cultura jurídica dominante casi siempre esta articulada con la cultura política.

Por otra parte, en el libro titulado La globalización del derecho. Los nuevos caminos de la regulación y la emancipación, el autor analiza lo que el define como la globalización del derecho y que él define como

 “… una proliferación reciente de normas e instituciones jurídicas que superan el ámbito nacional, que habían servido de base a todo el derecho moderno. No es un fenómeno nuevo; su carácter novedoso reside en la intensidad con que se afirmó en las últimas décadas. Su análisis se impone no sólo por su importancia intrínseca sino también por la importancia de sus articulaciones con algunos de los temas políticos más decisivos de nuestro tiempo” (Santos, 1999:15).

Éste último libro en particular evidencia el grado de complejidad insertan los procesos internacionales en materia de derecho, estableciendo que estos pueden ocasionar cuatro tipos de respuestas en los países donde éstos impactan, mismos que dependerán del estado de fuerzas en cada caso:

Localismo globalizado, el cual es el proceso por el cual un fenómeno local dado es globalizado con éxito.
 
Globalismo localizado, que se refiere al impacto específico de las prácticas e imperativos trasnacionales en las condiciones locales, que son así desestructuradas y reestructuradas con el fin de responder a dichos imperativos.
 
Cosmopolitismo, entendido como el establecimiento de una red de luchas locales progresistas, con el fin de maximizar su potencial emancipador través de conexiones translocales/locales.
 
La herencia común de la humanidad, en tanto el surgimiento de problemas globales comunes a todos los países (por ejemplo en materia de medio ambiente).
Conceptualizar de este modo la configuración de las posibles respuestas de los países ante los elementos externos a sus realidades jurídicas es algo fundamental para nuestros estudios, ya que nos permite comprender y evidenciar la noción de que el derecho está inserto y se sirve de las relaciones asimétricas de poder, de manera que cada país adopta y adapta los productos de la globalización del derecho de forma diferenciada; planteamiento que se debe tener especialmente en cuenta al momento de analizar las cuestiones jurídicas en la ciudad, donde el derecho ocupa un lugar central al momento de ordenar las relaciones sociales en todos los ámbitos de las relaciones sociales (conyugales, familiares, laborales, electorales, ecológicas, etc.).

Considerando que en una ciudad media como Xalapa se inician anualmente 1,152 expedientes en los juzgados de primera instancia en materia penal, 6,569  en los juzgados de primera instancia en material civil y mercantil, 632 en los juzgados menores en material penal, y 3,092 en los juzgados menores en materia civil y mercantil, cifras que al sumarlas nos arrojan un total de  11,445 casos iniciados,1 es visible el interés de las personas por usar los foros judiciales para la resolución de sus conflictos.

En este sentido, estudios que ayuden a comprender qué pasa con las relaciones sociales en estas instancias son cada vez más pertinentes, la antropología jurídica en espacios urbanos es hoy por hoy una permanente invitación a estudiar la complejidad del  uso del derecho en el entramado de las relaciones humanas. Los antropólogos debemos preocuparnos en igual medida cómo interactúan “los corazones enojados” tanto en los foros judiciales indígenas como en los urbanos, aunque en cada espacio se acuda a “dioces” distintos para encontrar soluciones. En todo caso, recordando las palabras de Malinowski, debemos trabajar en la comprensión de la forma como las reglas jurídicas, sociales y morales se adaptan a las contrariedades de la humanidad.

Bibliografía citada

ALEXANDER, Jeffrey (1992). “La centralidad de los clásicos” en Giddens, Anthony et.al. La teoría social, hoy, Alianza/CONACULTA, México, pp. 22-80.
 
COLLIER, Jane (1995). El derecho zinacanteco. Procesos de disputar en un pueblo indígena de Chiapas. México D.F., CIESAS/UNICACH.
 
                (1995). “Problemas teórico-metodológicos en la antropología jurídica”. En Chenaut y Sierra (1995), pp. 45-76.
 
DE LA PEÑA, Guillermo (2002). “Costumbre, ley y procesos judiciales en la antropología clásica: apuntes introductorios”. En Krotz (2002), pp. 51-68.
 
MADRUGA PICAZZO Reynaldo (2007-2008). Informe de Actividades del Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia. Poder Judicial del Estado de Veracruz.
 
 
KROTZ, Esteban, “Sociedades, conflicto, cultura y derecho desde una perspectiva antropológica”. En Krotz (2002), pp. 13-49.
 
MALINOWSKI, B. (1956).  Crimen y costumbre en la sociedad salvaje. Ediciones Ariel, Barcelona.
 
NADER Laura (1998). Ideología armónica. Justicia y control en un pueblo de la montaña zapoteca. México, Instituto Oaxaqueño de las Culturas/ Fondo Estatal para la Cultura y las Artes/CIESAS.
 
SANTOS Boaventura de Sousa (1999). La globalización del derecho. Los nuevos caminos de la regulación y la emancipación. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Derecho. Ciencias Políticas y Sociales.  Traducción de César Rodríguez. 1ed 1998.
 
SANTOS, Boaventura de Sousa y Mauricio García Villegas (2001), El caleidoscopio de las justicias en Colombia. Análisis socio jurídico. Bogotá, Siglo del Hombre Editores/Universidad de los Andes.
 
SIERRA María Teresa y Victoria Chenaut (2002). “Los debates recientes y actuales en la antropología jurídica: las corrientes anglosajonas”. En Esteban Krotz Antropología jurídica: perspectivas socioculturales en el estudio del derecho, Barcelona/México D.F., Anthropos Editoria/UAM-Iztapalapa.
 
WEBER, Max (1987). Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva, FCE. México
 
< Anterior   Siguiente >
Revista Digital Voz Universitaria
Colaboraciones, comentarios y cartas a la redacción: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla  

Suscríbase para recibir gratuitamente las publicaciones de la Revista Digital Independiente Voz Universitaria por correo electrónico: 

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

Movimientos Sociales

Convocatorias

© 2014 Revista Digital Independiente Voz Universitaria
Joomla! is Free Software released under the GNU/GPL License.