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Las ciencias sociales en una comunidad indígena PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Macario Lauro Bautista Ramírez   
Thursday, 11 de February de 2010

Macario Lauro Bautista Ramírez

Introducción

La polémica que existe entre las ciencias sociales, ciencias naturales y/o ciencias exactas, no es algo que se haya suscitado en los últimos años, ya que es una polémica que por siempre ha existido, en donde una vez que las ciencias exactas alcanzaron la hegemonía, se apropiaron de los diferentes espacios de poder, de decisiones, por ejemplo, los gerentes de una empresa no son profesionistas de extracción de las ciencias sociales –en su mayoría-, los directores de una institución no son antropólogos o sociólogos, por citar algunos la mayoría de los directoress de los centros coordinadores para el desarrollo de los pueblos indígenas (antes centros coordinadores indigenistas) en su mayoría son ingenieros agrónomos, médicos veterinarios y en menor proporción antropólogos, una sociedad llena de contradicciones, porque los antropólogos son los que mayor conocimientos tienen sobre los pueblos indígenas o por lo menos son los que teóricamente cuentan con estrategias para atender las necesidades sociales, culturales y entre otras, sin embargo no son ellos los que dirigen.

 

Los que están al frente de estas instituciones –principalmente las públicas- realizan acciones de infraestructura, de acciones inmediatas –por ejemplo aperturas de carreteras, sin que se cuente con estudios de factibilidad en todos sus aspectos, sin importar si se daña los terrenos de los indígenas, pero se salvaguarda los grandes terrenos de los caciques y además se atiende su petición que la carretera pase a la orilla de sus propiedades; otra de las acciones es la construcción masiva de unidades médicas, sin embargo no hay médicos que se hagan cargo para brindar la atención a las comunidades, pero bueno, la obra está ¿verdad?-  podría engrosar el trabajo citando ejemplos, pero bueno, la versión de las comunidades indígenas, creo, que el estado ha contaminado y ha dejado de lado la parte social, la parte cultural, aquellas que dan sentido y significado a la vida cotidiana de los pueblos y tristemente estos han sido rebasados por las acciones materiales y físicas que el estado proporciona para satisfacer “las necesidades de las comunidades”.

Por lo anterior, me he planteado el siguiente objetivo para este trabajo, que consiste en dar un panorama general de cómo se percibe las ciencias sociales, principalmente el de los antropólogos en una comunidad indígena. Haciendo una especie de comparación con otros profesionistas que han estado presentes en la comunidad, por ejemplo sacerdotes, profesores de educación primaria, secundaria, doctores, estudiantes de antropología, ingenieros y otros que por alguna otra razón han estado presentes en Ecatlán.

Para el desarrollo de éste trabajo, retomaré los puntos de vista de Pierre Bourdieu, Bruno Latour, J. Habermas y Jesús Zamora Bonilla, autores que han estado preocupados por mostrar la relación que existe entre las ciencias sociales y las ciencias naturales y/o exactas.

En la primera parte desarrollaré el contexto sociocultural del pueblo de Ecatlán, para ubicar al lector, así mismo, dentro de ese contexto enunciaré las preguntas que en una entrevista informal sostuve con habitantes de dicha comunidad; en una segunda parte, analizaré las respuestas con base a los autores anteriormente mencionados; por último, mencionaré las conclusiones de dicho trabajo.

La comunidad de Ecatlán

Ecatlán se localiza en la parte nororiental del Estado de Puebla, pertenece al municipio de Jonotla y se encuentra en las siguientes coordenadas longitud 97º 73’ 20’’ y latitud 20º 03’10’’, tiene a una altitud de 620 metros sobre el nivel del mar. Se ubica dentro de la región del Totonacapan, de acuerdo con los datos proporcionados por el Instituto Nacional  de Estadística Geográfica e Informática (INEGI, 2000), el 95.4% de la población total habla la lengua totonaca, de éstos sólo el 10.4% es monolingüe en la lengua totonaca, el resto es bilingüe. El 3.1% de la población son hablantes de la lengua castellana y aproximadamente el 1.5% de la población es hablante del náhuatl.

Algunas fuentes mencionan que la comunidad de Santiago Ecatlán, fue fundada por un conquistador llamado Ehecatl (viento)1 , pero que él, nunca estuvo en la comunidad, únicamente mandó a su gente; el pueblo se fundó en el año 1100 de nuestra era, mientras que el párroco2  de la iglesia de Jonotla, comenta que el Pueblo se fundó en el año 418 de antes de Cristo, mientras que Andrés Ruiz Lombardo, en su libro “Cafeticultura y economía de una comunidad totonaca” menciona que el poblado fue fundado en el año de 450 a.c.3”  A pesar de ser una comunidad con una larga historia de fundación, nunca ha llegado a ser cabecera municipal, desde el año 1591 ha pertenecido a Jonotla, Puebla.

Como parte del proceso de cambio sociocultural a la que está inmersa la comunidad, en diferentes momentos se han hecho presentes sucesos que son significativos para los habitantes, por ejemplo: la construcción de la carretera en la década de 1970; la construcción de la escuela primaria en 1973 y la primera generación en 1975; la introducción de la luz eléctrica, el agua potable, todos en la misma década (1970); ya en la década de los 90s, se construye la escuela telesecundaria, momentos muy presentes entre los habitantes, tal y como se menciona más adelante. Bajo este contexto es que desarrollo y elaboro el presente trabajo.

Entre la comunidad de Ecatlán

Era una noche de julio, las campanas repicaban de la iglesia de Santiago Apóstol, estaban anunciando la celebración de la misa de las 7 de la noche, era la segunda llamada, las personas pasaban por las calles, en eso llego con un grupo de personas que estaban cerca de la iglesia, platicando unos con otros de que se estaba acercando la fecha de la fiesta patronal, la luna era testigo de los comentarios.

Después de haber comentado los pormenores de la fiesta patronal, de la organización del baile, del jaripeo, del torneo de basquetbol, de la contratación del trío de huapangueros, un señor le dice a un joven que se encontraba en el grupo ¿a qué te dedicas en la ciudad de puebla? Contesta a su vez, trabajo allá, con una empresa que trabaja con la Volkswagen, nosotros somos los encargados de hacer los clotchs de los carros y se le surte a la empresa. ¿Y tú hermano a qué se dedica? El se encuentra estudiando la especialidad en cardiología, en Puebla. Casi no viene para el pueblo ¿verdad?

Entre la plática que sosteníamos en el grupo, les pregunté a los señores ¿qué es lo que más presente tienen que haya sucedido en la comunidad? Los señores se acordaban cuando llegó la carretera al pueblo, en donde vino el ingeniero a sostener una reunión, acompañado del presidente municipal, de otras autoridades del municipio. Primero platicaron con el presidente del pueblo, de ahí convocaron a una reunión general, en donde la mayor parte de la población acudió y se les planteo de que iban a construir la carretera, porque era una necesidad para poder comunicarnos con las demás comunidades como Jonotla, Zacapoaxtla, -aunque no significa que no hubiera comunicación alguna con dichos lugares, porque la gente de por sí iba a Zacapoaxtla, caminando entre 9 y 10 horas, dependiendo el paso del caminante-. Cuando por fin se acordó construir la carretera, no vinieron máquinas para abrir, se contrató a la gente para que trabajara, con picos y palas, eso sí, los ingenieros siempre estaban ahí para decirles por donde seguir.

Otro momento que no pasó de forma desapercibida, fue la construcción de la escuela primaria, en palabras de las personas de Ecatlán dicen vinieron contratistas e ingenieros para levantar la escuela, ellos fueron los que trajeron el desarrollo de nuestro pueblo y gracias a ellos tenemos una escuela, un albergue en donde los niños más pobres les dan de comer.

La llegada de la luz eléctrica al pueblo, fue otro de los momentos muy importantes, aún recuerdan cuando vinieron los electricistas, postearon y luego comenzaron con el cableado para bajar la luz eléctrica, aún recuerdan el momento en el que un electricista se subía al poste para gritarle al otro que ya estaba listo y que era momento de apretar los cables. Cuando terminaron, se reunieron en la casa de la primera persona que hizo su contrato de luz y vieron llegar la luz, momentos inolvidables para los habitantes. Lo mismo sucedió cuando organizaron las primeras reuniones para analizar de la falta del agua potable en el pueblo, aunque muchos se oponían porque decían, para qué si tenemos la pila, el lhninkit, en donde podemos abastecernos de agua. Sin embargo el ingeniero que presencio la reunión decía que el agua entubada era necesario, primero porque así cada quien tendría agua en su casa y lloviera o hiciera sol no tendría problemas para abrir la llave y sacar agua, también se extraería de un lugar en donde esté mejor el agua y luego cuando llegara a la caja en donde se almacenaría, se desinfectaría y así no habría problemas para tomarla.

La segunda pregunta que desarrollé con las personas fue ¿Qué personas de fuera se acuerdan más? La primera persona que tienen más presente, fue el ingeniero que estuvo trabajando en la carretera con los habitante la comunidad, la razón fue, porque el trajo la carretera, de ahí pudimos salir del pueblo y pudimos acceder a otras cosas que antes no había, por ejemplo material de construcción para hacer casas de azotea, porque antes eran de teja y no podíamos ni secar bien el café y además pudimos sacar más rápido nuestro café, gracias a eso podemos venir y regresar a otros pueblos, ir a la ciudad y ahora ya llegan los carros hasta acá.

Otra de las personas que se recuerda en la comunidad, son los ingenieros que trabajaban en capacitar a la gente para la siembra y cosecha del café. Que son personas que estaban trabajando con nosotros y se preocuparon para que obtuviéramos buenas cosechas de café; así un listado de nombre que han pasado por la comunidad para apoyar al desarrollo de actividades agrícolas.

En fechas recientes ha llegado a la comunidad un doctor, ahí vive con su familia, se lleva bien con los habitantes de la comunidad, brinda consultas cuando regresa de la clínica de Ixtepec, que es en donde trabaja. Las personas hablan de él, que es una persona muy buena, ayuda a la gente. En eso le pregunta al muchacho y por cierto, por qué tu hermano no se quedó a trabajar por acá, porque eso fue antes de que llegara el doctor que está ahora en el pueblo, le decían que mejor se hubiera quedado a trabajar. El joven ingeniero mecánico, contesto que por qué su hermano decidió estudiar y que bueno ahora no está recibiendo pago por ello, pero le dan una beca.

Les preguntaba si se acuerdan de algún antropólogo que haya visitado al pueblo, si se acuerdan de los nombres, de Carlos Inchaústegui, de Daniel Cardona, de Elena conocida como Lena canadiense, de Karla, de Gladiz y de Gaby; del primero se acuerdan de él que llego a caballo, venía de zacapoaxtla y sostenía reuniones con las autoridades -sin embargo no saben que fue el que organizó el proyecto para la construcción de la escuela primaria-. También se acuerdan de Daniel Cardona, un joven que andaba de un lado para otro, que sólo platicaba con la familia Galindo, ahí vivía, ahí dormía, comía y hacía todo, se llevaron muy con ellos, también preguntaba mucho de las danzas de los santiagueros de Ecatlán, sólo eso hacía. -Pero poco se sabe que fue el que inicio y desarrolló el proyecto de las radios indigenistas en la Sierra Norte de Puebla y que posteriormente se consolidó con la instalación de la radio indigenista en Cuetzalan “la voz de la Sierra Norte”. Hablan de Lena Canadiense, que venía con otra persona que le llamaban Juan, él le gustaba meterse a las cuevas y sacaba cosas, también hablan de las tres últimas antropólogas que estuvieron hace como 10 años en la comunidad, jóvenes estudiantes de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Iztapalapa), muchachas inquietas que andaban de un lado a otro, que eran inseparables, les gustaba estar de un lado a otro, venían y regresaban de Jonotla, había una fiesta en la comunidad ahí estaban, pero sólo de eso se acuerdan, que eran buenas personas, platiconas y nada más.

Por último les pregunté qué creen que hace un antropólogo. El grupo de gente con los que estuve platicando, me respondieron lo siguiente: creemos que ellos les interesa nuestro pasado, nuestra religión, lo que hacemos, pero no creemos que eso nos ayude, no sabemos realmente lo que hacen, no dejan nada, ni enterados estamos realmente que busca, pues si es de saber nuestras cosas, lo sabemos mejor que otra gente, para qué debe venir otro a decirnos lo que pasa con nosotros, por qué lo hacen, no como los ingenieros, los doctores, los maestros, que son los que están aquí ayudándonos, nos guían, nos dicen lo que debemos hacer para producir más cosas, para mejorar nuestras cosechas, los doctores nos curan.

Estas son algunas de las respuestas que obtuve con ellos, la cual, nos da una clara muestra de que en las comunidades, en donde por lo menos han tenido experiencia en la visita o estancia de un antropólogo, existe un desconocimiento total de lo que hacemos, están más a la expectativa de lo que dejamos de hacer. Además, también es importante mencionar la imagen real de lo que somos en las comunidades, también me hicieron saber que los antropólogos no se bañan, tienen el pelo largo y barbones, fumadores, es la imagen del antropólogo en la comunidad de Ecatlán.

El punto de vista de los científicos sociales

En esta parte abordaré primero el punto de vista de Bourdieu, en el libro El oficio del científico: ciencia de la ciencia y reflexividad. El autor aborda que las personas hostiles a la ciencia han dirigido y concentrado su ira sobre las ciencias sociales y, más exactamente, sobre la sociología –y de ese modo han contribuido, sin duda, a frenar su progreso-, tal vez porque las ciencias de la naturaleza ya no les ofrecen ningún espacio. Bourdieu, así como Chamboredon y Passeron, afirman que las ciencias sociales son ciencias como las demás, pero que tienen una dificultad especial para ser ciencias como las demás.

Entonces, por qué a las ciencias sociales les resulta difícil hacer reconocer su autonomía, por qué a un descubrimiento le cuesta tanto esfuerzo imponerse en el exterior del campo e incluso dentro de él. Las ciencias sociales, y, sobre todo, la sociología, tienen un objeto demasiado importante (interesa a todo el mundo, y en especial a los poderosos), demasiado acuciante, para dejarlo moverse a sus anches, abandonarlo a su propia ley, demasiado importante y demasiado acuciante, desde el punto de vista de la vida social, del orden social y del orden simbólico, para que se les conceda el mismo grado de autonomía de las restantes ciencias y para que les sea otorgado el monopolio de la producción de la verdad.

Una de las primeras razones que detecta Bourdieu y coincido totalmente con él, es que todo el mundo se siente con derecho a intervenir en la sociología y a meterse en la lucha a propósito de la visión legítima del mundo social, en la que también interviene el sociólogo, pero con una ambición muy especial, que se concede sin problemas a todos los restantes científicos, pero que, en su caso, tiende a parecer monstruosa: decir la verdad, o, peor aún, definir las condiciones en las que puede ser dicha. Y esto se ve reflejado en la plática que sostuve con los habitantes de Ecatlán, en donde dicen y ven que hace un antropólogo es platicar, creemos que ellos les interesa nuestro pasado, nuestra religión, lo que hacemos, pero no creemos que eso nos ayude, no sabemos realmente lo que hacen, no dejan nada, ni enterados estamos realmente que busca, pues si es de saber nuestras cosas, lo sabemos mejor que nadie, para qué debe venir otro a decirnos lo que pasa con nosotros.

Otra razón de la débil autonomía de los campos de las ciencias sociales es que, en el propio interior de esos campos, se enfrentan unos agentes desigualmente autónomos y que, en los campos menos autónomos, los investigadores menos heterónomos y sus verdades “endóxicas”, como dice Aristóteles, tiene, por definición, mayores posibilidades de imponerse socialmente en perjuicio de los investigadores autónomos: los dominados científicamente son, en efecto, los más propensos a someterse a las exigencias externas, de derecha o de izquierda (es lo que denominó la ley del jdanovismo), y los más predispuestos, a menudo por defecto, a satisfacerlas, y tienen, por tanto, mayores posibilidades de dominar en la lógica del plebiscito, o del aplaudiómetro, o del “índice de audiencia”.

Aquí podemos ejemplificar la disputa de la hegemonía entre las disciplinas que forman parte de las ciencias sociales, mantienen una lucha interna, los propios profesionistas mantienen una relación de descalificación por ejemplo entre sociólogos y antropólogos principalmente. Los primeros dicen que sus datos son más válidos porque pueden generalizar y homogeneizar sus resultados, mientras que los segundos tratan de ver las cosas más particulares y así como de resaltar la relación entre sujeto e investigador. Sin embargo, las dos disciplinas pretenden llegar a conocer la verdad, conocer la realidad, aunque lo abordan de diferente manera, todos llegan a conocer la realidad de una u otra manera, sólo que unos sacan un muestreo para conocer la realidad y a partir de ello crear leyes y modelos, los otros –antropólogos- con una metodología cualitativa, con un estudio de caso llegan a conocer la realidad, sin llegar a la generalización, siempre dando mayor importancia a los casos concretos para alcanzar el conocimiento.

La ciencia social tiene una tercera particularidad que hace especialmente difícil la ruptura social que es la condición de la construcción científica. Hemos visto que la lucha científica está arbitrada por la referencia a lo “real” construido. En el caso de las ciencias sociales, lo “real” es absolutamente exterior e independiente del conocimiento, pero a su vez una construcción social, un producto de las lucha anteriores que, por esas mismas razones, sigue siendo un objetivo de lucha actuales.
Platicando con un ingeniero mecánico en la comunidad de Ecatlán, se quejaba de los altos impuestos que tiene que declarar, entonces de broma le decía que no se preocupara por esos impuestos, porque parte de ellos pues lo destinaban a la educación, al pago de becas conacyt, de ahí entonces me decía, qué es lo que aportan los antropólogos, a diferencia de los médicos -su hermano tiene una beca para su especialidad-, ellos ayudan a la sociedad para salvar vidas, pero los antropólogos no veo que hagan algo; los ingenieros construyen puentes y caminos; los matemáticos aportan conocimientos a las ciencias; los biólogos descubren e inventan medicamentos. Mientras que los antropólogos veo que les interesa las fiestas y eso para qué sirve, puede que mañana ya no festejen esta y festejen otra, la verdad considero que eso no aporta al conocimiento.

No cabe duda, la diferencia que existe entre una ciencia y otra, tiene que ver con los sujetos y objetos, por el lado de las ciencias sociales trabajan con hechos que los mismos hombres y mujeres han construido, mientras que los otros trabajan con cosas, muchas de ellas materias inertes, aunque el médico trabaja con personas, pero no le preguntan si quiere cierta medicina o no, porque el que “sabe”, es el médico.

Por consiguiente, la ciencia social es una construcción social de una construcción social. Hay en el propio objeto o sea, tanto en el conjunto de la realidad social como en el microcosmos social en cuyo interior se construye la representación científica de esa realidad, el campo científico, una lucha por la construcción del objeto, de la que la ciencia social participa doblemente: atrapada en el juego, sufre sus presiones y produce allí unos efectos, sin duda, limitados. El analista forma parte del mundo que intenta objetivar y la ciencia que produce, no es más que una de las fuerzas que se enfrentan en ese mundo.

Entonces, lo que se pretende objetivar no es la especificidad vivida del sujeto conocedor, sino sus condiciones sociales de posibilidad y, por tanto, los efectos y los límites de esa experiencias y, entre otras cosas, del acto de la objetivación. Lo que se pretende dominar es la relación subjetiva con el objetivo que, cuando no está controlada y es él quien orienta las elecciones de objeto, de método, etc.

Para Bourdieu, realizar una objetivación del sujeto, ésta debe ser en tres niveles: en primer lugar, es preciso objetivar la posición en el espacio social global del sujeto de la objetivación, su posición de origen y su trayectoria, su pertenencia y sus adhesiones sociales y religiosas; segundo, es preciso objetivar a continuación la posición ocupada en el campo de los especialistas, ya que cada disciplina tiene sus tradiciones y sus particularismos nacionales, sus problemáticas obligadas, sus hábitos de pensamiento, sus creencias y sus evidencias compartidas, sus rituales y sus consagraciones, sus presiones en materia de publicación de los resultados, sus censuras específicas, sin mencionar todo el conjunto de los presupuestos inscritos en la historia colectiva de la especificidad. En tercer lugar, es preciso objetivar todo lo que está vinculado a la pertenencia al universo escolástico, prestando una atención especial a la ilusión de la ausencia, del punto de vista puro, absoluto, “desinteresado”.

En este aspecto, es interesante mencionar lo que hace Bruno Latour, en donde describe las actividades y movimientos que cada uno de los trabajadores desarrollan en uno de los laboratorios más prestigiados de París, con un orden o desorden a los ojos del observador porque es un espacio desconocido, lo mismo sucede cuando llegamos a un pueblo o comunidad, independientemente que llevamos en la mente y en la mano un proyecto, un objetivo y cuando llegamos con ellos, vemos que desarrollan sus actividades cotidianas y sin comprender cada uno de los movimientos, porque estamos inmersos en un mundo de significados, de códigos difícilmente de entender y que en muchas de las veces totalmente diferentes a lo que hacemos en nuestra vida diaria.

Latour pone en primer lugar a discusión,  el papel de lo social y lo científico. En la parte social, se recupera lo que los científicos piensan de las actividades que los sociólogos realizan, en donde muchas veces se cree que lo que hace no tiene relevancia a diferencia de las ciencias exactas. El observador constantemente se enfrentan a un dilema porque mantiene un supuesto de que los fenómenos científicos ocupan un dominio, en gran medida distinto del de los fenómenos sociales y que sólo a estos últimos se pueden aplicar conceptos, procedimientos y conocimientos técnicos de la sociología y que los trabajos científicos en gran medida son inmunes a la explicación sociológica. Ésta situación, ha provocado que constantemente se centre en la parte social y descuide la parte técnica, que en este caso el de la ciencia.

En el caso que nos corresponde, desde la “antropología” como ciencia, nuestro objetivo más general es arrojar luz sobre la naturaleza de la “suave parte más expuesta de la ciencia”: La antropología pretende indicar la presentación preliminar de material empírico acumulado. En segundo lugar damos una importancia especial a la colección y descripción de las observaciones de la actividad científica obtenidas en un escenario concreto. En tercer lugar, el uso de la “antropología” indica la importancia de poner entre paréntesis nuestra familiaridad con el objeto de estudio.

En el trabajo de Latour, nos muestra al científico de un laboratorio, como una persona común, que tiene una rutina al interior de un laboratorio, que además se ha convertido en sujeto de estudio por parte del antropólogo, los incomodó al principio, porque son sujetos sociales, que piensan, y que no está lejos de lo que ellos hacen y hacen los antropólogos, a pesar de que los primeros tienen la etiqueta de que son ellos los que construyen y hacen conocimientos, pero ahora los han pasado a ser sujetos de estudios, como es el estudiar a los jóvenes de San Andrés Tlayehualancingo.

Otro punto que quisiera resaltar en este trabajo, y que va relacionado directamente con lo que se ha venido mencionando, es el campo científico que aborda Bourdieu, en un primer momento comenta que una autentica ciencia de la ciencia no puede constituirse más que a condición de rechazar radicalmente la oposición abstracta entre un análisis inmanente o interno, que incumbiría propiamente a la epistemología y que restituiría a la lógica según la cual la ciencia engendra sus propios problemas, y un análisis externo, que relaciona sus problemas con sus condiciones sociales de aparición –lo que al interior de las ciencias sociales, la disputa entre la antropología y la sociología-. Es el campo científico el  que, como lugar de una lucha política por la dominación científica, asigna a cada investigador, en función de la posición que ocupa, sus problemas, indisociablemente políticos y científicos, y sus métodos, estrategias científicas que, puesto que se definen expresa u objetivamente por referencia al sistema de posiciones políticas y científicas constitutivas del campo científico, son, al mismo tiempo, estrategias políticas.

Dentro de un campo científico fuertemente autónomo, un productor particular no puede esperar el reconocimiento del valor de sus productos, sino de los otros productores, quienes, siendo también sus competidores, son los menos proclives a darle la razón sin discusión ni examen. Pero para lograr este reconocimiento, principalmente las ciencias sociales deberán tomar en cuenta mucho el valor y ésta debe ser distintivo de sus productos y de la originalidad, colectivamente reconocidos a la contribución que él hace a los recursos científicos ya acumulados. Como por ejemplo, lo que se ve y hace las ciencias exactas, en las comunidades, los ingenieros, los biólogos, los médicos aportan elementos a los ojos de los habitantes, mientras que los antropólogos hemos descuidado estos elementos, por ejemplo varios de nosotros los que hemos hecho algún trabajo de campo en una comunidad, ni siquiera el producto de nuestras investigaciones hemos devuelto, por eso, muchas veces también somos considerados “saqueadores” de conocimientos, en este sentido debe haber algo que regule nuestras prácticas y la forma misma de acceder. Estoy de acuerdo con lo que proponen  Latour y Woolgar respecto a las normas relativas a las sanciones: estas reglas indican el “castigo” que deberían recibir los investigadores que hayan desobedecido alguna norma; dado el tipo de función de utilidad que hemos supuesto en los científicos, estos castigos consistirían básicamente en la no aceptación de las teorías de los infractores.

Continuando con el análisis del campo científico, éste es siempre el lugar de una lucha más o menos desigual entre agentes desigualmente provistos de capital específico, por lo tanto en condiciones desiguales para apropiarse del producto del trabajo científico que producen por su colaboración objetiva, puesto que el conjunto de competidores pone en juego el conjunto de competidores, pone en juego el conjunto de los medios de producción científicos disponibles. Esta situación lo podría ejemplificar con lo que sucede en la universidad autónoma de puebla, en donde año con año, las carreras que más captan alumnos, son contaduría pública, derecho, medicina, odontología, las ingenierías y arquitectura, mientras que sociología y psicología de las áreas conocidas como humanidades son las captan mayor número de alumnos y por supuesto también son los que reciben mayor apoyo por parte de la universidad, infraestructura y económica, mientras que antropología, filosofía y literatura son los que menos captan alumnos y como consecuencia reciben menos apoyo económico y de infraestructura. Esta situación provoca una lucha desigual entre las ciencias y las carreras, porque por un lado se tiene mayor producción de profesionistas, mayor promoción de las carreras y mayor reconocimiento por la sociedad en general, mientras que las otras menor cantidad de profesionistas, menor promoción y como consecuencia menor reconocimiento por la sociedad.

A medida que los recursos científicos acumulados se incrementan, y que se eleva el grado de homogeneidad entre los competidores, como consecuencia de la elevación  correlativa del derecho de entrada, la competencia científica tiende a distinguirse en su forma y en su intensidad de la que se observa en los estados más antiguos de los mismos campos o en otros campos donde los recursos acumulados son menos importantes y el grado de la heterogeneidad mayor.

Bourdieu señala, que la idea de una ciencia neutra es una ficción, y es una ficción interesada, que permite considerar científica una forma neutralizada y eufemística de la representación dominante del mundo social. Pero además, la sociología oficial no apunta a realizarse como ciencia, sino a concretar la imagen oficial de la ciencia que la sociología oficial de la ciencia, suerte de instancia jurídica que se da la comunidad de los sociólogos oficiales, tiene por función proveerle a costa de una interpretación positivista de la práctica científica de las ciencias naturales.

Por otra parte, Bourdieu comenta que para analizar y comprender mejor una producción cultural, no basta con referirse a su contenido textual, pero tampoco con referirse al contexto social y conformarse con una puesta en relación directa del texto y el contexto. (Error del corto circuito). En este sentido, nos lleva de nueva cuenta a la polémica entre ciencias sociales y ciencias naturales y/o exactas, que ese vació ha creado un campo que consiste en suponer que entre dos polos, muy distantes, entre los cuales se presume, un poco imprudente, que puede pasar la corriente, hay un universo intermedio que ha llamado campo literario, artístico, jurídico científico, es decir, el universo en el que se incluyen agentes y las instituciones que producen, reproducen o difunden el arte, la literatura o la ciencia. Ese universo es un mundo social como los demás, pero que obedece a leyes sociales más o menos específicas.

Con la noción de campo, el autor pretende designar ese espacio relativamente autónomo, ese microcosmos provisto de sus propias leyes. Si bien está sometido, como el macrocosmos, a leyes sociales, éstas no son las mismas. En la medida en que una ciencia o disciplina –campo- se vuelve más autónomo, más intenso será su poder de refracción y más se transfiguran las coacciones externas, al extremo de volverse, con frecuencia, absolutamente irreconocibles. El grado de la autonomía de un campo, en consecuencia, tiene como indicador principal su poder de refracción, de retraducción.

En cuanto más autónomo es un campo y más cerca está de una competencia pura y perfecta, más puramente científica es la censura, que excluye la intervención de fuerzas meramente sociales; las coacciones sociales adoptan la forma de coacciones lógicas y recíprocamente: para hacerse valer, hay que hacer valer razones, y para triunfar, hay que hacer triunfar argumentos, demostraciones y refutaciones.

En el campo se enfrentan construcciones sociales antagónicas, como bien puede ser el ejemplo de la descripción del laboratorio de Latour, o también en la comunidad totonaca que menciono al principio del trabajo, en donde se dan representaciones, pero representaciones realistas, que son fundadas en una “realidad” dotada de todos los medios para imponer su veredicto a través del arsenal de métodos, instrumentos y técnicas de experimentación colectivamente acumulados y colectivamente puestos en acción, bajo la coacción de las disciplinas y las censuras del campo y también por la virtud invisible de la orquestación de los habitus.

El aporte del análisis sociológico y que, en cierto sentido, cambia todo, es principalmente una puesta en perspectiva sistemática de las visiones perspectivas que los agentes producen para las necesidades de sus luchas prácticas dentro del campo y que, a despecho de todo lo que hacen para “universalizarlas”.

El INRA funciona como un campo: es un hecho. Y la distancia entre los agentes y los departamentos, organizados por su parte según jerarquías de las que, en más de un caso, no es fácil establecer qué deben a los criterios administrativos y a los criterios propiamente científicos, esa distancia, decía, es particularmente grande, debido a la dualidad de las funciones declaradas y reivindicadas, a saber, la investigación fundamental y la investigación aplicada.

Para ir concluyendo el trabajo, quiero retomar el trabajo de Zamora, en donde habla de reflexiones sobre la producción del saber científico. Me parece, que en el fondo de esta lucha entre las ciencias sociales y las ciencias naturales existen algo más de por medio, en donde no sólo se lucha el reconocimiento, sino que además si se da el reconocimiento a las ciencias sociales, entonces pronto reclamarán un espacio que les ha correspondido en tiempos atrás. En este sentido, los que ocupan espacios de decisión y poder, tienen miedo perderlo y que la situación sea revertida. Esta situación, lo más cercano que nos llevaría entonces es a la democratización de las ciencias, en donde los cotos de poder que tienden controlar las ciencias, por el poder adquisitivo que tiene, también estarían pasando la responsabilidad a la sociedad civil en el control y producción del conocimiento tanto social como técnico. Y de esta manera también las ciencias sociales tendrían un mayor acercamiento con la sociedad, y dejar de creer y pensar que los que estudian sociología y antropología son los que no tuvieron oportunidad de entrar a otras carreras, o bien los que sólo les gusta andar en el campo, este y otros mitos se estarían rompiendo, porque también la sociedad estaría exigiendo la producción para que fuera más accesible, seria y de mayor calidad.

Conclusiones finales

Es claro que los científicos producen documentos con el único fin de convertirlos en credibilidad, que puedan a su vez reinvertir en la producción de nuevos documentos, etc., es tan absurda como la idea de una economía en la que los capitalistas invirtieran todos sus recursos en la producción de bienes de inversión cuyo objetivo sería sólo producir nuevos bienes de inversión, etc., pero nunca ofrecieran bienes de consumo.

En el terreno de las ciencias sociales o exactas, significa que al menos algunas cosas de las que producen los científicos, deben tener alguna utilidad, directa o indirecta, además de servir para producir nuevos artículos, libros o ideas. Algunos de sus productos pueden ser valorados sólo en la medida en que sirven para que ellos mismos u otros colegas produzcan nuevas “inscripciones”, pero el resto de la sociedad no estaría dispuesto a entregar a los investigadores los recursos fuera valiosa por alguna otra razón. La otra valoración que la sociedad haga de los “productos” de los científicos determinarán, en buena medida, qué problemas van a investigar éstos, con qué medios lo harán, y que interpretación de sus resultados, entre todas las imaginadas, van a ofrecer. Tal y como lo vemos en la comunidad de Ecatlán, de la imagen y concepto que se tiene de los profesionistas. Es necesario entonces cambiar la imagen a través de la producción de utilidades –insumos para proyectos culturales o de otra índole, por lo menos dejar una copia del documento que trabajamos- a las comunidades que visitamos o en donde pretendemos hacer nuestros trabajos de campo.


Por último las ciencias sociales no busca una ciencia neutra, lo que busca es el reconocimiento de la sociedad de lo que hace, de la importancia que tiene sus productos de investigación, de la seriedad con la que trabajan para el desarrollo de sus investigaciones y que puede producir y construir conocimientos como lo hacen las otras disciplinas.

 

 

   1 CORONEL Rosa, Miguel García... “Relaciones de Jonotla y Tetela en el siglo XVI”, Cultura y Sociedad. INAH-ENAH. 1988. P: 110.

 2 El padre de la Parroquia de Jonotla, en una celebración de la misa de los días domingos mencionó que la fecha de fundación de la comunidad de Ecatlán fue en el año 418 después de Cristo.

3 Ruiz Lombardo Andrés. Op. Cit. P:15.

 

Referencias Bibliográficas

Bourdieu, Pierre. Los usos sociales de la ciencia. “campo científico” Colecciones Claves. Ediciones Nueva Visión. 2000

El oficio del científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad. Editorial Anagrama. Colección argumentos. 2003

Habermas Jürgen. Ciencia y técnica como “ideología”. Editorial Tecnos. 1986

Latour Bruno y Steve Woolgar. La vida en el laboratorio: la construcción de los hechos científicos; Versión en española de: Eulalia Pérez Sedeño. Alianza Editorial. 1995

Zamora Bonilla Jesús. Ciencia Pública –ciencia privada. Reflexiones sobre la producción del saber científico. Fondo de Cultura Económica. 2005

 
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