En primera persona: Chalchihuecan
Guillermo Manzano
Hace unos lustros, en una distante, pero cercana juventud; acudí varias veces a la playa de Chalchihuecan, del municipio de La Antigua. Entre postjipis y compas de la ‘nueva era’, curioso acudía a la llamada lluvia de estrellas. Lejanos recuerdos que están frescos. Sin ninguna razón o motivo dejé de acudir a los llamados del primer viernes de marzo.
Este año, también sin motivo ni razón decidí ir a darme un baño nocturno en las aguas del Golfo de México, en la playa que vio llegar a los españoles durante el Siglo XVI, vamos, recordar otros tiempos y refrescar la memoria. Las pláticas de visitantes –amigos y conocidos- motivaron en buena medida el recorrer el tiempo. Así que mochila al hombro y una tienda de campaña, con algunos bártulos dirigí mis pasos a la cita mágica.
¡Sorpresa! Un mecate impedía el paso de acceso al mar. Supuestos vecinos cobraban la módica cantidad de 10 pesos por cráneo para acceder a una playa pública. Patrullas al por mayor estaban apostados o recorrían los dos kilómetros de camino que separan la carretera del sitio sagrado. Al llegar, unos puestos de tacos al pastor, hot dog’s, expedio de cerveza y un gritón que animaba a la gente a emborracharse y bailar al ritmo que el ‘DJ’ quisiera. El merolico exhortaba a una multitud amorfa a gritar ‘como hombres’ cuando vieran a las edecanes bailar. Invitaba a subir al ‘escenario’ para que el valiente o la valiente, mostrara su originalidad en el baile. La culta música de Reguetón (¿se escribe así?) se escuchaba a kilómetros a la redonda. El bufón del micrófono motiva a la plebe a esperar el ‘plato fuerte’: la Bodoquito y su chou. ¡Vaya, vaya! La perla: el agradecimiento a las autoridades municipales y el Gobierno del Estado por la realización del festival ‘Lluvia de estrellas’. Mmm… Molesto, no; mejor dicho, encabronado me retiré lo más que pude del ruido. Caminé hacia la playa para instalar la casa de campaña. Pero la plaga cubrió todo: vendedores de juguetes luminosos, de algodones de azúcar, de volovanes, de gorditas y empanadas, de leña, y un variopinto más recorrían la playa. Algunos niños gritaban y movían con sus manos las luminarias que sus progenitores les compraron. En fin, una verbena y una bacanal, menos el motivo principal: cargarse de energía en contacto con la naturaleza. Sin embargo, unos cuantos, los menos, formaban círculos mientras el agua marina mojaba sus pies. A lo que iban, a mantener un ritual que algún ‘iluminado’ corrompió y comercializó sin mayor respeto. No hay que ser muy ducho para darse cuenta quién es el promotor de esta mercantilización de una costumbre que se mantenía ajena a los vaivenes políticos: los letreros color rojo señalan al responsable. En Veracruz sabemos quién es el melómano escarlata. El que quiere emular a Midas y convertir en oro todo lo que toca. El que quiere perpetuarse en el poder con un Titino de sucesor. Ese, es el responsable. No hay más. No hay otro. COLA DE GATO Hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Puede haber muchos motivos para celebrar, pero también hay más motivos para seguir en la lucha del respeto e igualdad entre los géneros. Las estadísticas varían según la fuente. Unos dirán que la mujer va bien. Otros harán énfasis en la falta de empoderamiento, violaciones, falta de incorporación al sector productivo, golpes, maltratos y toda esa gama de hechos y sucesos que tiñen a una sociedad que todavía carece del más básico respeto por las diferencias entre iguales. De cualquier forma es un día para reflexionar y repensar hacia dónde vamos, hacia donde caminamos como sociedad y los cambios que nos hacen falta. Hoy es un día especial, ojalá pronto, este día, sólo quede como una mera referencia en el calendario cívico de la humanidad. |