 "Resultaría benéfico acercar nuestro presidencialismo a un sistema semipresidencial […], se que este planteamiento ha causado mucha polémica, pero también sé que todas las grandes reformas siempre agitan las aguas [...] prudencia, de ninguna manera significa que los cambios no deban hacerse. "Es precisamente por ello que debemos de evitar la discrecionalidad, los espacios de autoritarismo y la corrupción que encuentran, precisamente, hueco para sentar sus fueros y para poder seguirse perpetuando. La democracia mexicana requiere que el respeto a la ley sea irrestricto”, [1] puntualizó Santiago Creel, entonces Secretario de Gobernación, pasado perdedor para la precandidatura a la presidencia y actual Senador. Supongamos que el “as” de la gobernabilidad, panista, sustenta su opinión con argumentos sartorianos los cuales apuestan al semipresidencialismo como un modelo fuerte para la gobernabilidad, encontrando que en esta forma de gobierno “se establece una estructura de autoridad dual cuyos tres criterios definitorios son:
El presidente es independiente del Parlamento, pero no se le permite gobernar solo o directamente, y en consecuencia su voluntad debe ser canalizada y procesada por medio de su gobierno. De la otra parte, el primer ministro y su gabinete son independientes del presidente porque dependen del Parlamento; están sujetos al voto de confianza y/o al voto de censura, y en ambos casos requieren el apoyo de una mayoría parlamentaria. [¿En estos términos Ramírez Acuña sería viable como Secretario de Gobernación de Calderón? La estructura de autoridad dual del semipresidencialismo permite diferentes balances de poder así como predominios de poder variables dentro del Ejecutivo, bajo la rigurosa condición de que el ‘potencial de autonomía' de cada unidad componente del Ejecutivo subsista.” [2] Pensemos en el México de hoy; ¿los problemas de gobernabilidad se resolverían con esta receta?, ¿la democracia reviviría como un modo de vida profundo?, ¿la política permitiría el buen gobierno, a pesar de los polos opuesto en el país?, ¿la desigualdad, la justicia, el medio ambiente, la pobreza declinarían? Mi respuesta es no, y no por desacreditar la labor intelectual de Sartori o la buena voluntad de Creel, pero el semipresidencialismo es un modelo de estructura gubernamental que supone su aplicación con una serie de condiciones dadas, mismas que no existen en el país. Es decir, el parlamentarismo o semipresidencialismo (los ismos ad infinitum) son cambios de estado [3] de forma política o de gobierno, lo que es apremiante para México es una reforma del Estado no del estado. El Estado es una concreción histórica que conjuga rasgos territoriales, poblacionales y de gobierno, como expresión de la lucha de clases, siendo la clase burguesa la cual ha utilizado al mismo como su expresión superestructural, de control, justificación y adoctrinamiento. Sin embargo el Estado no es una marca registrada, ni expresión exclusiva de la clase dominante; es necesario que el Estado responda “también siempre, en mayor o menor medida, a necesidades e intereses generales de la sociedad. Debe en parte pretender ser y en parte actuar realmente como actor autónomo, árbitro, encarnación y realización del orden, la justicia y el bien común.” [4] Es decir, que el Estado cumpla su función dual, (siguiendo las categorías de Kaplan) y no sea el instrumento de la clase dominante solamente, esta es una reforma grande, no a la que Creel se refiere. Precisamente el Estado mexicano parece ser la herramienta para que una clase poderosa se beneficie, basta ver el reporte del Banco Mundial en el que se asevera que en el mandato de Fox los 20 hombres más ricos acrecentaron sus ganancias mientras el desempleo y la pobreza se han potencializado, basta ver el alza de precios en productos de consumo general de la clase dominada. Estos factores generan ingobernabilidad, sin la dualidad del Estado los administradores públicos tienden a “autonomizarse relativamente de la esfera socioeconómica y del sistema en su conjunto, y que continúa […] con el desarrollo y primacía de la organización y la especialización políticas. Desaparecida la supremacía del movimiento social como tal, la política pierde su naturaleza originariamente social. Se separa de las masas populares, se independiza de su voluntad, y obra fuera, por encima y contra ellas, en una relación de sujeto a objeto. Transforma el interés político en interés particular de la capa de políticos profesionales que asume el monopolio del tratamiento y de la solución de los conflictos socioeconómicos e ideológicos. Se enfrenta a la sociedad y sobredetermina en cierta medida (que puede llegar a ser considerable) sus características y contradicciones.” [5] El autoritarismo y la corrupción no se resuelven con el respeto legal de la “democracia” solamente, como dice el ex secretario de gobierno federal. Precisamente esta concepción chata, legaloide, formal y electoral de la democracia es una de las razones de los actuales problemas en México. La “transición democrática” “dejó de lado temas importantes y cruciales para el funcionamiento político y el rendimiento social de la democracia, tales como el sistema de justicia, la administración pública, el modelo de crecimiento económico y desarrollo social, las relaciones entre los poderes públicos y las organizaciones sociales.” [6] La democracia es que la sociedad, en general, tenga acceso a la justicia, al empleo, a la salud, etc. No solamente derecho a elegir a sus representantes públicos, los cuales se han alejado de sus tareas y deberes públicos, precisamente. Es necesario que la fracción política rinda cuentas puntuales a sus representados sujetándose al mandato irrestricto del pueblo, sólo profundizando y ampliando la democracia se logrará esto. Los gastos Estatales tienen que dirigirse directamente al mejoramiento de la vida de los mexicanos haciendo funcionar a las paraestatales, recortando el despilfarro presupuestal en partidos, gobierno y personal político (gasto corriente). El uso de la fuerza es la última herramienta de coacción del Estado y no sólo tiene que ser utilizada en contra de la clase dominada, la (buena) política tendrá que ser el arma letal para gobernar. La Reforma del Estado, antes de atender a modelos políticos, tiene que recaer en la dualidad del Estado sino no se resolverán los problemas estructurales del país, el Estado tiene que solventar, de una vez, su responsabilidad histórica de ser el garante del bienestar del territorio, la población y el correcto funcionamiento del gobierno. [1] En el Congreso Internacional El orden jurídico de la consolidación democrática, 4 de octubre del 2004. [2] Giovanni Sartori. Ingeniería constitucional comparada, Fondo de Cultura Económica, México, 1999, tercera impresión p. 149. [3] estado: Situación en que se encuentra alguien o algo, y en especial cada uno de sus sucesivos modos de ser o estar. Real Diccionario de la Lengua Española , http://www.rae.es [4] Marcos Kaplan, Estado y Sociedad, UNAM, México, 1987, tercera impresión p. 161. [5] ibid p.150. [6] Luís Aguilar, democracia y transición. Más allá de los juegos del poder, revista trayectorias, año 1, número 1, septiembre-diciembre de 1999, p.2. |