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Lectura y libertad política Raúl Arias Lovillo Rector de la Universidad Veracruzana El Festival de la Lectura de la Universidad Veracruzana y la Biblioteca del Universitario nacieron de una gran convicción: reproducir, producir y distribuir conocimiento, cultura, arte con sentido social; transmitir valores como el diálogo, la tolerancia, la búsqueda de la verdad, la ética de la responsabilidad social, es decir, con el objetivo de recrear entre nosotros el compromiso humanista de la Universidad Veracruzana.
¿Puede haber algo más estimulante para un Rector que saber que lo que se hace en su universidad sirve para que los estudiantes se formen como mejores profesionales y mejores seres humanos? No lo hay ni debe haberlo.
En lo personal, debo decir que tal vez sean reflejos de mi formación. He estudiado desde la enseñanza primaria en instituciones públicas. Sé lo que significa que el pueblo me haya apoyado en mis estudios, y agradezco siempre haber pasado por las aulas de la Universidad Veracruzana, y obtener un título gracias a ese respaldo impagable.
Pero valorarlo y apreciar este respaldo ha de ser sinónimo de reciprocidad, de entrega, de compromiso. La Biblioteca del Universitario y el Festival de la Lectura se inscriben en el proyecto académico de la UV. Son sustanciales para nuestro modelo educativo. Queremos una formación integral y humanista en nuestros estudiantes, la cual será más sólida en la medida en que los estudiantes asuman la importancia de la lectura. Nuestra intención es, precisamente, que los estudiantes de la Universidad Veracruzana tengan más y mejores herramientas en su formación. Este objetivo estratégico lo consagran el Festival de la Lectura y la colección de libros de la Biblioteca del Universitario. Asimismo, no me cansaré de convocarlos a la lectura, que estoy seguro será una actividad placentera y constructiva que marcará positivamente sus vidas. El libro como herramienta de aprendizaje En la mayoría de nuestras sociedades la labor educativa no es reconocida como se merece. El presupuesto acordado a la educación superior siempre es limitado: en las universidades públicas, dada la estrechez de las ayudas financieras, suele destinarse a otras prioridades antes que a la compra de libros. Como consecuencia de esto, las bibliotecas pierden terreno. Tremendo error. El libro es la herramienta más importante que el hombre ha construido a lo largo de su existencia, como lo dijo Borges y nos lo recuerda Pitol, porque es una extensión de la memoria y de la imaginación. Pensar en nuestro tiempo no es sinónimo de acumular información por medios electrónicos. “Más rápido que el pensamiento”, rezaba hace unos años la publicidad de cierta computadora portátil. Curiosamente, la oposición es válida, ya que el acto de pensar demanda tiempo y profundidad, las dos cualidades esenciales en el acto de leer. Aprender es un proceso lento y difícil, dos adjetivos que en nuestra época se han vuelto sinónimo de defecto más que instrumentos de alabanza. Hoy parece casi imposible convencer a la gente de los méritos de la paciencia y del esfuerzo deliberado. Resulta bastante fácil aprender de manera superficial: poder seguir una telenovela, entender un chiste o un mensaje publicitario. Pero para avanzar y profundizar, para tener el valor de enfrentar nuestros temores, nuestras dudas y nuestros secretos, para plantearse los problemas de la sociedad, los nuestros y los del mundo, debemos aprender a leer las formas que nos enseñen a pensar. Sin libros puede ser que terminemos una carrera universitaria, pero en definitiva seguiremos pensando con las ideas de otros y seremos siendo víctimas de la manipulación de los poderosos. La lectura como ejercicio de la libertad No hay que olvidar que la lectura es una actividad que siempre ha sido vista con escaso entusiasmo por quienes detentan el poder. No es una casualidad que en los siglos XVIII y XIX hubiera leyes contra la enseñanza de la lectura a los esclavos. Los esclavos no debían leer ni siquiera la Biblia, porque quien puede leer la Biblia puede leer también un tratado contra el esclavismo. Al apostar por la Biblioteca del Universitario y por el Festival de la Lectura, en la Universidad Veracruzana apostamos por la libertad. Leer permite establecer un vínculo con la libertad y nos ahuyenta de los miedos a ejercerla. Por circunstancias diversas, siempre estará en juego preservar nuestra cultura y nuestros valores, así como defender y consolidar el proyecto académico de la Universidad Veracruzana. Por ello, es obligación de estudiantes, maestros y trabajadores entender e interpretar muy bien el momento que vivimos. En lo particular, el contexto político de Veracruz debe mantenernos alertas y no caer en confusiones. La Universidad, como institución, está al margen de este proceso constitucional. Sin embargo, salvo que una institución como el Instituto Electoral Veracruzano la involucre mediante un mandato legal –salvaguardando la autonomía– la UV podrá considerar la eventual realización de algún evento relacionado con el mismo proceso. Pero hay que recordar también a todos los universitarios que la Universidad Veracruzana es un espacio de libertad. Además de autónoma, es una institución plural y diversa. Por lo tanto, nuestra obligación es respetar la autonomía y exigir que se respete, lo cual quiere decir que ningún partido ni persona alguna, pueden interferir o violentar las actividades académicas de la casa de estudios, ni utilizar para su beneficio patrimonial o políticos sus bienes y su patrimonio. Pero tampoco debemos confundirnos. En estos tiempos vale la pena reiterar lo que es obvio e indiscutible: en los campus de la UV nadie puede coartar el derecho de los miembros de la comunidad universitaria a defender, transmitir, difundir ideas u opiniones a favor o en contra de alguien, siempre que ese derecho se ejerza respetando los derechos de los demás, y sin alterar ni violentar las actividades académicas sustantivas de la Universidad. Y de acuerdo a nuestras normas, den por seguro que exigiremos el respeto al ejercicio de la libertad de todos los universitarios. |