Debates
Guillermo Manzano
Al principio del proceso electoral los candidatos de partidos opositores al PRI exigieron debatir. Vamos, era tanta la enjundia que pareciera que iban a terminar con las escasas ideas y nulas propuestas de los priistas. De hecho, la medianía intelectual de algunos contendientes y la escasez de masa gris de la mayoría, hacía suponer que sí, que iban a debatir y arrinconar mediante argumentos a quienes se basan en el dinero y el poder gubernamental para afianzar sus triunfo. No fue así. Al menos en los debates correspondientes a Xalapa. Se pueden encontrar pretextos: que si el formato no es el adecuado, que si el tiempo no alcanza, que si el órgano electoral protege a los priistas, que si tuvo miedo, que si me quitaron el sonido, que si no dejaron entrar a mis porras, que si la manga del muerto. Lo cierto es que los opositores no pudieron y no supieron aprovechar el momento. ¿Para eso querían debatir?
La carencia de propuestas se limitó a enumerar lugares comunes, cada uno con su cada cual. El patetismo de los candidatos bisoños del PRI no se notó por la complacencia e ignorancia de sus contrincantes, quienes confunden consignas con ideas, quienes opinan y no argumentan. Esto me ha quitado cualquier incertidumbre o duda que llegué a tener con relación al actual proceso electoral: todos los candidatos nos siguen viendo como moneda de cambio, cada uno pone su matiz, pero en esencia sólo somos para ellos mercancía electoral. Así nos tratan y así nos ven. Una de las causas de que los políticos nos falten el respeto es que nosotros no valoramos el concepto ciudadano ni mucho menos tomamos conciencia de lo que significa ciudadanía. Los xalapeños sabemos bien quién es quién de los candidatos a la presidencia municipal. Dos de ellos han sido diputados, una federal y otro local (dos veces), ¿algo hicieron por la ciudad o por su distrito cuando ejercieron la representación? El colmo de las burlas es la fabricación de personalidad (cambio de imagen, le dicen los expertos) a la candidata de la fidelidad. ¿Acaso no sabemos quién es Elizabeth Morales? Si estos políticos profesionales son tan caraduras de presentarse ante nosotros y pedir el voto, se debe a que aún no conocemos ni sabemos lo que es el sufragio efectivo. Así de pobre es nuestra democracia. Por eso, cuando se mediatizó una obligatoriedad del Instituto Electoral Veracruzano referente a los debates, se planteaba a la contienda electoral por la periferia y no por lo central. Magnificar un debate como si en él se definiera la elección, sólo fue una estrategia de distracción, una broma como el boletín emitido que dice que una candidata ganó el debate de facto. ¡Habrase visto semejantes estupidez!, más merecemos por ignorar nuestros derechos y obligaciones. La próxima semana será el debate de los tres contendientes a la gubernatura. Tres candidatos y un mismo partido, un mismo embrión. Demás está decir los titulares del día siguiente en los medios de información (según el gusto, preferencia o convenio establecido): X ganó el debate, Y, arrasó en el debate, Z hizo las propuestas. Lindezas de este tipo sólo muestran la mediocridad política de los contendientes, de sus equipos de campaña, de sus difusores y, muestra también, la apatía generalizada del electorado. Creo que habrá que esperar, quizá uno o dos sexenios más, para que empecemos a tomar en serio nuestro papel en la sociedad. Para que empecemos a ser ciudadanos y, sobre todo, para ejercer una ciudadanía que ha costado mucho en el pasado y que a fuerza de despensas, discursos y dinero nos quieren hacer olvidar. ¿Debatir? Sí, debatamos cuando haya ideas y argumentos y para eso nos falta todavía un camino extenso que recorrer. |