Monsi y Saramago
Guillermo Manzano
La muerte llega sin pedir permiso. Vamos, un buen día se hace presente sin invitación. Con descaro toca la puerta entra y se va. Un fin de semana para no olvidar. Mueren José Saramago y Carlos Monsiváis. Que cada quién guarde su luto. Yo sólo vuelvo a leer y a recordar. Hace veintitantos años me acerqué a Carlos, libreta en mano y bolígrafo Bic al ristre traté de hacer una entrevista. Por supuesto que no pude, la admiración y mi novatez me ganaron. Sólo escuché y escuché. Después hice una nota de memoria. Básica, sin mayor mérito que el haber estado ahí presente. Por días y noches me reproché mi estupidez, debí haber ‘sacado’ algo más que la nota.
A Monsi lo leí por influencia de mi padre. Mi madre adoraba a Gabriel García Márquez, mi padre leía a Monsiváis. Ambos están presentes en mi adolescencia. Ambos marcaron mi vida. Monsi se fue y nos deja de tarea las crónicas pendientes del país. Muchos se quedarán sin voz, ya no está quién los registre, ya no hay cronista de la vida. Sabemos que los medios sólo ven lo que quieren ver. Hay ciudades que no ven, hay gente que no ven. Esos eran los que miraba Monsi, esos son los que se borraran, al menos por un tiempo. Digan lo que digan de Carlos me tiene sin cuidado. Elogios y diatribas. Cada quién guarde su luto. Cada cuál escriba lo que quiera. Yo, sólo vuelvo a leer y a recordar. No más Monsi, nunca más Por mi madre bohemios.
Don José Saramago y sus ensayos y sus evangelios y sus catedrales y sus vísceras expuestas ante la injusticia. Don José y los zapatistas y los comunistas y los pobres y los jodidos y los intelectuales y los nobeles y aquellos que hablan y dicen y cuentan y vuelven a decir. Don José y mis alumnos y mis ex alumnos y sus lecturas y sus reportes y sus reseñas y sus cosas y más cosas que encontraban en cada texto obligado y después disfrutado y la sed de lectura que se da en uno que otro muchacho. Don José y mis noches de dominó y mis canciones de Sabina y mis Magdalenas y mis cervezas y cigarros y más cervezas y más y muchos más cigarros. Don José y la política y la democracia y las críticas y más críticas y sus dardos verbales y sus personajes sin nombre y sus anteojos y sus amores y desamores que indirectamente me afectaron y me cobijaron. Don José Saramago y sus lectores y sus seguidores incondicionales (cosa que a él le valía madres) y sus más lectores que ahora de muerto tendrá. Don José y sus palabras y más palabras y el sustantivo y el verbo. Don José sin adjetivos ni adverbios y gerundios que nos manchan la hoja y nos rompen la lectura. Don José y su grandeza que grande y tan grande que ni el Vaticano perdona. Don José y las encíclicas que algunos Papas quisieran haber podido escribir. Don José Saramago y su testarudez de nadar contra corriente. De tan testarudo que era, primero se inmortalizó y luego se murió, total el orden de los factores no altera el producto, y menos cuando el producto era él. Don José Saramago y Carlos Monsiváis y la república de las letras y la república de las ideas y las nubes de algodón y las mierdas del infierno. Don José y Monsi, caminan ahora con Virgilio, fiel guía de la Comedia de Dante, ríen y ríen y seguirán riendo al ver el desmadre que causaron en muchos lectores. Ja, y piensan que todavía piensan, han de decir mientras caminan y conversan cosas que sólo ellos y Virgilio saben decir. ¿Yo?, yo sólo siento tristeza y vuelvo a leer y a recordar y a leer porque si dejo de leer, seguro que también me muero. |