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Inicio arrow Número VI 2006 arrow Semblanza de Joaquín Galarza: un mexicano en París.
Semblanza de Joaquín Galarza: un mexicano en París. PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Eve Goujon Renard   
Saturday, 01 de October de 2005

 Universidad Veracruzana
XIII Foro interno de la Facultad de Antropología.
Mesa-Homenaje a Joaquín Galarza.
En el mes de los difuntos, a 4 meses de su partida.

“Se piensa que no hay reglas plásticas ni convenciones en el dibujo mesoamericano y que no hay transcripción de lengua”. Joaquín Galarza 2002

Esta ponencia es la culminación de una serie de homenajes que la facultad de Antropología  ha rendido a la memoria del Dr Galarza, en este mes de Noviembre, con la ofrenda del altar de muertos, primero, y el día 5, con la presentación del libro de una de sus alumnas -la Dra. Mohar Betancourt- sobre el Mapa Quinatzin.

La  fecunda colaboración de J. Galarza con la escuela remonta a varios lustros. Se materializó en primera instancia en la presentación de una tesis de Licenciatura (del Maestro J. J. Bonilla) y fructificó después en una línea de investigación, en la cual participan por lo menos 5 o 6 alumnos quienes se titularán el próximo año (2005)… la del análisis de documentos pictográficos del siglo XVI.

 

Su influencia en la facultad, en las carreras de Arqueología y Antropología histórica se debe a la relación que tuvimos algunos académicos con él, durante más de 40 años.

 

Todo inició en los años 60’s en el Institut d’Ethnologie de Paris sito en el Musée de l’Homme (ex Musée d’Ethnographie du Trocadéro): J. Galarza desde el año de 1958 había llegado a París con una beca del gobierno francés para estudiar literatura comparada.

 

Anteriormente, en México había estudiado la carrera de Química, obligado por su familia que le había impedido entrar a la Enah, para cursar la carrera de Arqueología, por ser un “hobby de millonarios”. En las tardes, el joven estudiante paseaba por las calles de Tacuba y la de Mascarones, y se asomaba a la Facultad de Filosofía y Letras, para tomar cursos de Letras Francesas, de allí su interés por Francia, y su salida para París.

 

En la ciudad-Luz hizo sus primeras prácticas en la Biblioteca del Ayuntamiento y después en la del Museo del Hombre, fundado por Paul Rivet (connotado americanista, miembro destacado de la Resistencia francesa, y fundador acá en México del IFAL, en la colonia Cuauhtemoc de la ciudad de México).

 

Como mexicano, se le encomendó a Joaquín clasificar el fondo de documentos  especializados, y decidió estudiar un diploma de estudios superiores de Etnología y de Arqueología prehistórica, que impartían, entre otros profesores de la Sorbona y del Colegio de Francia, André Leroi-Gourhan y Claude Lévi-Strauss, así como Guy Stresser-Péan (especialista  de la Huasteca) y Jacques Soustelle quién estaba en aquel entonces en Argelia como gobernador, y cuya esposa Georgette (quién había trabajado en los años 30 en la sierra de Zongolica y entre los Lacandones de Chiapas) era investigadora del Departamento de América en el mismo museo.

 

En ese recinto, Joaquín encontró en la oficina del director un cuadro que era un códice del pueblo de Sta Anita Zacatlalmanco, y que no había sido estudiado, ello lo motivó a seguir investigando este tipo de documento pictórico.

 

Impelido por sus mentores, sobre todo Leroi-Gourhan (quien había hecho un análisis sistemático del arte prehistórico europeo: uno de sus textos fundamentales al respecto es “el lenguaje de las formas”) y apoyado en las enseñanzas del método estructuralista de Lévi-Strauss, Galarza emprende la catalogación de los manuscritos de la biblioteca del  Museo del Hombre.

 

Inicia con la elaboración de catálogos de glifos: en esta época, el Códice Mendoza no estaba leído. Crea un método analítico para “leer” estas pequeñas imágenes que correspondían a nombres de lugares (topónimos) nombres de personas (antropónimos) o elementos calendáricos, entre otros elementos. En aquel entonces no existían las fotocopias y Joaquín dibujaba y analizaba en cada ficha los elementos mínimos de los textos de lengua náhuatl, la lengua de origen.

 

Estas imágenes -y esto es lo novedoso del trabajo de Galarza- no son ilustraciones de referencia a un texto que existiera aparte. “Es el texto contenido en sí mismo y existe una codificación compleja. No existen dos convenciones  sino una sola, los tlacuilos construían conjuntos lógicos desde el punto de vista visual como la composición de un cuadro” (Entrevista de Y. Iturriaga, en 2002).

 

El Dr Galarza usó fundamentalmente el método comparativo, contrastando elementos que ya sabía leer del siglo XVI, con unos no leídos. Por esta misma razón consideraba al Códice Mendoza como su “Pierre de Rosette”.

 

Y esta catalogación aún no termina.

 

En los años 70, ya nombrado investigador titular del centro de Investigaciones de Francia (CNRS, por sus siglas en francés), prosiguió con sus investigaciones sobre códices y la preparación de diccionarios.

 

Unos años antes, en 1962, su primer trabajo publicado había sido una ponencia en el Congreso de la Société des Américanistes, en la ciudad de México, sobre el famoso códice de Santa Anita (ya mencionado anteriormente), un pueblito del centro histórico de dicha urbe, que permitió por cierto a los habitantes defender su propiedad comunal en el año de 1968, y ampararse contra la construcción de un eje vial.

 

Lo que le interesaba en realidad a Galarza era que estos intentos de desciframiento conformaban una relación viva que los antiguos códices tienen con los pueblos indígenas actuales. Esto le impulsó aun más en incursionar en la Biblioteca Nacional de París, en donde encontró varios documentos comprados por Maximiliano (conservados en estuches de piel con un escudo imperial) a funcionarios mexicanos corruptos que los habían robado a diferentes pueblo. Tenía siempre esta idea de conservar y salvaguardar el patrimonio histórico de México.

 

Todo ello forma hoy el fondo mexicano de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Francia, que la Dra. Luz María Mohar B. sigue analizando en el proyecto Amoxcalli en el Ciesas, y en el cual participa el Mtro. Bonilla, catedrático de nuestra escuela.

 

A partir del Congreso de Americanistas de 1962, Guillermo Bonfil B. cofundador con A. Palerm del CISINAH le propone analizar los “códices y su sistema de escritura”. Los lingüistas mexicanos y franceses (A. Garibay, León-Portilla o Bernard Pottier) en esos días no estaban de acuerdo con Joaquín y afirmaban que “con una imagen no se puede escribir una lengua” y lo conminaban a utilizar la expresión de “sistema de escritura plástico-gramatical” y no “sistema de escritura tradicional indígena”. ¡Cuanta cerrazón intelectual y discriminación académica! En Francia, su línea de investigación se siguió llamando “estudio etnológico de la imagen mesoamericana”.

 

El decía siempre que “protestaba en contra del paso a la interpretación antes de la lectura”; se sigue aun pensando hoy que no puede haber lectura de códices porque no hay un sistema de escritura. Para él “era importante demostrar que los pueblos antiguos de México tenían un sistema de escritura con su manera de transmitir nuestras antiguas lenguas y pensamientos, no con sonidos sino con imágenes complejas por sus colores y composición dentro de un cuadro”.

 

En las clases de Leroi-Gourhan conoció a Raimundo Cardona, un antropólogo lingüista de la universidad de Roma (muerto prematuramente a la edad de 46 años), uno de los pioneros de la etnología de la imagen, con quién trabajó algún tiempo, y siguió haciéndolo con dos de sus discípulos de la universidad de La Sapienza. En Italia, para ser más preciso en Bolonia, colaboró con Umberto Eco durante varios años, con quien compartió varias propuestas de análisis semiótico.

 

En París formó a un grupo de alumnos, entre ellos a Marc Thouvenot, el único que siguió sus pasos en el CNRS, y quien heredó el puesto de Jacques Soustelle. Durante los últimos años, Galarza pasaba 2 meses en París y 2 en México (con sus cursos en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, sus indagaciones en el Archivo General de la Nación; en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM o en el Museo Nacional de Antropología)

 

Después de su jubilación en Francia, fue nombrado investigador de Tiempo Completo en la Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y estaba realizando un CD-ROM integrado por más de 6500 elementos mínimos de la escritura tradicional, con todas sus combinaciones, recopilados a partir de sus diferentes catálogos.

 

Afortunadamente, en marzo de este año, pudo tener en sus manos el libro y CD-ROM interactivo que la Dra. Mohar publicó sobre el Mapa Quinatzin en un hotel cercano a París, de donde se despidió de nosotros, ya muy enfermo, por teléfono, pocos días antes de su partida, el 31 de julio de este año, justo el día en que tenía que entregar las llaves de su cubículo del Museo del Hombre (que había compartido durante tantos años con la viuda de J. Soustelle), después de desocuparlo.

 

Este foro interno de la facultad ha sido este año dedicado al “Patrimonio agredido”, expoliado, pero es significativo que sean a veces las mismas autoridades las encargadas de salvaguardar las herencias de las generaciones pasadas, las que cometan los atropellos. Resulta paradigmático el caso en París del Museo del Hombre, fundado hace más de 60 años por miembros de la Resistencia Francesa (la mayoría militantes comunistas y socialistas) que está siendo desmembrado por el mismo Presidente de la República, para crear en las riberas del Sena (Quai Branly) un museo de “Arte premier”.

 

Joaquín Galarza es un ejemplo de un antropólogo por vocación que ha sabido rescatar y defender el patrimonio de sus antepasados mexicanos, aprovechando los conocimientos de sus maestros, pilares de la etnología francesa de los años 60, a veces criticados por sus posiciones etnocéntricas y colonialistas; estudioso comprometido del patrimonio tangible (documentos pictográficos, que acreditan títulos de propiedad, que describen regiones geográficas o genealogías etc.) e intangible (sistemas de creencias, mitos de origen, que representan y sintetizan todo el pensamiento mesoamericano) que permitió y permitirá a las poblaciones del México actual reivindicar sus propias raíces.
 
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