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Un fin de año antes a la esperanza sexenal PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Alejandro Hernández López. Escritor y promotor cultural   
Saturday, 31 de December de 2005
  
Por las mañanas con el primer respirar, se respira. Se siente y se bebe. A veces se agota en los sueños, como volviéndose otra cosa. Y de repente, s e fue otro año, como es siempre, ni tiempo hubo para las confesiones íntimas en este 2005.

Y pensar que pensar en el futuro ha sido un cuestionamiento constante de las civilizaciones a través del tiempo, quizá una de las diferencias fundamentales en el avance de los pueblos y naciones es resultado de las distintas formas de vislumbrar el futuro.


Entendemos –entonces- por qué algunas sociedades han sido más capaces que otras para comprender que el futuro no es lo que irremediablemente sucederá, sino el producto de una decisión propia para imaginar y decidir con claridad como deseen que este sea y para establecer y realizar un plan para hacerlo realidad.

En este país cuyas esperanzas se encuentran a un año de distancia, para –como es siempre- resignarse en los seis siguientes. Ya todo inició su marcha, son como los tres reyes magos: él poseedor de un gallo imaginario. Beto regañado por la maestra que cambio su morral por una bolsa de mano. Y el otro, peor tantito: Felipillo y sus caprichos “copia” de observar al bigotudo y zoquete dueño de las botas de charol. Resulta difícil escribir una carta para el futuro, sobre todo por su mágica realidad.

Y ahora el mito se nos hace aquello que queremos saber, mientras la realidad, se nos presenta como algo que nos rebasa. Donde se imponen soluciones inoportunas a problemas complejos, la estadística oficial contabilizando el trabajo que cuesta encontrar trabajo. Nada es real, todo es de mentiritas.

Siento que es necesario entender que la fuerza y la soberanía política de una nación se fundan en el más alto bienestar de sus ciudadanos y en la eliminación de la miseria y el privilegio de unos cuantos…

Evidente que si continuamos únicamente mirando con estupor como el espiral de la crisis económica descobija a los más necesitados y sitúa en el mejor peldaño de la escalera social a las clases pudientes, esto no va a cambiar nunca. Seguiremos en el juego de usar el dinero de los pobres. Ya basta de la realidad.

La mirada en todos lados se topa con un desempleado. Atinado es decir que los frutos son de ahora, pero la semilla germinó años atrás. Es una lástima que no sea imprescindible para ellos el bienestar social. Me dan ganas de gritarles que eso es fallar a las responsabilidades y deberes, pero sólo son mis sueños.

Porque la realidad ahora intenta hacer de este -mi numerito de sueños- un estilo irónico e irreverente para provocar sonrisas negras. ¡Basta! grito a los payasos. Y a los funcionarios que todavía les quedan grandes los zapatos, a pesar de que son de payaso.

Es ridículo que la sociedad no tenga condiciones reales para emplearse lícitamente y bien renumerado y tampoco ilícitamente; nos faltan las pistolas y el traje del cinismo que caracteriza a un ratero, aunque corbata tenemos. Creo que es vergüenza ajena y daño lo que están causando estos payasos.

También pienso que nuestra sociedad, sin siquiera conocer, ha olvidado dos palabras: Tolerancia y Confianza.  El desarrollo y aplicación de ambas no se logra de la noche a la mañana, es algo que requiere tiempo y esfuerzos. Establecer la tolerancia supone el acceso a la educación.

La intolerancia suele tener sus raíces en la ignorancia y el temor: temor a lo desconocido, al "otro", a otras culturas, religiones y naciones. En cualquier caso, la tolerancia no puede desconectarse de la verdad, como si cualquier opinión, por el hecho de ser pronunciada o defendida haya de ser respetada.

Tiene que ser entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo que  es a todas luces un valor de enorme importancia.

El orden del caos que sentido tiene, en el sentido del tiempo. Es este un país surrealista, un país de mentiritas, el país donde todo es posible, donde sólo es necesario: “chingar porque atrás vienen chingando”. Que barbaridad de barbarie, cuanto nos regresamos en el reloj del mundo, para caer en el salvajismo.

Es preciso momento entonces para conservar y gozar de la libertad interior en todas las formas de nuestro ser, en nuestro pensamiento, en nuestro corazón y en nuestra palabra…

No es necesario seguir probando que se debe llorar porque las adversidades ajenas o las nuestras doblegan el bienestar. Lo necesario es aceptar como licito estar triste y llorar cuando se está alegre...

Algo importante en nuestras vidas es que seguimos avanzando en alguna dirección, incluso avanzar no siempre es para  adelante; no atesoramos lo que ya es seguro, aseguramos lo que es posible: un mundo mejor.

 
 
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