RokSlideshow - http://www.rocketwerx.com
Búsqueda personalizada

Facebook

Registro






¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí


Inicio arrow Número I arrow La gira Vertigo U2 en el Estadio Azteca
La gira Vertigo U2 en el Estadio Azteca PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Laura Haddad   
Tuesday, 18 de December de 2007
 México Distrito Federal
 I'm at place called Vertigo

 Para Mireya Tapia N.

Sin preámbulo alguno ni entrada espectacular, como ocurrió en las pasadas giras en las cuales también pisaron tierra mexicana; sin que ninguno de ellos portase un disfraz de boxeador o máscara antigas; sin se hallaran carros colgantes sobre el escenario o un impresionante juego de luces que iluminara sus figuras, alejados de toda parafernalia que los identificara como los integrantes de la banda más esperada por miles de mexicanos durante los últimos años y en medio de un casi ensordecedor grito generalizado del público, Adam Clayton, Larry Mullen Jr., The Edge y Bono arribaron al escenario del Estadio Azteca, donde minutos más tarde brindarían el segundo de los dos conciertos ofrecidos en la Ciudad de México, durante la gira “Vertigo Tour”, que actualmente realizan por diversos lugares del mundo.

Con las luces del estadio encendidas, las olas, los gritos de “iutú, iutú, iutú”, “México, México, México” y los cánticos de “ole, ole, ole…iutú, iutú” dieron paso a frenéticos gritos de aquellos quienes se encontraban más cerca de la parte trasera del monumental escenario instalado para la ocasión y que por ello pudieron apreciar que los ídolos roqueros estaban ya listos para iniciar el anhelado concierto; los gritos rápidamente fueron contagiados y se convirtieron en una señal para la “tribu” de que un suceso grandioso estaba a punto de suceder.

Bono saludaba desde lejos a semejanza de una reina de carnaval, Larry y The Edge conversaban entre sí y caminaban a paso lento, mientras Adam simplemente avanzaba seguro y sonriente por el pasillo que lo conduciría a él y sus compañeros a estar frente a más ochenta mil personas. El instante fue breve pero la euforia no, ella se prolongó durante casi tres horas, mismas en que los asistentes al evento cantaron, bailaron, brincaron, lloraron y disfrutaron las canciones hechas por los músicos nombrados.

Horas antes, afuera del llamado “Coloso de Santa Úrsula” todo era una romería.


La aventura inició para muchos desde meses anteriores, cuando –igual que en los últimos 3 años- durante los meses finales de 2005, comenzaron las especulaciones sobre la posible visita de la banda irlandesa más conocida en el mundo a tierra azteca: programas de radio lo aseguraban, mientras que los de televisión especializados en videomusicales y chismes del espectáculo se mostraban más tibios ante los rumores y prestaban su atención a hechos como la repentina muerte de la hija de Talina Fernández o la boda de su yerno con la cantante grupera Ana Bárbara, a la par y a través de la Internet, había quienes aseguraban conocer las fechas confirmadas y otros que juraban que todo era una mentira, casi igual a la existencia del “Chupacabras”. Para diciembre, todo era ya cierto, U2 vendría a México y con ello, millones de mexicanos tendrían como propósito de año nuevo hacer hasta lo imposible para conseguir un boleto de acceso a los conciertos programados.

Después de peripecias y hazañas realizadas para la adquisición de las entradas, una buena parte de los asistentes al segundo concierto de U2, al igual que el primero, llegó al Estadio Azteca, la fecha indicada, utilizando el medio de transporte más común en la capital mexicana, el metro. Provenientes de diversos puntos de la ciudad e inclusive el país, cientos de fans confluyeron en la estación de Metro Taxqueña, donde una valla de sujetos, quienes portaban un uniforme azul marino con inscripciones naranjas, orientaba a la masa que bajaba del vagón en turno a formarse en una fila especial para adquirir el boleto del tren ligero que llevaba al Azteca. Con alta voz en mano un hombre decía “Quienes vayan al concierto favor de formarse en esta fila. Les sugerimos comprar su boleto de regreso de una vez. El servicio de tren ligero será hasta las dos de la mañana”.

La serpiente de metal que transporta a Xochimilco, llevaba en sus entrañas a adolescentes, jóvenes veinteañeros y treintones , así como adultos ya pasados de los cuarentas. Ahí convivieron, entre empujones y en medio de un enrarecido aire, la chica fresa -quien después del concierto quería ir a bailar con sus compañeros al Bull dog y no se explicaba por qué el tren hacia paradas estando el semáforo en rojo, si era “como el metro”-, el tipo con aspecto de intelectual de izquierda quien aprovechaba los minutos del viaje para hacer una rápida lectura a un texto universitario, los oficinistas trajeados que en un rato de “respiro” aflojaron corbatas o liberaron cabelleras pulcramente recogidas y mujeres de todas las edades entusiasmadas porque en unas cuantas horas, estarían cerca del “buenote de Bono”. Al final del viaje y después de descender unos escalones fue posible observar la explanada principal del estadio cubierta por decenas de puestos, en los cuales se ofertaban cualquier tipo de souvenirs con las insignias de “U2, Vertigo Tour, Monterrey-México”.

Botones de a 10 pesos; tatuajes temporales hechos con henna o semejantes a una calcomanía de a 15 pesos; encendedores de a 20 pesos; tasas, bufandas, bandas para la frente, tequileros, placas para auto, dijes y llaveros de a 30 pesos; termos de a 65 pesos; gorras, sudaderas y playeras de a 100 pesos, así como chamarras desde 130 hasta 300 pesos, fueron algunos de los productos que los comerciantes vendían “como pan caliente” a la fanaticada. Hubo también quienes prometieron “la playera mágica de U2” con la cual “de volada consigues novia” o “se te quita el frío”.

Admirable fue atestiguar como la banda liderada por uno de los activistas más reconocidos que busca la condonación de la deuda mundial a los países más pobres, genera tanto derroche de dinero en la compra y venta de mercancías superfluas, pero que para sus seguidores son valoradas como cualquier presea.

Junto a los puestos de souvenirs se instalaron también los de comida que ofrecían desde pollos asados, hasta sopas Maruchan. Cerca, estaban quienes aún esperanzados esperaban que ocurriera “el milagro” de obtener un boleto de reventa para ingresar al evento, pese a la supuesta estricta vigilancia de las autoridades. Indiferentes a todo, algunos mostrando señales visibles de cansancio y otros cagando sobre el pavimento estaban los equinos de la policía montada capitalina, cargando la corpulencia de oficiales regordetes y de caras morenas, aguardando el orden.

Adentro del Azteca los lugares disponibles en las gradas del estadio poco a poco fueron ocupadas, igual que abajo en la cancha, con la diferencia de que quienes estaban en la última citada se sentaron en suelo y colocaron donde pudieron, lo más cerca posible del escenario.

La convivencia tribal inició con los gritos de “México, México, México”, y alcanzó su máximo clímax cuando después de varios intentos fallidos surgió la “ola” que recorrió en diversas ocasiones la “U” formada por los asistentes frente al escenario.

Botellas de agua, refrescos, vasos con cerveza, pizzas, frituras, cacahuates, palomitas y nugets de pollo desfilaban por las gradas, en manos de personas que apelaban al antojo para hacer gastar “una lana extra” a la concurrencia.
 

8:08 de la noche, hora de la coincidencia, las luces del Estadio Azteca fueron apagadas por primera vez, el jueves 16 de febrero, segundos más tarde y luego de gritos del público se escuchó una voz que dijo: “¿Cómo está escenario de México?...Somos las Maquinas Secretas”. Se trató del vocalista principal de “The Secrets Machines”, grupo telonero de U2, que actuó sin pena ni gloria y mostrando una deficiente ecualización de sonido.

Después de una hora, la banda telonera se despidió, aplausos fuertes se dejaron escuchar en respuesta posiblemente porque ello indicaba que U2 en pocos minutos comenzaría su show, y no porque “The Screts Machines” cautivara a los mexicanos quienes los escucharon.

 
Hubo expectación y “laaaaaaaaaaaaaargos” minutos de espera que causaron ansiedad en muchos hasta que gritos histéricos, escuchados cerca de las 21:30 horas, anunciaron que “los U2” estaban ya listos para su última actuación en México, después y por segunda ocasión, el alumbrado de la monumental edificación volvió a apagarse.


Miles de pequeñas luces provenientes de encendedores y pantallas de teléfonos celulares eran los destellos que iluminaban las gradas el Estadio Azteca, mientras el escenario se teñía de rojo debido al resplandor del impresionante juego de luces del mismo y provenientes de una espectacular pantallas colocada al fondo, “City of Blinding Lights”, sencillo que se desprende del álbum “How to dismantle an atomic bomb”, fue la primera rola de la noche. El coro improvisado de los mexicanos no pudo sonar mejor: “uuuh uuuh uuuh uuuuh” antecedían la frase cantada de “Oh you look so beatiful tonight” por Bono.

“¡Uno, dos, tres… catorce!” y la aritmética e idioma español valió madre por un momento durante el concierto para el vocalista de U2 y los miles de hispanoparlantes, quienes saben que en la lengua española y su numeración, después del número 3, continua el 4 y no el 14, pero esto poco importó, “la onda” fue realizar tal conteo siguiendo los designios del principal cantante de la noche.

 
A semejanza de una tabla gimnástica, miles de personas ubicadas sobre lo que originalmente es la cancha que ha atestiguado dos mundiales de fútbol bailaron remedando los movimientos de Paul Hewsto*, quien su vez con esto recordaba el video clip de la canción interpretada “Elevation”. Para quien escribe sólo le tocó preguntarse: “¿qué tiene este tipo para hacer que tanta gente lo siga y obedezca sin miramientitos?”. Las “órdenes” de quien fungió a la manera de un sacerdote, en la “ceremonia” que significó el concierto descrito se volvieron repetidas, desde pedir que las pantallas de los celulares fueran encendidas en medio de la penumbra del estadio, hasta que el público se volviera uno para luchar por sus derechos humanos y unirse a Admistía Internacional, a favor de los países más pobres del mundo.

Pero el adjetivo “arrogancia” no va con los integrantes de U2, la humildad sobre el escenario fue evidente, a pesar de los contoneos de Bono desfilando por el escenario, de la magistral ejecución de The Edge a la guitarra, logrando solos que como resultado enchinaban la piel de quienes los escuchaban, de la rara y enigmática personalidad de Adam Clayton, y del bello rostro y cuerpo de dios de Larry Mullen Jr. sobre una de las siete pantallas, que se “llevaban” por completo el encuadre y de quien está por demás decir que es el soporte rítmico de toda la banda con su “ponche” a la “bataca”: Haciendo una pausa en su actuación la voz principal de U2 pidió perdón a los mexicanos por haberse tardado tantos años en regresar.

“Until The End of The World”, “New Year's Day”, “I still haven't found What I am Looking For”, Beautiful Day”, “Stuck in a Moment”, “Sometimes you can't make It on your Own”, “Love an pace or else”, “Sunday bloody Sunday”, “Bullet the Blue Sky”, “Miss Sarajevo”, “Pride in the name of love”, “Where the streets have no name”, “One”, “Zoo Station”, “Mysterious Ways”, “With or Without You”, “Fast Cars”, “Original y “ 40” fueron las canciones que integraron el programa interpretado por los irlandeses.

 
Testigo fue la luna que vigilaba el evento colgada del cielo cuando Bono anunció a su público que al finalizar el tercer concierto de la gira que brindaron en tierras mexicanas, terminaban igual los motivos de su estancia en México, “te vas porque quieres cabrón, pero en mi casa te puedes quedar”, gritó en respuesta a la despedida, una eufórica chica.

Llantos, voces afónicas, cuerpos sudados, emociones encontradas, ilusiones, “buena vibra” y tal vez hasta la idea de que si se quiere, este mundo podría ser mejor, es lo que la visita de U2 dejó en México para sus fans.

La corredera por los pasillos del Estadio Azteca para salir de este, por parte de quienes horas antes se pedieron en el anonimato del público, anunció que la ceremonia había concluido. Cientos tuvieron que desfilar por la avenida de Tlalpan para llegar a sus hogares, otros más integrarse forzosamente a la caravana de autos que surgió, y hubo quienes también persiguieron desesperadamente los vagones del tren ligero y metro, así como unidades de microbús y camiones. Para unos más, la aventura no acabó ahí y hubo que dormir en las estaciones de los trasportes antes mencionados, todo bien valió la pena por pasar casi tres horas cerca de Bono, The Edge, Adam y Larry.

 
 
< Anterior   Siguiente >

Movimientos Sociales

Convocatorias

La Jornada

Noticias de hoy
Noticias de última hora del diario mexicano La Jornada
© 2012 Revista Digital Independiente Voz Universitaria
Joomla! is Free Software released under the GNU/GPL License.